Los autores del estudio descubrieron que, de todas las células del cerebro sensibles a la glucosa, hay por lo menos un tipo que incide en la homeostasis (sistemas de autorregulación química) de los niveles de glucosa de todo el organismo. Si estas células se excitan, mejora la asimilación de azúcar en todo el cuerpo. En cambio, si se inhiben, esta asimilación decae. Cuando hay obesidad y dieta hipercalórica, la actividad de estas células cae bajo mínimos.
Las neuronas en cuestión son las pro-opiomelanocortinas (POMC), presentes donde se originan muchos de los circuitos que controlan los impulsos de la ingesta. Los investigadores inhibieron la POMC en ratones y comprobaron que al hacerlo descendía la asimilación general de glucosa, disparando los síntomas de diabetes y de obesidad.
La diabetes de tipo II es aquella en que el cuerpo no tiene bloqueada la producción de insulina, pero sí la capacidad de procesarla normalmente. Aparece entonces lo que se llama resistencia a la insulina. Al detectar que a la glucosa le sigue costando acceder a las células, el páncreas se esfuerza cada vez más por producir insulina. Ello puede provocar el colapso del páncreas.
Esta diabetes es más propia de adultos que de niños, porque está más asociada al sobrepeso y es, por lo general, inducida por él. Sin embargo, la cosa empieza a cambiar porque la obesidad es una amenaza cada vez más extendida entre la población infantil. Actualmente, entre el 8% y el 45% de los niños sufren diabetes de tipo II.
