Daniel Lovano / Infoeme.com.ar
Al primer Huracán le faltaba la “Hâ€, pero su germen ni siquiera se llamaba Huracán. El 25 de mayo de 1903 a la altura del 859 de la calle Ventana, frente a la casa de Tomás Jeansalle, nacía en plena Nueva Pompeya uno de los clubes más importantes en la historia del fútbol argentino y mundial.
Américo Stefanini, alumno del Colegio Luppi, fue el mentor de un club de fútbol cuyo primer nombre fue algo así como “Verde esperanza y no pierde†o “Verde esperanza y nunca pierdeâ€. La falta de recursos llevó hasta el nombre que en el siglo posterior le dieron brillo varios de los cracks más importantes que hayan pisado por estas latitudes.
El relato oficial sostiene que aquellos jóvenes se dirigieron hasta la librería del barrio, ubicada en la esquina de Avenida Sáenz y Esquiú, para encargar un sello de goma, pero los dos pesos con cincuenta que llevaban en sus bolsillo no alcanzaban para tantas letras.
El librero, de apellido Richino, sugirió un nombre más corto y lo consiguieron en un aviso comercial que decía “El Huracánâ€. El primer sello decía “Club El Uracán - Calle Ventana 859â€. La “H†se había extraviado en el origen italiano del librero.
Tiempo después, quedó constancia en un libro de actas, con fecha 12 de noviembre de 1908, el siguiente texto: “Fúndase en Buenos Aires con fecha 25 de mayo de 1903 el Club Atlético Huracán y reorganizado el 1 de noviembre de 1908, con el fin de fomentar el juego atlético, especialmente el footballâ€.
No tardó en quedar ligado a su historia el primer hombre ilustre: el ingeniero Jorge Newbery. En diciembre de 1909 sobre un globo aerostático Newbery emprendió una travesía apasionante, desde el barrio de Belgrano, en Buenos Aires, hasta la ciudad brasileña de Bagé.
El episodio, que conmovió a la sociedad argentina de aquella época, fue la inspiración para el escudo del club y de tantos “Huracanes†que se han diseminado por el deporte nacional.
La autorización de Newbery llegó en febrero de 1911, en una carta dirigida al presidente del club, don José Laguna. En mayo la comisión directiva lo designó socio honorario y luego lo convirtió en el primer presidente honorario.
Cuando el club alcanzó la categoría más alta del fútbol argentino (1914), se le envió un telegrama que decía: “Hemos cumplido; el Club Atlético Huracán, sin interrupción, conquistó tres categorías, ascendiendo a primera división, como el globo que cruzó tres repúblicasâ€.
Punto de partida para otra historia, atiborrada de equipos memorables, cracks inolvidables que lo llevaron a ser considerado hasta mediados de los 80 como uno de los seis grandes del fútbol argentino.
Fue una distinción que se ganó con los títulos ganadores en 1922, 1823, 1925 y 1928, durante la era amateur. Don Guillermo Stábile, goleador de la primera Copa del Mundo en Uruguay, emergió como la primera gran figura que proyectó Huracán hacia el fútbol del mundo.
Luego la vistieron varios de los mejores futbolistas argentinos de todos los tiempos: Herminio Masantonio, Adolfo Pedernera, Alfredo Distéfano, “Tucho†Méndez.
Una de sus glorias, Cesareo Onzari, dio sentido a la expresión “gol olímpico†con un tanto marcado en forma directa desde un córner durante un amistoso jugado por la Argentina y Uruguay (que venía de ganar los Juegos de Colombes) el 2 de octubre de 1924.
A principios de los 70 Huracán fue la semilla donde germinaría el primer título del mundo logrado por la Argentina en 1978. Fue desde aquel grandioso equipo moldeado por el “Flaco†César Luis Menotti.
Los once aún hoy salen de memoria, pero varios de ellos merecen ser incluidos en una nómina con los célebres cracks del globito, sobre todo de la mitad de la cancha hacia delante: Brindisi, Fatiga Russo, Babington, Aballay y Larrosa.
La omisión es intencionada. En el sexteto falta René Orlando Houseman, el antecesor inmediato de los dos genios que ha dado esta tierra: Diego Armando Maradona y Lionel Andrés Messi.
En aquellos años, un quemero ilustre se ganaba casi con la misma frecuencia las portadas de las revistas deportivas y del corazón: Oscar “Ringo†Bonavena.
El descenso de 1986, en la cancha de Vélez (tras una dramática definición por penales con Sportivo Italiano), supuso un quiebre en la vida de Huracán. Luego del retorno a Primera División en la temporada 89/90, un subcampeonato en 1994, los malos manejos políticos y administrativos lo condenaron a otros tres descensos: 1999, 2003 y 2011, en aquel sismo que fue para el fútbol argentino la perdida de categoría simultánea del globo, Gimnasia y Esgrima La Plata y River Plate.
No obstante, Huracán siguió elevando al firmamento del fútbol mundial a otros cracks, como el Turco Mohamend, “Lucho†González, Daniel Montenegro, y el “Flaco†Pastore, emblema del último equipo argentino capaz de emocionar a los hinchas de todos los clubes: “Los ángeles de Cappa†de 2009.
