Walter Minor / Especial para infoeme
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Segunda entrega del apasionante Gran Premio de Turismo Carretera de 1965. Los Emiliozzi habían dado cátedra en la primera etapa y se alejaban de Cupeiro y Loeffel, los únicos rivales que podían dejarlo sin el título de ese año.
Todavía faltaban muchos kilómetros por recorrer y varios días de nerviosismo que consumir. Hasta aquí, “La Galera†estaba intacta y transmitía confianza. Las etapas venideras servirían para juntar algunos puntos más, los cuales, al finalizar El Gran Premio, podrían no servir si Loeffel o Cupeiro terminaban en los primeros puestos de vanguardia y “los gringos†no hacían podio. Pero también podrían ser muy importantes bajo otras circunstancias, como por ejemplo, que los tres abandonaran.
¿Qué pasó en la segunda y tercera etapa?... Para eso tenemos al Ingeniero Jorge Luis Briozzo, quién ya nos narró la primera con el corazón latiendo a mil, como a mediado de los 60’.
Los motores están en marcha, Los Emiliozzi vuelven a correr. Olavarría espera otro título. Jorge se calza de nuevo “la pilcha†de estudiante y recuerda como palpitó aquel ingeniero en gestación la segunda y tercera etapa del Gran Premio de TC de 1965.
Un hincha completamente fanático vuelve a “tocar†aquella sinfonía incompleta (segunda parte)
Por Jorge Luis Briozzo - jlbriozzo@hotmail.com
SEGUNDA ETAPA – 574 km
Inicialmente el Gran Premio iba a estar compuesto por 5 etapas en lugar de las 6 que finalmente se corrieron. El motivo era que este segundo tramo, mayormente con buen pavimento y veloz, se había pensado unido al inicial, resultando así una primera gran etapa con 1.112 km de extensión.
Con seguridad se hubiera corrido a bastante más de 200 km/h de promedio y durante unas 5 horas y media continuas. Sólo Dios sabe cuántos participantes y en qué condiciones la hubieran podido terminar.
Pero entre Santa Rosa y San Rafael había, en ese momento, unos 90 km de la etapa a transitar por desvíos algo poceados de tierra y arena. Por eso se resolvió en dos etapas en lugar de una.
Dante y Torcuato repasaron el auto luego de los 217 km/h de la primera etapa; cambiaron parabrisas y largaron la segunda como si nada hubiera ocurrido el día anterior. El primer tramo entre Santa Rosa y Realicó era una recta perfecta, pero conteniendo ya un primer desvío con señalización precaria y no apta para corredores desprevenidos y/o temperamentales.
Para dar una idea del ritmo de La Galera señalo que por Winifreda (43 km) Pairetti, trataba de seguirla, pero ya estaba 40 segundos detrás y Löeffel venía tercero a 45. Esto sencillamente equivale a capitalizar un segundo por cada km recorrido; con lo cual uno puede calcular que, mientras estos escoltas recorrían 1.000 metros, La Galera devoraba 1.065 aproximadamente.
O sea, más de 15 km/h de diferencia. ¡¡Impresionante!!
No hay que olvidar la ventaja aerodinámica de esos dos Chevrolet frente al Ford Olavarriense y que, además, se trataba de Cupeiro y Löeffel, pilotos que no “perdonaban†a sus motores.
En Embajador Martini (136 km): 1 minuto y medio a Löeffel y casi 2 y medio a Pairetti; como se ve la escapada continuaba casi al mismo ritmo. Y me permito decir que el asombro también.
Poco antes de Realicó Löeffel y su temperamento cayeron en la “trampa†de un desvío; entró por error en otro camino y se zambulló en una laguna que, para colmo, tenía fondo arenoso.
“Casi vació la lagunaâ€, alguno comentó exagerando; Löeffel también diría luego: “tenía que ver qué lindo era aquello; parecía una lanchaâ€. Yo agrego: “qué lástima no tener una foto…â€
Cupeiro, que no venía cerca de la punta, al pasar por allí se detuvo brevemente pero siguió enseguida en carrera porque ya había otras ayudas más efectivas como las de un tractor, que finalmente lo pudo sacar y tal vez andaría por la zona previendo “chapuzones†como éste.
“El Alemán†se perdía nada menos que alcanzar el segundo puesto en la clasificación general, ya que quien lo era; Galbato; no le podía seguir el ritmo. Téngase en cuenta que con ello Löeffel hubiese alcanzado una de las dos posiciones que necesariamente debía conquistar para mantener alguna posibilidad de lograr el campeonato.
Ya en Realicó (173 km) Dante seguía implacable; sorteando perfectamente los desvíos y a pesar de ellos, promediaba 194 km/h; Hugo Gimeno sorprendía corriendo segundo a más de 5 minutos; Cupeiro, apenas algo más atrás de aquél, parecía tener un buen andar; pero no lo suficiente con respecto a la Galera.
Y examinando la etapa hasta ahora, uno veía a Dante acumulando un minuto cada 34 km (casi 2 segundos por km). Y esto no era velocidad pura, ya que en los desvíos había que ser muy preciso y manejar con sensibilidad, dado el tipo de suelo arenoso que tenían.
Casi en la mitad de la etapa se retrasa Gimeno, abandona Carmelo Galbato; Pairetti pasa a ser el nuevo escolta de Dante, pero a 9 minutos y medio. Cupeiro corre a 10 minutos, con lo cual en la clasificación general quedaba media hora detrás de su rival en el campeonato y yo me seguía tranquilizando hasta niveles impensados.
Por Bagual (292 km) y con mejor camino, Dante promediaba 208 km/h; la razón de tan marcada elevación fue el tramo de casi 120 km entre Realicó y Bagual, que la sorprendente Galera transitó a un promedio superior a 230 km/h.
Pero Jorge Cupeiro no se quedaba muy atrás; también aceleraba y perdía sólo 30 segundos más en la media hora (aproximada) de ese veloz tramo, porque corría ahora a 10 minutos y medio de los Emiliozzi disputando ese segundo lugar con Carlos Pairetti.
El Chevytú rendía con intermitencias, pero hasta aquí nunca a la par de La Galera.
Sobre el puente del Río Salado (377 km) Pairetti era otra vez el segundo a 11 minutos de Dante y Cupeiro tercero a casi 12.
Nada nuevo ocurrió hasta llegar al final de la etapa en San Rafael, salvo el aumento de la diferencia de Dante a su escolta Cupeiro hasta casi 14 minutos, quien por su parte dejó a Pairetti tercero por sólo 1 segundo !
El otro candidato al título, Löeffel, llegó 27º a 44 minutos de Dante.
El promedio de la etapa llegó a 204 km/h y volvía a sorprender; pero el de la general fue 210 km/h !!! (con 1.112 km recorridos y los 217 km/h de la 1º etapa). NUNCA VISTO ANTES.
En la clasificación general los Hermanos de Olavarría ya le llevaban 22 minutos a Pairetti, nuevo escolta, mientras que a Casá 28; a Cupeiro, quinto, casi 35 minutos y a Löeffel, 12º, más de 52 minutos.
Es decir que luego de las dos primeras etapas (apenas 22 % del Gran Premio) Dante y Torcuato tenían a sus dos rivales de campeonato a distancias muy tranquilizadoras aunque, obviamente para nada definitivas. Al menos yo veía que podían encarar las serranías y montañas sin tomar elevados riesgos, que sí deberían asumir los que pretendieran acercarse a “Los Gringosâ€.
Dante, con respecto al campeonato y aunque tuviera que abandonar, ya tenía acreditados los cuatro puntos máximos por actuaciones en etapas; Cupeiro no podía sumar todavía porque debía descartar por Reglamento 3 puntos de un tercer puesto obtenido durante el año. Y Löeffel había sumado sólo un punto por el tercer puesto en la primera etapa.
Yo reflexionaba, no sin cierta euforia, que si los tres abandonaban o no llegaban entre los 4 primeros al final del Gran Premio, Dante Emiliozzi ya estaba en condiciones de retener el título de Campeón con aquellos puntos. El asombro crecía y yo sabía que el campeonato estaba más cerca; pero al Gran Premio lo tenía más distante por todo lo que aún faltaba.
Llegaron a San Rafael sólo 46 competidores; menos de la mitad de los que iniciaron el Gran Premio; quedando todavía por recorrer 3.826 km que, en gran parte, iban a ser durísimos.
Lo conseguido hasta aquí ilusionaba, no sólo debido a lo logrado por Dante y Torcuato sino también por cómo se venía dando la actuación de quienes podrían de aquí en más pelearles la punta de una carrera como ésta. Aún así convenía ser prudente, porque en una etapa como la tercera podía pasar cualquier cosa con cualquier piloto y en cualquier momento.
TERCERA ETAPA – 1.095 km
Un recorrido entre La Rioja y Santiago del Estero tan infernal para los participantes que aún quedaban como hermoso en paisajes; aunque no recomendable para transitarlo llegando el verano. Por entonces no sólo se lo transitó sino que, además, se lo hizo en carrera y por ese motivo hubo muchas críticas negativas hacia quienes diseñaron el itinerario ya que p.ej., otra historia hubiera sido correr por allí en pleno invierno.
Pero tradicionalmente los Grandes Premios del A.C.A. cerraban el campeonato de TC y por lo tanto también el año calendario.
Yo me preguntaba si la Galera aguantaría semejante etapa; también cuántos minutos resignaría Dante y ante quién; ya que no lo veía a Cupeiro con un auto tan resistente para este recorrido y a Löeffel no lo imaginaba con la mentalidad y temperamento controlado que requiere un Gran Premio como éste; si bien manejaba un auto tan veloz como el Chevytú y hasta más apto para estos terrenos.
Dante ya nos había demostrado; un año atrás en el Gran Premio 1964 y a comienzos de 1965 en el Gran Premio Internacional Dos Océanos; que sabía cómo correr una carrera de este tipo y cómo manejarse en la montaña sin tomar riesgos innecesarios, no cediendo demasiada ventaja y teniendo siempre en cuenta las limitaciones y antigüedad de la venerable Galera campeona.
La etapa comenzó con Dante Emiliozzi promediando 217 km/h luego de los primeros 110 km (Pareditas) y ganando por 20 segundos a Cupeiro, mientras que Löeffel desde atrás se insinuaba como animador de esta etapa. Y me parecía que iba hacia un “todo o nadaâ€, más aún dado su retraso en la general y sus muy disminuidas posibilidades en el campeonato.
Por Tunuyán (151 km) y ya comenzando a trepar, La Galera seguía al frente con más de un minuto sobre Cupeiro; el promedio había descendido a 201 km/h y por allí Eduardo Casá y su “Tractor†F-100 también se asomaban con pretensiones en la etapa.
Como novedad importante destaco que Pairetti perdió 3 hs en reparar bielas y bancada, dañadas debido a la rotura de la bomba de aceite. Y poco después abandonaba la competencia.
En Perdriel (210 km) Dante seguía punteando la etapa; ahora sobre Eduardo Casá, que estaba a casi un minuto y medio; Cupeiro venía tercero a más de dos minutos de Emiliozzi. El promedio de La Galera “bajaba†a 193 km/h por las dificultades crecientes en el camino.
Y yo le pedía en silencio a Dante que cuidara lo más posible...
En plena cordillera, pasando por Uspallata (312 km), Casá estaba al frente en la etapa llevando casi 2 minutos a Hugo Gimeno, un buen piloto mendocino que corría en “su casaâ€, sabía andar por montañas desde muy joven y se había lucido a comienzos del año en la “Dos Océanosâ€. Tercero Jorge Cupeiro, casi empatado con Gimeno y en cuarto lugar Dante y Torcuato, que se habían detenido para cambiar una cubierta y trepaban la cordillera a unos 3 minutos de Casá.
El promedio de la etapa seguía cayendo en picada y estaba en 153 km/h; empleando las matemáticas se podía descubrir que en los últimos 102 km se había andado a sólo 70 km/h.
Por Barreal (433 km) Casá se consolidaba como líder en la etapa, con más de 4 minutos sobre Hugo Gimeno; tercero Cupeiro a 4 minutos y medio; cuarto Dante a poco más de 5 minutos y quinto Rodolfo de Álzaga a más de 10 minutos. El promedio caía hasta 148 km/h.
La etapa se neutralizó a poco más de su mitad en la ciudad de San Juan (585 km); luego de haber transitado y descendido por Barreal y Calingasta sobre caminos de ripio, con paisajes y sinuosidades sorprendentes. Casá comandaba la etapa con casi 5 minutos y medio sobre Gimeno; Cupeiro tercero a unos 6 minutos y cuarto seguía Dante, a casi 8 minutos de Casá.
En la clasificación general y con 1.700 km corridos, Dante Emiliozzi tenía todo bajo control y no cedía más de dos minutos a quien era su directo rival, Jorge Cupeiro, mientras que Löeffel padecía un problema en la caja de velocidades y trataba de reparar.
La Galera, desde Luján hasta San Juan, comandaba el Gran Premio con unos 20 minutos sobre Casá; a 32 minutos corría Gimeno y a 33 Cupeiro.
Por un lado aún estaban en carrera los dos rivales del campeonato: Carlos Walter Löeffel cada vez más alejado de Dante, mientras que Jorge Cupeiro tenía dificultades hasta para mantener la diferencia que los Emiliozzi le llevaban al comenzar esta 3º etapa.
Y por otro lado los que les querían disputar el Gran Premio, que eran Casá y Gimeno hasta aquí. A Cupeiro también se lo podía agregar, pero todavía era una incógnita en la montaña porque el Chevytú me seguía pareciendo frágil mecánicamente para esos escenarios.
O sea que Dante estaba corriendo “dos carreras en una†y con distintos rivales, aunque Jorge Cupeiro tuviese todavía buenas posibilidades teóricas en ambas definiciones.
Reanudada la etapa, luego de 30 minutos de neutralización, Casá salió dispuesto a asegurarse el triunfo del día pero al paso por Marayes, 720 km de la etapa, llevaba 7 minutos y medio a
Dante que, desde San Juan le había descontado medio minuto y ya estaba segundo en la etapa; Cupeiro por su parte sufría un retraso. Con “mensajes†como éste Dante avisaba a sus rivales e hinchas que de su ventaja en la general sólo estaba dispuesto a resignar lo imprescindible.
Yo guardaba ese mensaje y me daba por debidamente notificado…
Por Chepes, en la Provincia de La Rioja y corridos casi 800 km de etapa, Casá mandaba a “sólo†134 km/h de promedio; con 9 minutos y medio sobre Dante tercero a sólo 5 segundos de él estaba Gimeno. Cupeiro viajaba 7º, recién 9 minutos después de La Galera.
Para seguir sorprendiéndose destaco que en Olta; con 920 km de etapa y 42 grados de temperatura ambiente (no quiero imaginarme cuántos grados más se medirían dentro de La Galera…) Dante seguía a Casá a igual diferencia; andaba al ritmo del “montañista†Gimeno y se seguía transitando a 134 km/h de promedio.
Pero esta etapa terrible, por lo dura, larga y calurosa, nos tenía reservada una sorpresa: ya finalizándola, repentinamente yo escuchaba por radio y casi paralizado, un desesperado “llamando el avión, llamando el avión…â€; y el avión “me contaba†que Casá se había accidentado en una de las arenosas curvas riojanas, a 20 km del fin de la etapa. Confieso que me alivié doblemente… Además, me daba cuenta que Casá hasta ese momento, aún andando fuerte y arriesgando hasta más de lo aconsejable, no había logrado estirar su ventaja de 10 minutos en la etapa sobre los Emiliozzi.
“El Tractor†de Casá aparentemente venía con un neumático perdiendo aire; terminó tumbado sobre su lateral derecho y permaneció luego detenido allí cerca de media hora. Pero, a pesar del accidente, Casá tuvo la fortuna de contar entre tanto desierto con la presencia de gente cercana a ese lugar; lo ayudaron para reponer el auto sobre sus cuatro ruedas, revisar y acomodar lo esencial para luego reanudar la marcha que quedaba hasta el final en La Rioja.
Llegó con el auto maltrecho y los ánimos también, al haber desperdiciado los frutos de una etapa que corría bien hasta el accidente; pero de todas maneras Casá era optimista con vistas a reparar el auto y seguir luchando, al menos por el segundo puesto en la clasificación general.
El asombro entonces subió las montañas: Dante, Torcuato y La Galera llegaron primeros en la etapa donde la mayoría decía que “comenzaba el Gran Premioâ€. Aunque yo siempre sostuve que había comenzado en Luján…y seguro que Los Hermanos también.
Dante le ganó la etapa a Gimeno por algo más de 4 minutos; tercero llegó Bordeu a 7 minutos en destacada actuación. Cupeiro pudo arribar recién en el 6º lugar, a casi 12 minutos, mientras que Löeffel otra vez llegaba 27º, perdiendo 2 horas y 42 minutos más respecto a Dante.
Una vez más triunfó el equilibrio veloz de esa dupla inigualable, que compitió mano a mano con “montañistas†y corredores casi 20 años menores que ellos; además de las ventajas que La Galera cedía en esos terrenos a los autos más jóvenes. Mi mente analizaba, con bastante incredulidad a esta altura, que Dante ya le llevaba 38 minutos a Gimeno, 43 y medio a Bordeu, 45 a Casá, poco más de 46 a Cupeiro y 3 horas 34 minutos a Löeffel; todo luego de 2.200 km.
Hasta aquí seguían en carrera sólo 32 autos sin haber llegado aún a la mitad del Gran Premio.
Sí; faltaba bastante todavía; pero también es cierto que la tendencia favorable parecía no querer cambiar; que la retención del campeonato aparecía cada vez más posible y que, a la magnífica preparación y conducción de Los Hermanos Emiliozzi se les seguían sumando circunstancias favorables ajenas a su control. Como lo era la irregularidad de los demás que se iban retrasando o directamente desertaban; ya sea por errores de manejo, de preparación mecánica y logística, de estrategia, de temperamento, de resistencia física, de disciplina o simplemente, por contar con menor capacidad para competir en Turismo Carretera.
Bien se dijo alguna vez que “cada uno es: su persona, más las circunstancias que lo rodeanâ€.
Yo seguía feliz por lo que Dante había demostrado y fundamentalmente considerando dónde y bajo qué condiciones lo había hecho; todavía no era el campeón de 1965 pero todo estaba encaminándose hacia la obtención del 4º título. Pero nótese que el tercero, cuarto y quinto en la general hasta aquí estaban separados por menos de 3 minutos luego de 2.200 km y 14 horas de carrera. Por lo tanto, si Dante abandonaba, Cupeiro podía quedar muy cerca del tercer o segundo puesto y de terminar así, cualquiera de esos puestos le daba el Campeonato.
O sea que todavía había que seguir con las plegarias…
