Los dirigentes del interior parece que no tienen problemas con la seguridad en los estadios, les encanta la organización de los torneos, no les interesa el descalabro de las selecciones nacionales, ni el envejecimiento de la infraestructura, consideran que el nivel del arbitraje es óptimo, que sus derechos económicos son similares a los del ascenso metropolitano y que una gestión de 32 años en de los más normal.
Están chochos de la vida que en la Argentina existan clubes de primera (los directamente afiliados) y de segunda (los indirectamente afiliados), que en casi 100 años de historia nunca haya sido ampeón de Primera un equipo de este último grupo.
Este jueves, con cierto tufillo a apriete, salieron en apoyo en Grondona y en repudio a la decisión judicial que ha condicionado la Asamblea (y segura reelección) de don Julio Humberto.
Independientemente de los sentimientos que despierte el doctor Daniel Vila, impulsor de la medida en un fútbol argentino que pide cambios a gritos. Con tal de quedar bien con “el jefe†hacen oídos sordos al repudio generalizado de la sociedad, que no soporta más a Grondona comandando los hilos del fútbol argentino.
Hasta Palenzona, el verborrágico presidente de la Liga de Coronel Suárez que hace algunos años decidió patear el nido con estruendosas declaraciones realizadas en Olavarría, que rebotaron en los principales medios capitalinos, firmó la nota.
La solicitada.
