Sergio Santos Hernández, el “Oveja”, está de nuevo en Olavarría. Cincuenta horas después de dejar atrás Beijing, donde vivió -fuera de lo personal (“el matrimonio, los hijos”)- “la experiencia más fuerte de su vida”. Los Juegos Olímpicos, nada menos, dieron por finalizado su contrato como entrenador de la selección argentina de básquet. Ahora se abre un paréntesis, puede seguir o no, pero hay recuerdos que no va a olvidar.
Se reencontró con los suyos este martes en la ciudad que lo adoptó como un olavarriense más hace muchos años. Eran las 14:30 del martes y un centenar de personas lo recibieron en el cruce de 226 y la avenida Emiliozzi. Algo se imaginaba en el viaje desde Ezeiza, “porque el teléfono de Rulo (Méndez, quien manejó hasta Olavarría) no paraba de sonar”.
Amable, como siempre, saludó, primero a su mujer, después a “los chicos” y a muchos amigos. Enseguida se armó la caravana hasta la Municipalidad, donde lo esperaba José Eseverri y equipo para agasajarlo en el despacho.
Tras el reconocimiento del gobierno municipal que se le obsequió impreso en una placa, la situación dio para improvisar una breve conferencia.
“Todo esto me da un poco de pudor”, confesó el técnico.
“Hace muchos años que vivimos en Olavarría, al principio nos eligió Estudiantes, pero además de elegirla yo, la eligieron mis hijos. Vivimos en muchos lugares pero este es el lugar que sentimos que era nuestro”, continuó.
Sin preguntas aún, aseguró que “un Juego Olímpico es algo diferente a todo, ojalá pueda contar más gráficamente lo que es. Hay aprovecharlo, cualquier deportista que haya ido se merece una recepción así, es el esfuerzo del deporte en su máxima expresión, la representación de un país. Me da mucho placer”.
“Para resumir: fuera de lo personal (‘mi casamiento, los hijosÂ’), esta fue la experiencia más fuerte, la más linda que tuve en mi vida. Es única y por eso me siento casi en la obligación de compartirla con todos, sé que acá estamos en familia”.
-¿Pero vas a seguir en la selección?
-Estar en una selección argentina hace que se hablen muchas cosas, cuando se ganá unos es Dios y cuando se pierde, el demonio. Los argentinos somos así, tan exitistas que no nos perdonamos nada. Ahora va a ser el tema por unos días. Mi contrato part-time decía que yo era el entrenador de la selección argentina hasta el final de los Juegos, después cambió y se fue renovando torneo a torneo. En realidad la selección argentina hoy ya no tiene entrenador y los dirigentes de la CAB tendrán que tomar una decisión conmigo o con otro. Nunca dije que no seguiría, pero hoy ya no soy entrenador de la selección.
-Tampoco se perdió nada, todo lo contrario, se ganó el bronce.
-¡Qué se va a perder!, ahora lo valoro más. Este bronce no lo cambio por el oro, estoy orgulloso, a veces se llega al oro por otro camino, es difícil y para nosotros este bronce fue así. Lo que hizo Argentina contra Lituania fue la máxima expresión de deseo colectivo que vi en mi vida. Hubo dos minutos que pidió el entrenador lituano en los que no hablé, no tenía nada que decir. Cuando uno da lo máximo, así no llegue ni al bronce, es como ‘tu oroÂ’.
-Encima la preparación no fue fácil, pero esta “generación dorada” es única.
-La selección es muy diferente a un club, para entrenar tenés poco tiempo. El torneo en sí es el que sirve para tomar forma de equipo y la exigencia es enorme, con un torneo tremendamente difícil. Recién se ve la mano del entrenador sobre el final de la competencia y cuando las cosas van bien.
Es un privilegio, no me voy a cansar de decirlo. Con esta generación nos fue bien siempre, es el mejor equipo de la década, de hecho es el número uno del ranking sobre Estados Unidos por lo hecho en los últimos diez años. Le agradezco a la vida por permitirme estar ahí.
Fuera de libreto, Sergio aprovechó “para saludar a (el dirigente) Daniel Trapani, sé que la pelea hace tiempo... Tengo en mi bolso una credencial con su nombre porque tenía todo pago para seguir a la selección. Sé que siguió los Juegos desde donde pudo y que es uno de los tipos que más se alegró. Sin hacerlo demasiado emotivo, aprovecho para dejarle un abrazo a él y su familia”.
Y en una anécdota resumió una parte de lo que vivió en Beijing: “cuando terminó el partido (Andrés) Nocioni andaba dando vueltas por ahí, porque no para, es una pila. Se acercó y le dije ‘gracias, de ahora en más cada vez que te vea en mi vida te voy a decir graciasÂ’. No tenía necesidad de hacer semejante despliegue, impresionante. Todos son unos fenómenos, pero tengo la imagen de él robando la bola, yendo a volcarla y gritándole en la cara a los contrarios.
Para terminar, respondió sobre Rubén Wolkowisky, quien lo culpó de “priorizar mucho el negocio” cuando se vio virtualmente afuera de la delegación. El tema había quedado picando antes de los Juegos y ahora, más tranquilo, el “Oveja” habló.
“El Colo no va a lograr que yo no le tenga cariño. El forma parte de mi primer mejor momento deportivo profesional y humano, que fue acá en Estudiantes, después seguimos haciendo algunas cosas juntos y lo conozco: se le sale la cadena. No pasa nada, y además supongamos que lo piensa de verdad, está opinando sobre la gestión de un entrenador que lo dirigió y si es su opinión, que no creo, el tiempo dirá. No tengo ningún problema con él, siento mucho cariño”.
No más preguntas. Por ahora.
