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San Valentín: una historia de amor en el Ejército Argentino

Su carrera militar los llevó por diferentes países como Italia, Chile, Bolivia, India o Estados Unidos, pero el cumplimiento del deber los trajo a Olavarría, donde se instalaron con Ignacio, su hijo de un año. El Teniente Primero Matías Sarrautte y la Capitán Victoria Harasimowicz vivieron -y viven- una historia de amor que, después de 14 años, siguen construyendo día a día, aunque no todo fue fácil: tuvieron que sobrepasar muchas adversidades.   

*Por Federico Colmenero

Muchos son los que han afirmado que toda historia, en el fondo, es una historia de amor. Prácticamente no existe telenovela de la tarde, chisme de barrio o film de moda -desde los superhéroes de Marvel hasta las animaciones de Disney- que no revindique esa idea: siempre, ineludiblemente, se nos ofrecen historias de amor -en diferentes ambientes y con diferentes condimentos- que terminan recuperando el antiguo recorrido de siempre: el de dos personas que se conocen, se enamoran y que, después de una necesaria serie de obstáculos y complicaciones, terminan juntos .

En este día tan especial para los enamorados, traemos la historia de una pareja -ahora asentada en Olavarría- que no estuvo exenta de ninguno de esos condimentos: se trata de Matías y Victoria, dos Oficiales del Ejército Argentino que, de diferentes orígenes y después de muchas complicaciones, terminaron haciendo una vida juntos.

 

Fue amor a primera vista, me enamoré de Matías ni bien lo vi”, cuenta Victoria Harasimowicz, quien luce el rango de Capitán del Ejército Argentino y que fue destinada a Olavarría junto a su esposo, el Teniente Primero Matías Sarrautte. Ambos con toda una vida dedicada al servicio, les costó mucho empezar a verse y blanquear su noviazgo, ya que en ese momento las relaciones entre miembros de la fuerza estaban limitadas. Ahora, ya casados y con un hijo de un año, cuentan todo lo que hicieron para poder estar juntos y, además, comparten el orgullo de transitar una completa carrera militar que todavía llevan a cabo día a día.  

“Hacíamos 120 kilómetros, del pueblo en donde estábamos hasta la Ciudad de Mendoza, para poder estar juntos, cuidando que no nos vean"

 “Estamos casados desde el año 2013, y ya hace unos 13 años que nos conocemos, yo estaba destinado en Campo los Andes, Mendoza, y llegó Victoria, que también había sido destinada ahí. En ese momento me desempeñaba como Subinstructor de Montaña y todo el personal que es destinado a los distintos ambientes geográficos particulares, ya sea monte o montaña, tienen que hacer un curso de adaptación a ese ambiente, y yo era el encargado de dar ese curso a la gente que llegaba ahí junto con otros Instructores y Subistructores” relata este Teniente Primero de 39 años sobre cómo conoció a la mujer que hoy es su esposa. Según cuentan, el flechazo fue instantáneo y en poco tiempo decidieron entablar una relación. Pero como no existe romance sin complicaciones, la pareja no la tuvo para nada fácil: su amor nació en un entorno en el que aún no se aceptaban los vínculos entre militares de distintos rangos y la pareja tuvo que iniciar su relación en secreto.

 

“En ese momento regia una ley muy fuerte de muchísimos años que no lo permitía, entonces nosotros nos pusimos de novio y estábamos a escondidas, porque era incurrir en una falta, hacíamos 120 kilómetros, del pueblo en donde estábamos hasta la Ciudad de Mendoza, para poder estar juntos, cuidando que no nos vean, nos encontrábamos en la ruta cuidando de que no nos vieran, no te digo que usaba pañuelo, capelina y anteojos, pero casi”, rememora, entre risas, Victoria, quien destinó su vida al ejército desde siempre sin imaginar que ahí encontraría el amor.

Mi bisabuelo participó en la Primera Guerra Mundial, mi abuelo en la segunda y mi papá en la de Malvinas, así que si explota la próxima guerra voy como sea”, agrega la Capitán, única mujer entre cinco hermanos que, dicho sea de paso, también siguieron la tradición militar: cumplen servicio en la Fuerza Aérea Argentina.     

“Te das cuenta que el argentino despotrica de su país hasta que sale, pero cuando está afuera lo defiende a capa y espada, la gente dice que no, pero el argentino es muy patriótico, a todos lados que va deja su huella”

Nacida en ese ambiente, Victoria  dejó su casa para empezar su carrera a los 19 años y así continuar creciendo: ingresó al Colegio Militar de la Nación, se recibió de oficial, inicio su carrera en la montaña donde conoció a Matías y se casó con él. Aparte de eso, nunca dejó de capacitarse: aparte de llegar a Capitán es Profesora universitaria en Administración, por lo cual pudo ejercer en el Colegio Militar y, desde hace un año, es mamá de Nacho, quien nació del fruto de su amor con Matías.

 

La historia de Matías, en cambio, es diferente: sin familiares ni amigos que hayan pertenecido a la fuerza, su motivación -realmente temprana- fue pura vocación. “Yo quería ser soldado, no sabía que existían los grados ni nada de eso en ese momento, para mí los soldados eran todos soldados, así que cuando cumplí la edad fui y me anoté como soldado voluntario en Tandil, de ahí me fui a la Escuela de Suboficiales en Buenos Aires, hice la carrera de Suboficial y después fui destinado a Mendoza, que es donde conocí a Victoria”, cuenta.

 

Fue en ese momento cuando empezaron su noviazgo, que al principio se ocuparon de ocultar. “Éramos jóvenes, yo tenía 23 años, y viste que cuando sos jóven no te das cuenta y haces locuras, hacíamos 120 kilómetros para poder estar juntos en la ciudad, después volvíamos y enseguida entrabamos de guardia, cosas así, estábamos enamorados y queríamos estar juntos”, recuerda Victoria.

“Nosotros fuimos uno de los primeros matrimonios que fuimos aparejados a pesar de las limitaciones, y ahí fue cuando Matías se fue a hacer la misma carrera que yo y se recibió de oficial. En general nos acompañaron mucho, es el día de hoy que los jefes de él y los jefes míos nos preguntan cómo estamos, si todavía estamos juntos... La cosa arrancó muy difícil, y podríamos decir que recién ahora estamos realmente cómodos, y eso está bueno, porque el ejército es una gran familia, te cruzas con todo el mundo, te cruzas hoy y entre 5 o 10 años te volvés a encontrar con la misma persona, porque nosotros vamos de punta a punta, de norte a sur y de este a oeste, y te terminas encontrando en cualquier parte”, cuanta la Capitán.

“Dejas a tus amigos, dejas a tus compañeros de escuela, dejas tu lugar, porque sabes que es así, a mí me tocó con mi papá, y el día de mañana a Nacho seguramente le va a pasar lo mismo, y hará sus amigos y después tendremos que levantar campamento”     

Entre esas idas y venidas la pareja pudo cultivar una completa carrera militar que hoy cuentan con orgullo. Victoria estuvo 3 años como Jefe de Compañía en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral -en donde tenía 320 mujeres a cargo-, brindó servicio como instructor de los Cascos Azules para las Naciones Unidas, y viajó a EE.UU, La India, Chile, entre muchos otros lugares. “Estar en los Cascos azules fue la mejor experiencia de mi vida, haber compartido y haber estado en otros ejércitos fue hermoso. Cuando viajas, y más yo, que nunca fui a vacacionar a Miami sino que fui como representante del Ejército Argentino, te das cuenta que el argentino despotrica de su país hasta que sale, pero cuando está afuera lo defiende a capa y espada, la gente dice que no, pero el argentino es muy patriótico, a todos lados que va deja su huella,  en todos lados se nota cuando hay un argentino” relata Victoria, a la que le ha tocado representar la patria en situaciones no del todo fáciles. 

 

Matías, por su parte, también luce una amplia y nutrida trayectoria: después de recibirse de suboficial del Ejército y de haber estado como Instructor de Andinismo, Instructor de Esquí y realizar el curso de Cazador de Montaña en Mendoza -fue seleccionado por el Ejército para participar en una capacitación de alpinismo en Italia-, entró al Colegio Militar y después de 4 años fue a Puerto Deseado, Santa Cruz, luego a Salta, en donde estuvo 3 años, y otra vez a Buenos Aires, en donde fue destinado al Regimiento de Granaderos a Caballo y en donde estuvo 4 años como Escolta Presidencial. “Estuve tres años con el ex presidente Mauricio Macri y un año con el actual, Alberto Fernández. Fue una experiencia única. Nosotros somos apolíticos, no votamos ni tenemos ninguna orientación ni preferencia política, porque nuestra función es cuidar al Jefe de Estado” narra el Teniente Primero, quien desempeñó esas tareas por cuatro años. 

“A la mañana entrábamos y presentábamos nuestro servicio; hay que saludarlo cuando uno lo cruza y después desempeñar funciones protocolares: por ejemplo,  cuando el presidente se va de su casa se lo despide y cuando vuelve se lo saluda y se le da la bienvenida. Después están las funciones de seguridad, hay que articular entre la policía, bomberos explosivistas, Casa Militar, Regimiento de Granaderos… Es un trabajo muy desgastante física y mentalmente  pero muy gratificante para la carrera y para el orgullo personal”, explica Matías.

Hoy en día, destinados en Olavarría, sus áreas son muy diferentes: ella pertenece al Arma de Ingenieros desarrollando la función logística de su subunidad  -compras, racionamiento, repuestos, vehículos, insumos, desde armamento a vestimenta-; él pertenece al Arma de Caballería -cumple una función de Apoyo de Fuego para el elemento de combate, “estoy más en la parte de acción, soy el jefe de la Sección Morteros, por lo que realizamos diferentes ejercicios, maniobras y demás, la parte más estrictamente bélica”, aclara. Así, entre el regimiento y su hogar, la feliz pareja -junto con su hijo Ignacio- llevan una rutina coordinada entre sus funciones como miembros del ejército y como padres de un niño pequeño.

 

“La verdad es que cumplimos el mismo horario, los dos trabajamos de 8 a 14”, asegura Victoria, “así que comemos en el mismo horario, hacemos gimnasia, entre otras actividades compartidas. Vamos en bici hasta el regimiento, a las 7 de la mañana, dejamos a Nacho con Alejandra, su niñera, y volvemos en bici a las 15. Nos llevamos súper bien, aun después de 14 años, seguimos tan enamorados como el primer día, y la convivencia es genial, con los problemas que obviamente tienen todos, a veces yo llego a casa, y los mismo problemas que tenés en el cuartel, que se te rompe el vehículo, que algo quedó pendiente y demás, volvés a tu casa y también los tenés, pero somos un equipo, nos entendemos, sabemos lo que cada parte tiene que hacer, si uno falla y falla todo”. 

“El ejército nos eligió, ningún de nuestros destinos queda en nuestras manos, nosotros cumplimos órdenes, así que para venir acá fue levantar todo, hacer la mudanza e iniciar nuevamente y así es la vida militar para todos, es el compromiso del servicio que ya sabemos que es así, más aún  con la jerarquía de oficial: dejas a tus amigos, dejas a tus compañeros de escuela, dejas tu lugar, porque sabes que es así, a mí me tocó con mi papá, y el día de mañana a Nacho seguramente le va a pasar lo mismo, y hará sus amigos y después tendremos que levantar campamento”, cuanta Victoria, de 36 años, que junto con Matías, de 39, ya están a más de la mitad de su carrera. “Para el ejército ya somos considerados grandes, yo ya tengo 17 años en la carrera, y uno se retira a los 35 años de servicio”, explica.

 

En el trayecto de toda una relación signada por la carrera militar, una relación así no queda exenta del Día de San Valentín, sin embargo, el 14 de febrero es un día de cumplimiento del servicio para Matías. La pareja no tendrá ocasión de festejar demasiado, pero tampoco significa un peso para ellos: “el servicio es salud, es la frase que usamos ahí, cuando te toca estar de guardia en un cumpleaños o una fiesta solemos decir eso, y bueno, el servicio es salud, es trabajo, es alegría, los nuestro es una pasión”, asegura Victoria.   

 

           

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