El Garrincha venezolano surgió en los potreros de Lanús

Por Redacción

----
Fotos y texto: Daniel Lovano

Cuenta Ramón Echenausi que en 1971 había nueve clubes argentinos interesados en su ficha, pero sólo Huracán estaba dispuesto a poner sobre la mesa los 7 millones de pesos moneda nacional pedidos por Lanús. Parecía que su siguiente camiseta iba a ser la del “globito”, pero llegaron los venezolanos de Portuguesa, amontaron 20 millones uno arriba del otro y “Pocho” cambió de rumbo.

Hoy vive en San Cristóbal, donde funciona su escuela de fútbol (la Fundación Atlética San Cristóbal), y además tiene la Pizzería “Gol”, empapelada con sus fotos al lado de Pelé, Norman Briski, el “Pato” Pastoriza, el “Negro” Fontanarosa, Jairzinho (“compañero en el Portuguesa; somos como hermanos”) y muchos otros que pasaron por allí o se cruzaron en las canchas.

“Allá me dicen el Garrincha venezolano” dijo con orgullo en una larga charla, sentado en los tablones de cemento de la tribuna que da la cancha auxiliar de Ferro. “No se necesitan más comodidades; este es el sillón más lindo que hay en la vida, y si están llenos de gente ni hablar” proclamó Ramón y agregó su deseo para el final, medio en broma, aunque con algún de verosimilitud: “Me gustaría que en mi último día me saquen con los pies para delante de adentro de una cancha”.

Las conexiones que puede producir el fútbol con tres décadas de diferencia: visitante (Ramón Echenausi) formó parte de la histórica campaña de 1977 en la Copa Libertadores que ganó Boca con el Portuguesa, cuando perdieron en semifinales con los brasileños Inter y Cruzeiro; el anfitrión (José Luis Aguirre) lo hizo en otro hito del fútbol de Venezuela, con Estudiantes de Mérida en 2000.


Ramón Echenausi, con sus "enanos" en la escuelita de fútbol que tiene en San Cristóbal.

“En la década del 70 yo tenía el tercer promedio de la revista El Gráfico entre los wines derechos, con 7.20, detrás de Ramón Bóveda (delantero de Central) y Ponce (Boca). Mi gran ilusión era que me citaran para jugar la Copa Roca con Brasil; pero Pizzutti (Juan José) no quiso y en la primera oferta me fui del país” recordó.

“El Gordo García Blanco y José María Muñoz decían que estaba loco; que cómo me iba a ir al cementerio del fútbol sudamericano; hoy no me arrepiento de nada” apuntó.

Ramón Echenausi jugó en la primera de Lanús desde los 16 años hasta los 26 años y participó el recordado equipos de “los albañiles”, que tenía como emblemas al paraguayo Bernardo Acosta y Angel Manuel Silva. Pocho recordó de corrido esa histórica formación “granate”: Rolando Irusta; Bravo y Avalos; Tedesco, el “Nene” Guidi y Paz; Echenausi, Pando, Silva, Acosta y Demaría.

“Me crié en una familia laburante, de clase media baja. Mi mamá siempre nos decía a los cinco hermanos era preferible pedir y que te digan, no antes que robar. ‘Lalo’ García, un hombre que andaba todo el día con una bolsa al hombro llena de pelotas pulpo, me llevó al fútbol, a un equipo que se llamaba Gorriones” rememoró este hombre nacido en Pavón y Arenas, a tres cuadras de la cancha de El Porvenir.

“Empecé como arquero y después me dijo que no, que mi puesto era de wing. Gracias a Dios en Lanús me eduqué no sólo como futbolista, sino también como persona. No era el Lanús ejemplar de ahora, sino un club que tenía vestuarios de chapa, mate cocido, pero siempre rodeados por un cariño enorme”, subrayó.

“Tuve grandes entrenadores, como Pedro Dellacha, Juan Carlos Murúa, o Juan Carlos Boreau, el preparador físico de la selección argentina en el Mundial 66, y la suerte de que me rodearon grandes amigos y grandes personas”, destacó Echenausi.

Pero sus inicios no fueron en Lanús, sino en las inferiores de Boca, con Juan Evaristo y Corsi como entrenadores, en una delantera que formaba con Juan José Valiente y Oscar “Pinino” Más, a la postre ídolo de River, en la canchita ubicada detrás del frigorífico “Pampa”.

“Lanús me enseñó a hacerme un camino social, cultural y deportivo a través del fútbol - ponderó-; ahí aprendí todo, porque en mi época era difícil estudiar. Había que salir a trabajar desde muy pibes y yo trabajé de todo: desde la fábrica de pan dulce Marcolla hasta la fábrica de armas Maeli” rescata Ramón, un luchador de la vida, aún hoy a los 64 años, al lado de su esposa Josefina y sus tres hijos Daniel, Miguel “Pochito” (ex selección de Venezuela) y Darío, que lo acompaña en este emprendimiento de fútbol base.

“Soy muy respetado allá; con mi hijo Miguelito jugamos 15 Copas Libertadores y 5 eliminatorias con la camiseta de la selección venezolana. Yo formé parte del equipo que le ganó a Ururguay en las eliminatorias y lo dejó afuera del Mundial 78. Por ahí tengo una tapa del diario El País de Montevideo que dice ‘El verdugo’ y un reportaje inolvidable que me hizo Víctor Hugo Morales”.

Dice una publicación venezolana sobre la escuela de fútbol de Echenausi, la Fundación Atlética San Cristóbal, que se trata de “una historia que comenzó a escribirse desde 1993, de la mano de Vladimir Maslov y Ramón Echenausi, quienes delinearon los pasos iniciales del proyecto y donde miles de niños, hoy jóvenes y adultos, ciudadanos ejemplares, transitaron una etapa de sus vidas rodeados de balones, amigos, ética y disciplina”.

El germen lo puso “Pocho” a tres meses de llegar a Venezuela, junto con Carlos Horacio Moreno y Rubén Amado Machini, un uruguayo, “el mejor jugador que vi en mi vida, pero era un bohemio”.

“Trabajar con los enanos, como me gusta llamarles a mis chicos, poder transmitirles las vivencias; que sepan reconocer al amigo, respetar al compañero y estar cerca de enemigo”, reflexionó.

“Desgraciadamente la idioscincracia del venezolano, en la parte del llano, es muy liberal; lo hombres tiene hijos con tres o cuatro mujeres distintas. No está apegado a la familia, entonces los chicos no entienden muchas cosas lindas de la vida y nosotros nos metimos en esto. Acá hay niñitos que no conocen a sus padres, que viven solitos en dependencias del gobierno, nosotros los financiamos y los apoyamos” señaló Echanausi, cuya escuela ha recorrido casi todo el continente y funciona sin ningún tipo de subsidio estatal.

La academia que tiene 700 chicos -a partir de los dos años y medio-, y llegó a tener 1100 hasta que la Copa América de 2007 le quitó un espacio al lado del estadio Pueblo Nuevo de San Cristóbal, y precisó que “hay 14 jugadores en la primera venezolana; en España tenemos 14, hay dos en Rosario Central, uno en el Veracruz de México, otro en Grecia y en este grupo hay muchos talentos; seguramente alguno de ellos se va a quedar en la Argentina. Quizás les falte agresividad, nos falta jugadores para el último tramo, pero va a sorprender el trato de la pelota”.

“Pocho” fue una especie de Garrincha, pero también en la vida: aprendió a gambetear la pobreza con dignidad, al lado de una pelota, y ahora les enseña el camino a lo chicos venezolanos.