Walter Minor - walterhistorias@gmail.com
EL VUELO DE LA GALERA
Vení... te voy a contar una historia. Es algo que, aunque parezca increíble, fue real. Es sobre dos hermanos mágicos y un auto que volaba… Sí, en serio. Le decían “la Galera” y volaba de verdad. Yo te lo aseguro, porque la ví en aquel campeonato argentino del 62, cuando pasó por arriba a todos los rivales.
¡Sabés como manejaba Dante!!... ¡por Dios!... Nunca vi a alguien que doblara las curvas así. Yo creo que el tipo caminaba encima de su propia huella en cada vuelta. Metódico, prolijito, un maestro… ¡Y algunos decían que no sabía manejar!!!
¡Y Torcuato!... ¡Magia!!! A él le dabas un pedazo de metal y te fabricaba el futuro. ¡Ah!!, ¿no me creés?... ¿Qué me decís si te cuento que el primer Ford que tuvo un motor con válvulas a la cabeza fue la cupecita de los gringos?
Cuando Henry Ford patentó esa joya, los de Olavarría ya hacía como dos años que lo habían inventado y hasta habían ganado carreras. Claro, el Yankee tenía como cuatrocientos ingenieros trabajando con él para lograr ese unidad motriz. ¡y tuvieron que ir hasta Olavarría para copiárselo a Torcuato y patentarlo!! El mago lo había hecho solo en un tallercito que era un rancho al lado de la lujosa empresa Ford.
¡Qué grande los Emiliozzi!! Te lo cuento y se me pone la piel de gallina. La Galera hacía temblar el piso. Siempre fue la más rápida desde que empezó a correr, ¿pero sabés que pasaba?, caminaba tan fuerte, que se le rompían “las suelas”. La fricción contra el suelo era tan intensa que no había carrera en que no se les desbandara uno o más neumáticos.
El otro problema fueron las bielas. No había caso, no soportaban tanto régimen de vueltas y se rompían, entonces los gringos abandonaban mucho y por estas causas no fueron campeones antes.
Así pelearon en desventaja, hasta que consiguieron unas cubiertas reforzadas que, según me contaron, tenían la misma dureza de las que usaban en la fórmula uno y entonces, ahí fue el fin de los Gálvez, que hasta ese entonces dominaban con facilidad a todos… Para colmo Torcuato le metió mano a las bielas y las reforzó de tal manera que ya no fueron un problema para que la galera llegara en casi todas las carreras…
Esto fue en 1962. Me acuerdo como si fuera hoy porque ese mismo año, los Emiliozzi lograron que la galera volara en todos los circuitos. Fue cuando empezaron a escribir la leyenda grande del TC.
Me acuerdo que ese año, los gringos no se presentaron en Villa Carlos Paz porque querían arrancar el calendario de locales, allá, en Olavarría, y si era ganando ante su gente, mucho mejor.
La cuestión es que estos dos grandes, no solo salieron airosos en su ciudad, sino que en la tercera vuelta, pararon dos veces a cambiar neumáticos ¡y ni así pudieron alcanzarlos!! Parecía que paraban el auto a propósito para ver si alguien se les acercaba.
Ganaron por un campo, y como si fuera una premonición, ese mismo día lograron los puntos necesarios para instalarse en el primer puesto del ranking y el número uno se mimetizó eternamente en el coche blanco y negro con la publicidad de Ford Armando.
En Pergamino largaron primeros, haciendo valer el flamante liderazgo y lograron la tercera colocación. Después vinieron dos carreras en las que debieron abandonar cuando peleaban por la punta. Parecía que otra vez la mala suerte se ensañaba con la veloz cupecita, porque las bielas volvieron a romperse.
Los gringos decidieron parar por dos meses para corregir los defectos, y en ese lapso de cuatro carreras sin pisar el acelerador, Torcuato hizo artesanías con el torno y fabricó sus propias bielas para La Galera para terminar de una vez por todas con el flagelo de las roturas. Mientras ellos laburaban de sol a sol, los demás seguían sumando puntos.
A mitad del año, llegaron a la conclusión de que habían dado demasiadas ventajas y reaparecen en Laboulaye. No anduvieron todo lo bien que pretendían, pero de la serranía se llevaron un tercer puesto interesante que les permitió arañar unos puntitos para el ranking.
Al mes siguiente aparecieron por Chacabuco. Yo estuve allá. Era la misma ciudad donde ganaron por primera vez en 1953 con la galerita vestida de rojo. Aquella vez fue una prueba para no ganadores, pero en ese año 62, la cosa cambió y se hizo abierta para todos.
Me acuerdo que ese día Pairetti era inalcanzable. Decí que por tratar de tomar mayor distancia con los gringos, no paró de acelerar y al llegar a Rojas se “tragó” una cuneta. El arrecifeño hizo pomada el radiador y los gringos que venían atrás se quedaron con la punta y no la largaron hasta la bandera a cuadros.
¡Pará que te cuento! La hinchada que los acompañaba a todas partes gritaba, saltaba, se emocionaba hasta las lágrimas y contagiaban a los que no éramos “de allá”… los gringos volvieron a ganar después de cuatro meses... ¡Una locura!!
Pero para ellos nada era fácil… Aunque a partir de esa carrera empecé a notar que la galera se despegaba del suelo, como te contaba antes, vinieron cuatro fechas en que se les escaparon triunfos que ya tenían en el bolsillo de forma insólita.
La primera vez fue en San Antonio de Areco. Habían peleado tres vueltas con Oscar Gálvez y Armando Ríos, hasta que se cortaron solos. Pero lo que pasó parece una broma de del destino.
Resulta que faltaban 59 kilómetros, y desde el avión de radio Mitre lanzan una información errónea, dándoles mas tiempo de ventaja que el que le llevaban a Ríos.
Las comunicaciones no eran tan eficientes como ahora, así que estos datos lo tomaron como ciertos los auxilios de los gringos y se lo pasan a Torcuato en el arito. Al ver que iban cómodos en la punta, Dante regula para cuidar el auto y llega relajado a la meta, sin sospechar que su rival, con la información correcta, viene fondeando el auto.
La cuestión es que perdieron esa carrera por sólo un segundo.
¡No te imaginás la bronca que tenía Torcuato!!... Desde ese día, les prohibió terminantemente a su equipo volver a escuchar transmisiones por esa emisora …
Después vino la carrera en Rosario. También iban ganando fácil, pero a poco más de 100 kilómetros de la llegada se les pincha una rueda. Cuando la terminan de cambiar los supera Oscar Gálvez y salen a buscarlo con el pedal a fondo.
Lo insólito sucedió 20 kilómetros mas adelante, porque ahí recién se dieron cuenta de que fueron dos los neumáticos que tenían pinchados.
Otra vez se les escabullía un triunfo seguro que les hacía perder puntos muy valiosos y dinero en efectivo. Igualmente se clasificaron terceros, detrás de los Gálvez, pero no era lo mismo.
En la vuelta de Junín, de entrada fue un pájaro que se estrelló contra el parabrisas y lo astilló. ¡Justo del lado de Dante!!! Por este motivo tuvieron que ir más despacio y lavar el vidrio con agua para limpiar la sangre que entorpecía la visual.
Esos minutos que perdieron los aprovechó muy bien Armando Ríos para llegar primero a la neutralización…
Pero eso no es todo. Cuando se reanuda la carrera y entraban en la última vuelta, se les rompe el aparato que regulaba el magneto y entonces la galera baja las revoluciones.
Aunque se quedaron sin elementos para pretender el triunfo, igual terminan segundos.
La siguiente del calendario se hizo en Rufino, en Santa Fe. Hacía pocos días que había empezado la primavera. Pero la primavera climática, porque en lo que respecta a la de la suerte, para los gringos no florecía.
Otra vez una pinchadura los priva del triunfo y terminan segundos. Pero sabés cuál era el dato interesante; que a pesar de la mala racha, la galera no se rompía, y además sumaba puntos importantes. Como en Tres Arroyos, donde se llevaron el tercer puesto.
Parecía que la “mufa” era interminable. Por eso cuando en octubre fueron a la competencia de Rojas nadie arriesgaba un pronóstico a favor de los más veloces. Pero ese día todo cambió y volvió la alegría. Hasta el clima fue distinto al de las carreras anteriores, porque esa vez hubo un sol brillante que calentó la mañanita…
Hubo que pellizcarse para comprobar que era cierto que los gringos no habían tenido ningún problema… es más, esta vez la suerte estuvo de su lado, porque Saigós, que los venía apurando, rompió el motor en la última vuelta y ellos ganaron fácil.
Después vinieron las 500 millas de Mercedes y otra vez la galera con los laureles de un primer puesto a 187 de promedio. Estaba visto que si no había percances, a los gringos no había con que detenerlos.
Parecía que este si era el año esperado, porque cuando fueron a Tandil ya tenían buena cantidad de puntos acumulados y la galera no se había roto más desde que reaparecieron en Laboulaye con las bielas que hizo Torcuato. Nada menos que nueve carreras consecutivas llegando entre los tres primeros….
En Tandil todo se presentaba perfecto, menos el estado del tiempo. La llovizna era constante y molesta. Por suerte el circuito era todo pavimentado y ese fue un problema resuelto. Largaron y la primera vuelta la gana Eduardo Casá. Los Emiliozzi no vienen despacio, pero si manejando con mucho cuidado, ya que el piso está muy mojado.
A partir de la segunda vuelta la carrera es de ellos. Pairetti se va acercando porque Dante lo deja, pero cuando entran en la última vuelta, te juro que la galera tronó y apenas tocaba el piso. Los gringos hundieron el acelerador y Pairetti los empezó a ver cada vez más chiquito allá al fondo. ¡Se escaparon de 14 segundos a tres minutos en una sola vuelta!!!… ¿Entendés por qué te digo que los gringos volaban?
Ya eran casi campeones cuando llegó el Gran Premio que otorgaba muchos puntos.
Para perder todo lo que habían juntado, Armando Ríos debía ganar y ellos no sumar nada. Era casi un imposible, pero carreras son carreras y esta, que era la número 100 en la trayectoria de los Emiliozzi, era la más importante de todas…
La primera de las cuatro etapas se corría desde Mercedes hasta Neuquén.
Arrancan y la lucha se hace brutal entre Armando Ríos y los Emiliozzi. Ríos toma la punta en el primer control a una velocidad infernal y los gringos responden luego con algo nunca visto hasta ese momento ¡ 210 kilómetros de promedio en 9 de Julio!!!... Te lo cuento y me emociono, se me hace un nudo en la garganta… ¡la galera andaba en el aire como un avión !!!....
No había forma de agarrarlos a los gringos si no sucedía lo que sucedió…
Una lluvia torrencial se desató justo cuando entraban en el camino de tierra y la zona se puso muy barrosa, entonces cuando estaban llegando a Lihuel Calel, el auto se desliza y vuelca por última vez en toda su trayectoria.
La galera quedó herida, muy golpeada, pero pudo terminar la etapa en Neuquén en el décimo puesto.
Tenía muchos abollones y otras averías que los Emiliozzi corrigieron en un taller de la zona, pero habían quedado secuelas que disminuyeron la velocidad.
Inician la etapa entre Neuquén y Esquel y aún en inferioridad de condiciones, los gringos marchaban cuartos cuando deben abandonar en inmediaciones de Tacuifi.
A partir de ese momento solo quedaba esperar a que Armando Ríos no ganara el Gran Premio. Todo quedaba en manos de un destino que, por suerte, esta vez les fue favorable, porque en la tercera etapa, Ríos golpea el tren delantero contra una piedra y debe abandonar.
Mientras esto pasaba, los gringos volvían para Olavarría junto con los auxilios y los hinchas que los acompañaban. Iban escuchando la radio pero la recepción era muy mala en el medio del campo, así que poco antes de llegar a San Antonio Oeste, se bajaron para oír mejor y se enteraron del abandono de su único rival.
Cuentan que la alegría se hizo saltos, gritos, abrazos y que el campo perdió su calma habitual con la coronación de los Emiliozzi.
Sabés… me contaron también que en la primera hostería que encontraron se pusieron a festejar comiendo un chivito y que después de ahí siguieron viaje hasta Olavarría, dónde toda una ciudad fue a recibirlos. Ellos eran los primeros héroes deportivos de aquel lugar, que fue conocido gracias a las hazañas de ellos….
Los gringos también dieron cátedra en los campeonatos del 63, 64 y 65… Tanto, que los mismos empresarios de la Ford les pidieron que dejaran de correr con la galera porque los coches mas modernos que se fabricaban no podían superarla…
Esa cupecita que ahora ves pasear como un recuerdo de rojo y azul, es el auto más ganador del mundo, el primero en usar un motor Ford con válvulas a la cabeza.. Tampoco me olvido que fue el primero en romper la barrera de los 200 kilómetros…
Pero sabés una cosa, lo que nadie te dice es que la galera volaba, ¡pero volaba en serio!!... se alzaba en el aire, se despegaba del piso. Si hasta los mismísimos aviones tenían problemas para seguirla cuando se aceleraba…
Si, si. No estoy loco. Te digo que volaba porque la vi. Era única... La armaron los Emiliozzi, pero parecía hecha en otro planeta.
WALTER MINOR
