Enérgico pedido del Obispado para “custodiar la vida humana en todas sus expresiones y desde sus inicios”

Por Redacción

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En su Carta Pastoral de Adviento que se conoció este sábado, el obispo de Azul monseñor Hugo Manuel Salaberry enfatizó la importancia de “custodiar la vida humana en todas sus expresiones y desde sus inicios”, haciendo de esta forma una enérgica defensa del derecho fundamental de las personas.

“Cercanos a la Navidad el Señor nos espera niño en el Pesebre. El encuentro con Jesús debe transformarnos en personas que no piensen sólo en sí mismas, sino que se abran a las necesidades de los hermanos. A María Santísima y a San José, les pedimos que nos comuniquen los sentimientos que ellos tenían mientras esperaban el nacimiento de su Hijo”, señala la máxima autoridad del Obispado en su mensaje para el tiempo de Adviento.

A través de una carta dirigida a Párrocos, Comunidades Parroquiales y Religiosas, Capillas, Oratorios, lugares de culto, Escuelas Católicas, y Familias de la Diócesis, el Obispo expresa que: “La defensa de la vida se encuentra entre las tareas esenciales que debe realizar la Iglesia en su acción evangelizadora. Son numerosas las posibilidades en que podemos custodiarla y quererla desde la oración y la enseñanza, a fin de que los pueblos y las naciones reconozcan y respeten el carácter sagrado de la vida humana en todas sus etapas”.

El año 2010 fue declarado por la Iglesia “Año de la Vida”. “Por ese motivo –subraya Monseñor Salaberry- realizamos una opción sincera, madura y comprometida garantizando la protección de este derecho fundamental. Al dedicarle un año entero a rezar por salvaguardar la vida en todos sus estados y momentos, hemos querido resaltar la importancia que para la Iglesia tiene y en particular para mí, custodiar la vida humana en todas sus expresiones y desde sus inicios.”

Asimismo recuerda que en la carta a los Amigos por las Vocaciones les escribía: “…en el gozo de la fe y animados por el deseo de una conversión sincera, que esta Navidad esté marcada por el signo de la vida: una vida que nace es siempre una bendición, aunque no venga en las circunstancias que uno hubiera deseado. Belén es una muestra excluyente de ello…”.

Monseñor Salaberry como conclusión expresa entonces: “Queremos recibir las bendiciones del Señor de la Vida, y como San José, ser custodios de aquellos hijos que los haremos nuestros si los papás, seguramente por equivocación o por malos consejos no los quieren. Encontraremos muchos papás y mamás que los harán propios, pues desean tener un hijo y no lo tienen”.