Marcelo Oliván / infoeme.com
Hace diez días, José Eseverri asumía como Intendente de Olavarría en una ceremonia de puertas cerradas, donde solamente podían entrar quienes tenían invitación intransferible, mientras los grupos de trabajadores municipales que acampaban en la vereda hacían recrudecer la protesta. Quien viera esa escena podía juzgar –falsamente- que el joven mandatario iba a tener problemas inmediatos y permanentes al menos durante meses. Si a eso se le agregaba el reclamo airado en la asamblea de aprobación de suba de tasas, el mismo observador podía deducir que esos problemas serían casi eternos, con una constelación de sectores que se juntarían a cada rato para denostar al nuevo gobernante.
Diez días después, el escenario es otro. La mayor parte de los sectores que tenían planteos de tenor serio y fundado entran al despacho y salen hablando maravillas del “cambio de estilo”. José es el interlocutor de –aparentemente- todos y para todo. Hace entrar al despacho a dirigentes que con su padre en el cargo no podían ni pedir audiencia, escucha, acuerda lo lógico, diagrama ordenanzas, negocia sobre bases sensatas, cierra frentes de conflicto, economiza energías, deja a la oposición sin argumentos o, directamente, deja al arco político sin posición para oponerse.
Veamos, punto por punto, qué flancos acotó. Y, en lo posible, por qué. Luego será el momento de ver cuáles no están cerrados. Y por qué.
Para ver el modo en que se fueron acercando las posiciones basta tomar una postal: la de la asamblea de mayores contribuyentes donde un sector amplio y que contenía a varios grupos diferentes, se abroqueló para oponerse con cierto enojo al aumento de tasas urbanas y rurales.
Ese grupo tenía al menos cinco sectores adentro: el Sindicato de Trabajadores Municipales, vecinos de Roca Merlo que pelearon contra el horno pirolítico y la antena de CTI, parte de la CGT y Federación de Fomentistas, y la APDH. Había más, pero quedémonos con estos referentes, para ver cómo se movió aquella asonada que era un frente hasta esta conformidad extendida. Y cuál todavía queda por allanar.
Sindicato de Trabajadores Municipales. Primero condicionó cualquier negociación a que se levantaran las carpas, a pesar de que la Federación de Sindicatos Municipales que nuclea al gremio local no concede ese beneficio y suele conversar bajo presión. Con negociadores poco experimentados y con dos cancerberos inflexibles en la mesa (Héctor Vitale y Carolina Szelagowski) los municipales apenas si pudieron conseguir 360 pesos de aumento en tres pagos. José Eseverri los estiró a 600 pesos en tres pagos de emergencia hasta que se empiecen a rediscutir todas las categorías. José Stuppia giró 180º: “con José Eseverri hay que sacarse el sombrero”, le dijo a este Diario On Line.
APDH. Estaba cantado que iba a convocar a los grupos defensores de los derechos humanos desde que Héctor Vitale fue designado Jefe de Gabinete, completando el derrotero que empezó con su salida del equipo de Gobierno de Helios Eseverri por la presencia del ex militar Omar “Pájaro” Ferreyra en Control Municipal. Monte Peloni será sitio histórico para recordar el genocidio, y habrá dos fechas (el golpe y la Noche de los Lápices) en el calendario oficial municipal. En la APDH están conformes y Vitale quedó exultante: el jueves fue la reunión, de la cual participó; el viernes debe haber sido el día en que más comunicativo y contento estuvo, incluso más que el 28 de octubre, y se notó desde la mañana hasta la noche, en la sede del PJ, donde se lo vio muy locuaz.
Vecinos de Roca Merlo. Con una visita donde se dio avance al cambio de lugar del horno pirolítico las relaciones mejoraron enormemente. Es muy difícil que desde el Club Roca Merlo vuelva hoy a lanzarse otra protesta como las dos que se alentaron desde allí –la segunda fue la que cuestionó la suba de tasas, y fue muy amplia-, y que solían ser base propicia para que se sumaran los bloques de la oposición. Ya no hay frente allí.
Federación de Sociedades de Fomento. El referente central de la protesta por la suba de tasas y que no pertenecía directamente al sector de vecinos de Roca Merlo era José Quinteros, líder de la federación de fomentistas. Quinteros había sido, además, candidato a concejal del larrechismo en las últimas elecciones y por eso la distancia con el oficialismo era mayor. Pero bastó un llamado de José Eseverri para que su tocayo se sumara a la comisión de los Corsos Oficiales 2008. Es decir, desde febrero será más fácil ver al fomentista con un handy que con un bombo.
La CGT. Nunca se entendió muy bien qué hacía el secretario general de la CGT Miguel Arena en la protesta contra la suba de tasas. No tanto por su rol institucional en sí mismo sino porque en esos días tenía la posibilidad de pelear por la delegación Olavarría del Ministerio de Trabajo, donde parece haberse consolidado de nuevo Eduardo Cataldi. Con todo, y a pesar de que no hay rastros de un diálogo formal aún, Arena giró de posición y está cerca: fue uno de los asistentes al ágape que el viernes por la noche dio Alicia Tabarés en la sede del Partido Justicialista en Coronel Suárez y 25 de Mayo. Tal vez fue uno de los sorprendidos, pero se sumó a las charlas.
Ahora bien: ¿cómo consiguió José Eseverri cerrar el arco opositor de esta manera?
Por unas cuantas razones.
Primero, porque está en plena luna de miel con el poder, como sucede en estos casos. Segundo, porque siempre estuvo más preparado (al menos mentalmente) para el cargo de lo que se lo quiso ver. Tercero (y sin ofender a nadie) porque Olavarría no es Nueva York y sus conflictos políticos y sus desafíos de gestión son interesantes, pero de una escala totalmente manejable para cualquier gobernante con dos dedos de frente.
Cuarto (y tal vez lo principal hasta aquí) porque José Eseverri desde hace dos años (tal vez un poco más) viene haciendo esfuerzos estratégicos por pertenecer al kirchnerismo. Por constituirlo en la ciudad y en la región, por ser su cara, su cerebro y su brazo ejecutor. Y aunque aún debe seguir trabajando para copar ese espacio ya goza de las mieles de ese panal: hoy todo (o casi todo) motor afinado en la política argentina ronronea dentro de la maquinaria de ingeniería de Néstor Kirchner. Aquí también.
Y quinto, que viene de lo anterior pero no lo es todo: su problema no son los sectores con reclamos locales atendibles. Su problema es el PJ.
También aquí no hay otra cosa que gestos y señales para tratar de vislumbrar lo que los mismos dirigentes adivinan sobre su propio horizonte.
El eseverrismo tiene puesto en ese sector un Norte claro. Y allí está su clave. Existen incluso cuestiones denominativas. En la última sesión, aunque pasó desapercibido, el bloque oficialista se designó a sí mismo “Bloque del Frente para la Victoria – PJ”, y a la luz de los últimos acontecimientos no es menor el dato que José Eseverri remarcó en la entrevista con este Diario On Line: “Susana Valverde ya colgó en el bloque el cuadro de Evita”.
Hay más. Si uno habla con los eseverristas locales más encumbrados no tienen ningún apuro por alinearse con el bloque de diputados provinciales de radicales K, a pesar de que es un hecho que José Eseverri estuvo en las reuniones donde Patricio López Mancinelli fue ungido presidente de la bancada: “nuestra diputada es Alicia (Tabarés) y ella está en el Frente para la Victoria, y va a tener un rol importante allí”, remarcan para posicionarse dentro del grupo PJ-K.
Incluso la reunión de la Federación Argentina de Municipios (FAM) presidida por Néstor Kirchner a la que José Eseverri asistió fue una convocatoria de neto cuño peronista, donde resulta difícil ver a un radical K.
Otro dato: las remociones en el sistema educativo local (donde salen Ana Vázquez y Araceli Alves y entran Nélida Hernández y Nora Ambrosis) tienen todo el olor a diseño de Alicia Tabarés, donde se revierte la poca participación que el PJ había tenido hasta ahora en el Gobierno municipal.
Hay más posiciones que pueden definirse desde el “alicismo”. No es tonta la versión que indica que el director del Hospital de Oncología Jorge Scuffi acomodó rápidamente los tantos y se alineó con Alicia Tabarés luego de la campaña donde se mostró al lado de Mario y Silly Cura. Todos creen en el PJ que Scuffi seguirá en ese cargo.
Pero nadie pone tantas fichas por Amílcar Tigri, quien pasó del alicismo al curismo y militó allí con intenso fervor, al punto de no tener retorno tras el resultado de las elecciones del 28 de octubre.
Con todo, el gesto más importante de los últimos días para mostrar dónde está el verdadero problema político de José Eseverri fue la visita al Partido Justicialista de Alicia Tabarés. Este viernes, ni bien se formaron las mesas de debate para políticas de tránsito, José dejó el Palacio Municipal flanqueado por sus dos principales laderos políticos: el presidente del Concejo Deliberante Julio Alem y el jefe de Gabinete Héctor Vitale.
Bajaron las escalinatas, se cruzaron con Luis Mosquera, lo sumaron al grupo y salieron a la calle. Allí José convocó a alguien más: el presidente de Ferro y colaborador incondicional, Gerardo Ripoll. ¿Destino? La sede del PJ, donde Alicia Tabarés daba el ágape de fin de año.
Fue la primera vez en mucho tiempo (tal vez la primera) en que un miembro del eseverrismo pisa la sede del PJ. En el alicismo aseguran que José “se autoinvitó” y que cuando escuchó las versiones de la reunión lanzó por sí mismo un “por qué no me invitan... yo voy...”.
Pero también es cierto que Alicia estaba de acuerdo con el convite. Varios en la sede del PJ llegaron sin saber que estaría el Intendente y algunos eran miembros de líneas que compitieron contra el eseverrismo, como el caso de algunos menemistas. Al rato cayó, también, el subsecretario de Cultura, Educación y Turismo, Eduardo Rodríguez.
Es que para José el PJ es clave. Allí hay que ver cómo se encolumnan las fuerzas internas. Allí habrá que analizar si hay o no internas en los distritos, y cuánto pesan el aparato de los rivales del oficialismo, sea el sector de Miguel Santellán o sea el de Mario y Silly Cura. Allí se moverá, también, Alberto Hernández.
Allí pasarán cosas este año. Allí está la verdadera preocupación política de José. El resto pasa por el despacho y, por ahora, se maneja.
