“En la actualidad el número es variable, en total somos 20, en general somos 10 o 12 o en algunos encuentros 15, es intermitente como la problemática” así habló Florencia Llorente coordinadora del grupo “Madres en movimiento” que se reúne todas las semanas para acompañarse en una tarea que las hermana, acompañar a personas con consumos problemáticos.
“El nombre ‘Madres en movimiento’ queda porque la mayoría son madres y a partir de la demanda decidimos armar encuentros semanales y le dimos un encuadre literario”, explicó.
El espacio funciona bajo el abrigo del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) en General Paz al 3100. En el barrio Nicolás Avellaneda también se formó otro espacio de contención, en calle 18 3595, donde se trabaja a partir de un equipo interdisciplinario. Está abierto de 8 a 16 y se ofrece desayuno, almuerzo, merienda y ducha comunitaria.
Según contó Florencia, integra la psicología social y la literatura para trabajar junto a estas mujeres que llegan cada vez con una pesada mochila sobre sus hombros.
“La escritura nos libera, nos ayuda a descargar, a hacer un poco más liviano el proceso, a ponerle palabras a nuestras emociones. La lectura también es una meditación, nos hace imaginar otras posibilidades, otros mundos”, detalló.
Florencia aportó también que “la grupalidad tiene eso de que, por identificación u oposición, siempre hay algo que podés reflexionar a partir de lo que el otro te genera y también porque creemos que la posibilidad de transformar esta problemática de consumos es colectiva”.
“Es evidente que solo no se puede, tanto para la persona que está en consumo como para quien acompaña”, admitió.
La ronda se abre
“La sociedad te condena enseguida con el comentario y este espacio es para sacarnos la culpa de encima” resumió una de las participantes del grupo a la hora de contar qué sentido le encontraron a la experiencia.
Se replican en estos tiempos la aparición de grupos de apoyo para familiares que acompañan a personas con distintas condiciones de salud que suelen ser extremadamente desgastantes. Tal es el caso de la enfermedad de Alzheimer, o Parkinson, por citar algunas.
Una de ellas dijo: “No hay contención para las familias de los que consumen, cada quien tiene una historia diferente, pero todas tenemos la misma situación, la misma problemática de hijos con consumo y a veces también nos lleva a no saber qué hacer”.
“Aprendemos muchísimo de todas, reflexionamos con la literatura, escribir nos va cambiando, fortaleciendo y aprendiendo a tomar decisiones y poner más límites”, siguió.
“Nos ayuda a querernos, a priorizarnos, porque muchas veces nos descuidamos, la vida se nos pasa y nos consume, entonces el espacio es realmente muy importante”, reconoció.
“Hoy la droga está tan instalada, se necesitan espacios así, a mí, día a día, me va cambiando la vida, charlamos mucho con mis compañeras”, resumió.
Otra de las mujeres reconoció que “es un lugar donde se saca el estigma que tiene la droga, aunque el foco está puesto en nosotros, en quienes acompañamos a las personas que consumen”.
“Hemos realizado poemas colectivos y nos obliga a pensar en nosotras, ya que a veces dejamos de pensar en nosotras mismas y poner en palabra cosas que hemos silenciado”, repasó.
Otra de las mujeres acotó: “Me hizo bien venir a este lugar y, como dijeron las compañeras, en soledad no se puede construir nada, solo miedo y temor”.
“Compartimos nuestras tristezas, miedos, llantos y como madres nos enriquecemos juntas, por eso este espacio es tan valorable”, agregó.
Otra de las integrantes se refirió a las barreras que experimentan a la hora de atender las necesidades de salud de sus familiares.
“Los últimos encuentros tuvimos situaciones donde empezamos a analizar y conocer los derechos en base a la Ley de Salud Mental y la de Consumos problemáticos de sustancias, cuáles son los alcances, las responsabilidades de las fuerzas policiales y el servicio de salud, lo que debería y no debería suceder y creo que el trabajo en red quizás es la traba más grande”, reveló.
Finalmente, el otro testimonio acotó: “En mi caso he llamado a la policía y la policía no lleva a la persona si no quiere, mi hijo a veces lo necesita por sus crisis. Ya me ha pasado que mi hijo fue llevado al hospital por un intento de suicidio y estaba con custodia policial en una habitación solo, como si estuviera detenido, pero se escapó por el ventiluz mientras el que estaba custodiándolo estaba a su lado”.
“Hay falta de humanización, de empatía, de compromiso. Antes de enterarme que mi hijo se había escapado me habían dicho que no lo podría internar otra vez, me preguntaron qué hacía ahí y les he respondido, ‘soy la madre’, a mí me corre sangre por las venas”, narró.
“Es un problema de salud mental, los chicos están enfermos, si no se trata como un problema de salud mental está mal, hay que darle mucho énfasis a este tema”, manifestó en tono de reclamo.
“Hemos llegado abrumadas, con crisis y si bien la mayoría vamos a la psicóloga, es un espacio para sacarnos la culpa que llevamos, que no nos miren como la mamá o la hermana del adicto”, repasó.
“No buscamos en este espacio culpables o responsables, sabemos que es algo del mundo en el que vivimos, el consumo históricamente ha estado entre nosotros, sobre todo cuando hay crisis económicas como las que estamos transitando como país, el espacio que pertenece al MTE está a disposición de quienes quieren acercarse”, cerró la coordinadora Florencia.
