Obispados de la Argentina compartieron la carta publicada por el Área de Ecología Integral de la Comisión Nacional de Pastoral Social, en la que reafirman “la importancia de promover una auténtica cultura del cuidado de la tierra, del respeto por la dignidad de las personas y de la protección de aquellos bienes que permiten el desarrollo de las familias y de las comunidades”.
Inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia y en el llamado permanente del papa Francisco a “una ecología integral”, la carta promueve “el cuidado de la creación, el destino universal de los bienes, la función social de la propiedad y la seguridad jurídica como dimensiones que deben armonizarse siempre al servicio del bien común”.
Además, invita a todas las comunidades, instituciones y personas de buena voluntad “a leer, reflexionar y difundir el documento para seguir promoviendo una cultura del encuentro, del diálogo y del compromiso con el cuidado de nuestra casa común, la defensa de la dignidad humana y la construcción del bien común”.
La carta abierta destinada a los legisladores por la llamada “Ley de inviolabilidad de la propiedad privada” expresa la “profunda preocupación” por el proyecto impulsado por el Poder Ejecutivo Nacional. Entre sus argumentos, se destaca que este proyecto “atenta contra la soberanía de nuestra tierra, de nuestros alimentos, de nuestros bienes comunes y el derecho de los pueblos de autodeterminarse”.
En ese sentido, detalla que la preocupación se fundamenta en que el proyecto, “entre otras cosas, deja sin efecto las limitaciones vigentes para la compra de tierra por parte de extranjeros -personas físicas o empresas- y, en particular, la posibilidad ilimitada de acceder a aquellas ligadas a reservas de agua y otros bienes naturales”.
También considera “alarmantes” los artículos que habilitan la utilización inmediata “de tierras castigadas por incendios, hecho que hasta ahora estaba restringido” y sostiene que el proyecto “debilita la potestad del Estado, en sus distintos niveles, para gestionar el uso del territorio, planificar obras públicas y proteger el interés comunitario, sobre todo a los más vulnerables, frente a intereses privados, tanto locales como extranjeros”.
“La tierra no es una mercancía -aseguran en la carta-, ni un simple recurso económico. Como nos recuerda el papa Francisco en la encíclica ‘Laudato Si’, la tierra es nuestra hermana y nuestra madre, porque nos sostiene, nos alimenta y nos cobija. De ella provienen los alimentos, el agua, las semillas, los paisajes y las múltiples formas de vida que hacen posible nuestra existencia. Cuidar la tierra es cuidar la vida”.
Por otra parte, frente a las promesas del crecimiento económico financiero, la carta recuerda los dichos del papa León, al sostener que el verdadero desarrollo “es humano cuando pone en el centro a las personas y no la acumulación de bienes, y cuando se refiere también a los pueblos, no solo a los individuos”.