No se leyó el fallo del caso Salvaresqui: sin las partes, la familia se informó en mesa de entrada

Por Redacción

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Producción: Lucio Rancez

Este lunes se dio a conocer el veredicto del juicio por el asesinato de Lucas Salvaresqui que condenó a 11 años de prisión a Juan Carlos Bustos padre y absolvió a los otros dos acusados.

El fallo del Tribunal en lo Criminal Oral Número 2 no se leyó en audiencia puesto que no se presentaron las partes en la sede tribunalicia: no estuvieron ni el fiscal Martín Pizzolo, ni las defensas de los tres acusados, encabezadas por Samuel Berdensky y Martín Marcelli.

Solamente se hicieron presentes los familiares y amigos de la víctima que se mostraron muy desilusionados por esta situación primero y luego por el veredicto de los magistrados, ya que esperaban una condena mayor para todos los imputados.

En Tribunales de Azul se aclaró a infoeme.com que esta situación es muy común, sobretodo cuando las partes tienen seguras presunciones sobre la resolución: casi ningún fallo se lee porque, en general, las partes no asisten a la audiencia.

Los magistrados configuraron el caso como homicidio simple y desestimaron los agravantes –premeditación y alevosía- propuestos por la fiscalía.

El presidente del tribunal, doctor Gustavo Aburdarham, señaló en su fallo que el único agravante considerado era el del uso de arma de fuego: “valoro como agravantes de la conducta del imputado, la circunstancia de haber cometido el hecho mediante empleo de un arma de fuego. No cabe valorar como agravantes el desprecio por la vida humana propuesto por la Fiscalía pues tal circunstancia está contenida en la escala penal fijada para el delito, en el tipo penal de los delitos contra la vida humana”.

En el mismo veredicto, que ratificaron los doctores Alejandra Raverta y Gustavo Echevarría, los magistrados dejaron de lado las consideraciones sobre el hecho de que el homicidio se cometiera en barrio 104 Viviendas y de que Bustos padre hubiera incurrido en contradicciones en sus declaraciones testimoniales: “en relación al lugar de comisión del hecho cabe desestimarlo pues la parte proponente no ha demostrado de que manera dicha circunstancia es reveladora de un mayor reproche penal. Por último en cuanto a la propuesta de la fiscalía de valorar como agravantes la mendacidad en que incurriera Juan Carlos Bustos al prestar declaración durante audiencia de debate, cabe desecharla pues no sólo la versión otorgada durante el juicio no presenta variaciones sustanciales con los dichos vertidos durante la investigación penal preparatoria sino que además, ‘es mayoritariamente en la doctrina nacional y extranjera, el rechazo sobre la posibilidad de agravar la pena por el silencio o la mendacidad del imputado durante su declaración’”, sostuvo Aburdarham.

La declaración del único sentenciado

Juan Carlos Bustos padre expuso ante el tribunal que hubo un forcejeo con la víctima antes de que él efectuara los disparos.

El único sentenciado por el caso habló de la participación de su hijo en los hechos y asumió toda la responsabilidad de lo sucedido. La declaración completa:

“El día 14 de mayo de 2008 llego siendo aproximadamente las 16:00 horas a mi domicilio proveniente de mi trabajo que hago por cuenta propia, que era en una quinta. Que a las dos horas más o menos yo estaba en mi casa. Mi señora va a hacer los mandados a la despensa que queda a una cuadra y media, en Independencia y Pueyrredón. Que a los escasos minutos regresa a mi casa llorando y me dijo que la habían golpeado y le habían robado el dinero, alrededor de 100 pesos.

“En ese momento me describió al único sujeto que le había robado, siendo éste uno rubio, flaco, alto, que se hallaba vestido con pantalón largo y campera, estilo deportiva creo que era azul y negra o rojo y negra con gorrita blanca, y joven. A este sujeto yo ya lo tenía de vista porque vive enfrente, paraba o vivía o estaba siempre en una de las casas tipo departamentos. Estos sujetos viven haciendo ilícitos por la zona.

“Entonces decido salir a hablar con él para que me devuelva la plata. Ahí recién me acompaña mi hijo y me dirijo al club, porque no me animaba a ir a hablar sin armas, porque estas personas son violentas, son delincuentes y siempre andan de a varios.

“En mi trabajo estable, que era en el Club Estudiantes de Olavarría, había un arma en mi garita porque era sereno de allí, desde hace catorce o dieciséis años mas o menos. Dicha arma era un 22 largo marca Doberman, que estaba cargada, porque siempre estaba cargada, y lo agarré, me lo puse en la cintura al lado derecho y me dirigí a mi casa a bordo de mi auto que es un Renault 6, color cremita, junto a mi hijo.

“Me equivoqué y doblé en Azopardo y a la cuadra y media me los encuentro que iban ellos hacia Ituzaingó. Eran tres, siendo Guillermo Arce, el otro no se quién era y el tercero es con quien tuve el problema, a quien le decían “el polaco” y que tenía también otro apodo más del que no recuerdo, pero creo que era “Nary”.

“Me bajo a hablar con él (con Nary). Cuando me bajo a hablar en buenos términos ellos no vieron que yo tenía el arma en la cintura, por lo que éste apodado “el polaco Nary” me empieza a decir cosas “...gato... vení que te voy a poner...” y diversos insultos más. Y en ese preciso instante es donde quiebra la botella de cerveza que llevaba en la mano izquierda, quedando trozos de vidrio oscuro por el piso, y él en su mano con el pico con punta.

“En ese preciso instante es donde se me viene encima y me quiere cortar a la altura del cuello o la cara mía y es ahí donde yo le agarro la mano, y comienzo un forcejeo.

“Yo extraigo el arma que llevaba en la cintura con mi mano derecha y efectúo dos o tres disparos al piso para intimidarlo y que se corra, porque yo no le quería pegar a él, quería que se corra porque yo estaba rodeado por los otros sujetos. En ese momento me caigo al piso producto del forcejeo y se ve que allí ese sujeto ya tenía algún impacto. Ahí se bajó mi hijo del auto gritando “Basta papá...” y me retiré del lugar porque se me vino el barrio encima”.