La Galera, a toda marcha

Por Redacción

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Walter Minor / Especial para Infoeme
Walterhistorias@gmail.com

Los Emiliozzi ya habían ganado tres etapas. El andar de La Galera era irresistible y la mecánica de los gringos, de otro planeta. Quienes le discutían la corona no aparecían y tras ganar la cuarta etapa y abandonar Cupeiro, el título de campeón argentino viajo nuevamente a Olavarría, esta vez acompañado del record de etapas ganadas.

La alegría era total.

En la quinta etapa La Galera se apuna, baja el rendimiento y esto le permite a “El Tractor” de Casá quedar delante de los Emiliozzi en la etapa, pero a mucha distancia en la general.

El amigo Jorge Briozzo ya no cabía en su propia emoción y aunque sus ídolos quedaban inamovibles en lo más alto del ranking anual, el soñaba con la formula ideal: campeonato y victoria en el Gran Premio.

Sólo faltaba el último paso, pero antes, el relato de cómo se llegó hasta esa instancia en la palabra escrita con el corazón en rojo y azul de este fanático incondicional de los Emiliozzi.

Un hincha completamente fanático vuelve a “tocar” aquella incompleta sinfonía

jlbriozzo@hotmail.com

CUARTA ETAPA – 813 km
Había que ir de La Rioja a Santiago del Estero, pero no precisamente por caminos fáciles ni horizontales: se subiría de los 500 mts. de altura sobre el nivel del mar en la largada, a 1.000 mts en los primeros 24 km.
Luego de 48 km más se llegaría a casi 1.400 mts. para descender a 800 mts. en Aimogasta, cuando recién se acumularan 120 km de la etapa.

En Hualfín (375 km) habría que subir a casi 1.900 mts para luego, una vez recorridos 500 km de la etapa, llegar a poco más de 3.000 mts de altura.

Después de 68 km más, otra vez se descendería hasta algo menos de 2.000 mts. Finalmente, se recorrerían 60 km de cornisa para seguir bajando hasta San Miguel de Tucumán (436 mts).

Luego de neutralizar allí, se llegaba a Santiago del Estero en un nivel de sólo 187 mts. de altura y ya con los 813 km cumplidos. Una “montaña rusa” veloz, pintoresca y también peligrosa.

La etapa se largó a la hora 6.00; una vez corridos 72 km y ya sobre alturas importantes, se destacaba Rodolfo de Álzaga y su Falcon. Punteaba con 40 segundos sobre Cupeiro; mientras que Dante Emiliozzi, tranquilo, venía 7º a menos de 2 minutos y medio de la punta y con Casá 10 segundos detrás de él.

Ya en Aimogasta aparece Löeffel, otra vez en forma casi brutal y buscando, según mi opinión, llevarse al menos una etapa y salvar algo de su participación en el Gran Premio. Había largado en el puesto 27 y hasta aquí lograba estar 20º en el camino, pero punteaba la etapa por tiempo con apenas 5 segundos sobre Álzaga y venía luego Manzano a 40 de Löeffel.

Dante seguía 7º con un plan evidentemente prudente respecto de la etapa pero manteniendo su diferencia con Löeffel y siempre por delante de Casá que, aunque andaba cerca de la punta, debía manejar un auto no del todo reparado por el tumbo sufrido finalizando la etapa anterior.

Se notaba que los Emiliozzi en la etapa andaban al ritmo de sus rivales más próximos de la clasificación general y hasta más rápido, aunque no tuvieran que hacerlo necesariamente.

A 211 km de la largada punteaba Álzaga; Hugo Gimeno avanzaba bien y quedaba a 1 minuto y medio; Los Hermanos estaban en 5º lugar a 4 minutos y medio; con Casá, Löeffel y Cupeiro detrás de ellos, lo que les daba una cierta tranquilidad.

Por Londres (301 km) es Gimeno quien manda con Álzaga apenas a 15 segundos; Löeffel repuntaba y estaba a poco más de tres minutos mientras que La Galera seguía firme y tranquila en sexto lugar a 7 minutos y medio; teniendo controlado a Casá 5 minutos por detrás de ella. O sea que en la clasificación general Gimeno descontaba algo, pero seguía segundo a media hora de Dante Emiliozzi.

La dureza del trayecto se muestra claramente en el promedio que, hasta aquí, era de 98 km/h. Se manifestaban más adelante problemas de frenos para Bordeu y de tren delantero para Cupeiro, que se excedió doblando en una bajada pegándole a la pared de piedra, lo cual selló su futuro, ya que no podría luego llegar en término reglamentario a Santiago del Estero. Álzaga, que se había lucido en esta etapa, también desertaría por rotura del motor Falcon.

Gimeno se escapó un poco más pero debió detenerse en San José (476 km) al haber ignorado un peligroso badén por el cual, según sus palabras “el auto se partió en dos”. Por eso José Manzano, que desde la largada anduvo cerca de la punta, pasó al frente con 2 minutos sobre Löeffel y 11 sobre los Emiliozzi, que venían sufriendo en el F-100 la lógica falta de oxígeno de las altas trepadas.

Pero poco duró Manzano en punta porque rompió la caja de velocidades, se detuvo a cambiarla y dejó primera en el camino a La Galera; aunque por tiempo en Amaicha del Valle (512 km) estaba Löeffel, que andaba a fondo y tomando excesivos riesgos (físicos y mecánicos). Dante lo seguía, a poco más de 10 minutos y corría con algo más de tranquilidad por la detención de Gimeno quien, con la hora que había perdido reparando precariamente, también cedía su segundo puesto en la general; lo heredaba Casá y a más de 53 minutos de la Galera.

Löeffel pagó muy caro su estilo de manejo y su planteo del “todo o nada”. Y no sólo por eso; también quiso ganar la 5º etapa por “toda la diferencia posible” y quedó en “nada” porque su auto no aguantó más y el Gran Premio perdía otro piloto de punta.

Luego de los 60 km finales de camino de cornisa se llegó a la neutralización en Tucumán con Los Emiliozzi en punta, tanto en el camino como por tiempo y a sólo 87 km/h de promedio; le ganaban a Viale del Carril y su Falcon por 2 minutos, mientras que Casá venía tercero a 3 minutos.

Los 150 km entre Tucumán y Santiago del Estero, permitieron a Dante mantener el control de la etapa y elevar a 97 km/h el promedio; realmente insólito para la lista de triunfos que coleccionó La Galera en su campaña. Ganó la 4º etapa con 8 minutos sobre Casá y casi 11 sobre Viale del Carril, dejándonos a sus hinchas exultantes y a sus detractores otra vez en silencio.

En definitiva llegaron sólo 26 corredores; la cuarta parte de los que iniciaron el Gran Premio.

Y faltaban 1.919 km !!

La Clasificación General nos mostraba que Dante Emiliozzi ganaba por casi 53 minutos sobre Eduardo Casá; el tercero era Hugo Gimeno, a 1 hora y 36 minutos de Dante!!. El 26º y último estaba 10 horas detrás de Los Emiliozzi…

Por si lo anterior fuera poco, ocurrían simultáneamente dos hechos históricos: con el abandono de Cupeiro el campeonato de TC se quedaba una vez más en Olavarría y fue el cuarto consecutivo, igualando lo que sólo Juan Gálvez había logrado hasta entonces.

Y por primera vez alguien ganaba cuatro etapas de un Gran Premio en forma consecutiva.


Me encontraba en el mejor de los mundos; a esta altura me parecía que ya nadie les podría plantear lucha en la general y que el triunfo final sólo dependía de Dante, Tito y su Galera.

Además, me sorprendía (y me sorprende hoy) cómo después de otra durísima etapa que tuvo algunas lluvias, niebla, algo de barro, subidas y bajadas peligrosas con radios de curva mínimos, etc.; varios de los corredores más jóvenes y sus correspondientes autos resistían menos que Los Emiliozzi, cuyas dos edades sumadas totalizaban más de 103 años… y se quejaban más de las dificultades geográficas y climáticas.

Yo tenía y conservo para siempre algunas explicaciones de esta paradoja: humildad; constancia; concentración; preparación; ritmo; disciplina; conocimiento y estrategia. Además, también aprendía y crecía con ellas.
QUINTA ETAPA – 877 km

Con 3.000 km ya recorridos Dante Emiliozzi arrancaba entonces la 5º etapa con 53 minutos sobre Casá y 1 hora 36 minutos sobre Gimeno. Esto me hacía pensar que, si La Galera no paraba por algo irremediable, solamente había que cuidarse de Casá quien, si había terminado de reparar su “Tractor”, todavía podía intentar un descuento importante en esta 5º etapa.

Esa intención ya la había mostrado en la 3º etapa hasta el accidente que lo retrasó. Y de lograr en esta etapa descontar un tiempo importante, quizá también lo intentara luego en la última. Yo presentía que, en condiciones normales, esta 5º etapa definiría y en la 6º y última al menos los dos primeros mantendrían lo conseguido queriendo por sobre todo llegar.



La 5º etapa tendría un recorrido que también ofrecía todo tipo de dificultades ya que además de algunos tramos de buen pavimento, había mucho ripio, curvas muy cerradas, la Cuesta del Portezuelo, pozos y badenes de tamaños diversos, altas temperaturas, etc.

Hugo Gimeno y su Dodge volvieron a ser protagonistas y esta vez desde el arranque mismo de la etapa; en Bañado de Ovanta (121 km) lo seguían Bordeu y su “Coloradita”, que buscaba redondear una actuación a la altura de sus antecedentes; Emiliozzi, Mantinián y Casá. Y destaco aquí a Manuel Mantinián, un corredor especialista en estos Grandes Premios.

Y los cinco corrían encerrados en sólo 2 minutos, promediando hasta allí unos 160 km/h. Poco más adelante las lluvias provocaban una agradable temperatura ambiente pero también tenderían una trampa ya que aguas desbordadas atravesaban imprevistamente la ruta.

Dante, abriendo el camino, fue el primero en cruzar uno de estos improvisados arroyos y se comenta que lo hizo en forma espectacular levantando una ola de agua que superó la altura de La Galera; Casá y Gimeno lo hicieron mucho más más despacio. Y La Galera, muy mojada, no se detenía ni extrañaba el pavimento llano y veloz.

Y tanto era así que en La Cocha (180 km) y por 15 segundos de diferencia, se dio el gusto de tomar la punta también por tiempo. Y téngase en cuenta que la lógica lo indicaba innecesario, teniendo la más segura alternativa de adecuar su ritmo según cómo anden sus rivales directos.

Pero también es cierto que las diferencias eran mínimas: Emiliozzi 1º, a un promedio de 150 km/h, Bordeu, Casá, Gimeno y Manzano en los relojes estaban encerrados en sólo 1 minuto 9 segundos con respecto a Dante!!

Al paso por Concepción (230 km) Bordeu comandaba en los tiempos (ya venía 8º en el camino luego de largar 21º) llevándole sólo 10 segundos a Dante; 38 segundos a Casá; 1 minuto a Gimeno y 1 minuto 42 segundos a José Manzano; todo esto luego de 1 hora y media de etapa. Que, como se ve, ya era apasionante en sí misma y no necesitaba de alternativas en la clasificación general para serlo.

Se venía la Cuesta del Clavillo con trepadas importantes; Bordeu seguía de largo en una curva; Casá y el mendocino Manzano apuraban; es así que, por Aconquija (302 km), Casá pasaba puntero por tiempo y promediando poco menos de 150 km/h; Manzano, Gimeno, Bordeu y Emiliozzi lo seguían encerrados en 1 minuto y 40 segundos. Pero de aquí en más Casá comenzó su escapada.

Haciendo cuentas con datos de los pasos oficiales informados me encuentro que, para los 10 km siguientes, ascenso de El Pucará, los punteros tardaron entre 34 y 39 minutos, lo cual me da promedios de aproximadamente 18 km/h !!. Y en parte esto se debió a la necesidad de doblar algunas curvas muy cerradas en al menos dos maniobras; con marcha atrás incluida; penando, además, por falta de oxígeno en pulmones y motores.

También por eso el promedio de la etapa cayó rápidamente a 116 km/h mientras Casá, Manzano, Bordeu, Emiliozzi y Gimeno trepaban encerrados en un lapso de sólo 4 minutos. Siguieron las dificultades al transitar un camino tan tortuoso como bellos son sus paisajes y lo confirman los 50 minutos que tardaron para recorrer los siguientes 50 km (o sea a 60 km/h).

Ya llegando a Singuil (363 km) se retrasaba Gimeno; Bordeu era 5º en el camino. Casá iba ganando la etapa por 45 segundos a Manzano, Bordeu estaba a 2 minutos y medio.

Dante corría cuarto a 7 minutos, con el apunamiento de su F-100 por la baja presión ambiente y la falta de oxígeno en aquellas alturas. El promedio de la etapa caía más: ahora era 105 km/h.

En La Puerta (410 km), Manzano mandaba sobre Casá por 1 minuto y medio, tercero Bordeu a 4 minutos y cuarto Dante Emiliozzi a 9 minutos y medio (es decir, a 8 minutos de Casá).

Me quedaba claro que Dante, Torcuato y su Escudería tenían bien controlada la clasificación general, en la cual todavía llevaban 45 minutos a Casá y 1 hora 43 minutos a Manzano !!, que conquistaba aquí el tercer puesto. El promedio del día estaba en 100 km/h y no paraba de caer debido a las dificultades del camino.

Faltaba aún la Cuesta del Portezuelo!. Y utilizando una vez más las matemáticas, descubro que para “correr” los 69 km entre La Puerta y El Portezuelo (479 km), los punteros anduvieron a un promedio menor de 60 km/h.

José Manzano en gran forma iba ganando la etapa a 95 km/h de promedio luego de 5 hs y cuarto de marcha; lo seguía Casá a sólo 13 segundos !!!, tercero Bordeu a 8 minutos y medio. Los Emiliozzi a casi 14 minutos, continuaban sufriendo pérdidas de potencia en el F-100 por la altura pero se mantenían tranquilos en la general ya que podían ceder varios minutos a Casá sin ver peligrar su liderazgo; por Manzano y Bordeu no debían preocuparse.

Más adelante, Juan Manuel Bordeu perdería 15 minutos más; ahora detenido por problemas eléctricos e iba comprendiendo de a poco que ya no podía aspirar a una buena actuación en esta etapa y mucho menos pretender algo importante en la clasificación general. José Manzano, como buen mendocino, continuó a gusto en caminos que se le presentaban familiares y además, contaba con un excelente auto; ahora se lucía bajando El Portezuelo.

Y más adelante, al paso por San Antonio de La Paz (583 km) se podía calcular que, para los 104 km desde El Portezuelo hasta allí, Manzano había empleado 1 hora 18 minutos (promedio: 80 km/h) con lo cual el promedio de la etapa bajaba a 92 km/h. Le iba ganando la etapa a Casá por 9 minutos !!, mientras que terceros venían nuestros hombres de Olavarría a 18 minutos de Manzano y 9 de Casá, a quien entonces habían recortado 5 minutos desde el paso anterior.

Manzano terminó rompiendo una cubierta con el fuerte ritmo que llevaba pero continuó enseguida; Bordeu volvería a parar, esta vez para cambiar bujías. En el ripio algo poceado, que ahora venía, La Galera volvió a volar, ya con sus cilindros más oxigenados, su famosa estabilidad y alineación y el manejo de Dante, que también se destacaba mucho en ese piso.

José Manzano rompería otra cubierta, por lo cual Casá retomaba la punta en la etapa y por San José (716 km) supera por 1 minuto a Manzano, que allí debía parar para pedir aceite al por mayor. El promedio de la etapa subía a poco menos de 98 km/h.

Se llegó a Capilla del Monte; final de la etapa; con Casá ganador sobre Emiliozzi por 10 minutos y medio; tercero pudo arribar Manzano, a más de 27 minutos de Casá. El promedio subió a 105 km/h gracias a que en la última hora se pudo andar a 160 km/h por caminos menos tortuosos.

El Campeonato ya no era preocupación desde la etapa anterior; Dante Emiliozzi corrió otra etapa agotadora en forma impecable y seguía a su ritmo; a partir de ahora más que nunca.

En la General con 5 etapas cumplidas, le llevaba 42 minutos al segundo Casá; Viale del Carril y Manzano discutían el tercer puesto encerrados en 3 minutos, pero a más de 2 horas de Dante. Estaba claro que el triunfo final sólo dependería de Los Hermanos y el auto; aún a ritmo moderado en la última etapa; porque Casá no parecía poder discutirles la punta.

Yo sólo pedía que la Galera aguantara también en la sexta etapa. Al respecto debo reconocer que hasta la 5º etapa me había ido muy bien con estos pedidos y estaba casi acostumbrado… aunque todavía era reciente el triste recuerdo del gran piloto Carlos Menditeguy cuando en 1963 abandonó el Gran Premio ganando, cuando le faltaban sólo 15 km para terminar.

Pero contra eso yo diferenciaba, para darme ánimo, reflexionando que “Charlie” Menditeguy no llevaba en ese momento la ventaja en minutos, ni la preparación ni la prolijidad mecánica que tenían en este Gran Premio los Olavarrienses. Y me sentía más aliviado.

Con lo sufrido por los corredores en las etapas 3ª, 4º y 5º me resultaba difícil imaginar algo peor en la última. Aunque lo que no me gustaba para nada era su extensión y además, lo peligrosa que aparecía para los motores por las características veloces de algunos largos tramos finales.

Finalizada la 5ª etapa se comentó que apenas Dante y Torcuato llegaron al Parque Cerrado de Capilla del Monte notaron las dos cubiertas traseras bajas y una pérdida de nafta en el tanque.

Y enterada de esto la ilusión también se alimentaba, reflexionando que si hasta un hecho así les ocurría en circunstancias favorables ¿por qué no pensar con fe en el lógico y esperado triunfo final?