Por María Alejandra Vitale (*)
Adolescentes de todo el país dejan hoy su mensaje en las paredes. Y nos dicen que esto ya no es un problema de una escuela lejana de Santa Fe, de un joven y una familia que juzgamos mientras mirábamos las noticias y elaborábamos hipótesis que intenten dar respuesta al horror del que seguíamos ajenos: “bullying”, “brote psicótico”, “familia disfuncional”, entre otras.
Surge así un llamado a ocuparnos que nos interpela por todas partes. Entonces le pedimos a padres y madres más presencia, cuando necesitan jornadas laborales de 12 horas para llegar a fin de mes.
A la escuela que sea un lugar seguro, en una sociedad donde todos los días mueren niños y mujeres en manos de quienes dicen “amarlos” y el suicidio es la segunda causa de muerte adolescente mientras discutimos proyectos de ley sobre la portación de armas en la comunidad y la baja de la edad de imputabilidad, pero el acceso a la salud mental sigue siendo un privilegio.
Y a los adolescentes les pedimos responsabilidad y empatía, que resuelvan sus conflictos pacíficamente, mientras el Presidente de la Nación más poderosa del mundo anuncia la eliminación de una civilización entera y bombas destruyen diariamente escuelas y hospitales.
Nos consuela saber que sucede lejos de aquí, pero quienes gobiernan por estos lados -por decisión de la mayoría- lo celebran y empuñan una motosierra como símbolo.
La adolescencia es un momento de la vida en el que caen las identificaciones que sostenían un ser en la niñez para construir nuevas identidades. Esas que reflejaran nuestros anhelos, valores, y maneras de habitar el mundo. Y no es, claro, sin las referencias y posibilidades que ese mundo ofrece.
Nos resulta descabellado, y hasta gracioso, que algunos y algunas elijan identificarse con animales, quizás nos estén diciendo que les está resultando demasiado duro ser parte de esta humanidad.
Nos alarman sus mensajes en las paredes, quizás nos estén mostrando las referencias que encuentran en esa humanidad a la que intentan pertenecer.
Que condenar al mensajero no nos impida recibir el mensaje: es urgente trabajar en una comunidad que ofrezca referencias y posibilidades para construir espacios de pertenencia e identidades con los valores que les demandamos.
(*) Médica. Especialista jerarquizada en psiquiatría y psicología médica infanto – juvenil.