Joan Manuel Serrat: brillante en el Maxi ante casi 1.900 personas, en un recital histórico para Olavarría | Infoeme
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Joan Manuel Serrat: brillante en el Maxi ante casi 1.900 personas, en un recital histórico para Olavarría

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Emilio Moriones - Marcelo Oliván / infoeme.com

Un público calmo pero visiblemente agradecido por la visita logró esta noche que Joan Manuel Serrat volviera cuatro veces al escenario del Maxigimnasio para darle el broche final al más importante recital de música popular de todos los tiempos en Olavarría. Un Serrat cuya clave fue el buen humor con el que bajó en el aeropuerto local a las 19:20, se tomó apenas dos horas para probar sonido, atender a la prensa (solamente concedió entrevistas a infoeme.com y a la FM90, que lo siguieron desde que piso suelo olavarriense), recibir los reconocimientos del Municipio, de la Universidad y del Club, y avanzar otras dos horas más, a piano y guitarra, sobre lo mejor de su repertorio.

Serrat, a medio show, le dijo "que no tengan que

pasar otros cuarenta a?os antes de volver a vernos"

El cantautor catalán hizo un show muy similar al que ya había mostrado en La Plata. Con ligeras variantes: aquí no cerró con “Aquellas peque?as cosas" sino con “Esos locos bajitos", la gente no respondía con grandes expresiones rítmicas ante las canciones más conocidas (como pasó en La Plata) y en cambio aquí en las últimas canciones era incontenible la marea de mujeres hacia el escenario, en un cierre menos formal pero más cercano al cantante.

Acompa?ado por el enorme pianista catalán Ricard Miralles, Serrat se sintió sólido para desgranar lo mejor de los 70 y los 80 (y algo de los 90 y lo que va de los 2000), en un repertorio que, como le dijo minutos antes del show a este Diario On Line “no sé si son las mejores canciones, pero sí son las mejores que funcionan como un cuerpo conjunto".

De hecho fue así. Desde “Menos tu vientre? (en una versión antológica, igual a la de La Plata pero que en la inmensidad negra del Maxi con pocas luces de escena ganó un terrible volumen en la frase “menos tu vientre... todo es oscuro...") hasta “Esos locos bajitos" escuchada de pie por un auditorio que ya había gozado del show y lo que más quería era cantar, terminar de emocionarse, reconocerse en ese catalán escuchado por décadas y nunca visto, aplaudir, sacarle fotos con el celular.

Serrat tuvo en términos generales el mismo desempe?o de la gira nacional que hizo escala de martes a viernes en el Teatro Argentino de La Plata y que este mismo domingo sigue en el Gran Rex porte?o: sonido intimista pero ánimo contundente, canciones de los 70 y de los 80 (“Lucía", “Aquellas peque?as cosas", “Cantares", “Fiesta", “De vez en cuando la vida", “Mediterráneo", “Para la libertad", “Penélope", “Lucía", “Disculpe el se?or", “No hago otra cosa que pensar en tí", “Hoy puede ser un gran día"), Algo de los 90 (“Me gusta todo de ti (Menos tú))", y poco de los 200 y en catalán “M?? (enorme versión, mejor que el original del CD), “Fugir de Tu" (Huir de tí mismo) y “Si hagués nascut dona" (Si hubiese nacido mujer), donde Serrat se sincera de modo descarnado con la condición de ser mujer en sociedades machistas.

De hecho, el recital funciona como un tren bien enlazado y difícil de detener. La puesta en escena es impecable. En el fondo del escenario, del piso al techo y de un lateral al otro, se extiende una enorme cruz de tela blanca, que se eleva y luego de cierne como un techo abovedado sobre Serrat y su pianista.

Sobre esta pantalla-crucifijo de fondo, bajaron las luces centrales del show, a veces de colores, a veces enorme nubes crepusculares, a veces cielos cristalinos, para un fondo cuando se necesitó un fondo fijo o de colores. Que eran, precisamente, los momentos cuando Serrat estaba quieto, porque cuando se movió, se fue o volvió para los bises con ovación, no hicieron falta decorados.

Serrat bajo el techo de colores en tela, dando todo hacia el auditorio,

custodiado solo por un sonido tenue y los matices cambiantes del fondo.

Antes el catalán había recibido los honores que le tenían reservado el Municipio, la Universidad y el lub. Helios Eseverri, Marcelo Spina y Oscar González, en ese orden, lo saludaron, y lo mismo hicieron sus comitivas, hasta que Serrat, luego de varias plaquetas reconoció el halago con un “me tenéis abrumado".

Antes el catalán había recibido los honores que le tenían reservado el Municipio, la Universidad y el lub. Helios Eseverri, Marcelo Spina y Oscar González, en ese orden, lo saludaron, y lo mismo hicieron sus comitivas, hasta que Serrat, luego de varias plaquetas reconoció el halago con un “me tenéis abrumado".

La dupla Serrat-Ricard Miralles es un tándem imparable. El pianista, que tiene un estilo único, es tal instrumentista que no puede ocultarlo y el único problema es que toca tan bien y de modo tan notable que, al no haber orquesta que lo contenga termina concentrando la atención del oído. Mucho más que la guitarra de Serrat, y a veces tanto como su voz.

De pie con la gente de pie. Serrat se fue ovacionado, lo cual era obvio.

La sorpresa es que comenzaron las negociaciones para que vuelva.

Serrat aprovechó en la noche del Maxigimnasio todas las posibilidades estéticas de los matices y de la modulación. Cantó alto (el final de “Mediterráneo" fue más jugado aquí que en La Plata) y bajo; tocó varios temas seguidos, paró, habló. Pero en los momentos donde se puso más intimista fue cuando monologó sobre temas banales (la mayonesa y la condición humana; o el tiempo que camina “a paso de hombre" en M?, el pueblo que eligió para pasar largas horas y componer) o fundamentales (cómo hubiera cambiado su vida si él, Serrat, nacía mujer).

El sonido, perfecto abajo y un poco escaso arriba. Es decir, exactamente igual que en los capítulos anteriores de la gira, donde siempre se escuchó con mejor volumen en la planta baja, y marcando la tendencia que ya usa su equipo: en un show intimista el sonido es leve, como si le faltara una raya o dos de potenciómetro, pero con claridad total en lo que da.

Las dos horas tuvieron un corolario impagable. La gente no se quiso ir hasta que Serrat no volviera al menos cuatro veces al escenario, mostrando que llegó a Olavarría con muchas ganas de tocar. Y se fue dejando la sensación, y el dato, de que puede volver pronto.

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