Hasta hace tres días el curso del arroyo Tapalqué lucía prístino, calmo, con el nivel algo crecido, pero nada diferente a lo que olavarrienses de todas las generaciones se acostumbraron a ver desde 1867 a la fecha.
Fue suficiente la lluvia del pasado martes para que apareciera esa espuma blanca, como si se hubiese tenido un vertido el detergente que se usa para lavar platos y cubiertos para que de su característico tono amarronado apareciera esa imagen albimarrón tan llamativa e inquietante, expresado con su mayor contundencia a la altura del puente de la calle Coronel Suárez.
No es una pintura exclusiva de estos días, ni de estos últimos años. El fenómeno se instaló hace mucho tiempo y no parece cerca una solución, ni una explicación contundente.
