Durante los últimos años, cuando surgía una duda o había que resolver una actividad para la escuela o la facultad, Google era una de las primeras opciones. “La escuela ayudaba a construir criterios de cómo usar Wikipedia y qué herramientas aplicar para evaluar la calidad de una página web. Ese proceso lo realizábamos las personas” explicó Exequiel Alonso, Doctor en Comunicación y docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNICEN, que entiende que este cambio forma parte de una transformación más grande en las maneras de informarse y construir conocimiento.
Desde 2022, las plataformas de respuestas automáticas han ganado terreno en el mundo tecnológico y comenzaron a cambiar las reglas de juego. “Los modelos de inteligencia artificial pueden reemplazar parte de ese proceso de evaluación”, advirtió Alonso. El problema aparece cuando se acepta una respuesta sin detenerse a comprobar si la información es correcta o de dónde proviene. Lo que antes implicaba buscar, comparar y seleccionar fuentes puede quedar resumido en una consulta y una respuesta automática.
En ese sentido, el docente señala que el desafío no consiste únicamente en aprender a utilizar estas herramientas, sino también en sostener una mirada crítica sobre sus resultados. “No basta con evaluar la calidad de la información, también hay que comprobar que aquello que presenta un modelo de inteligencia artificial exista realmente”, explicó.
Una de las formas de hacerlo es pedirle a la herramienta que indique sus fuentes y después consultarlas. Revisar quién produjo el contenido, qué institución lo respalda y si los datos pueden verificarse permite evitar que una respuesta aparentemente convincente se tome como verdadera sin ningún tipo de comprobación.
Los cambios llegan en la manera en que los estudiantes aprenden y resuelven sus actividades. Para Alonso, la diferencia está en que la inteligencia artificial permite delegar procesos que antes requerían una participación, es decir, “nos invita a delegar tareas y procesos que antes realizamos por nuestra cuenta”, sostuvo.
Resolver una tarea no es lo mismo que aprender
La posibilidad de obtener una respuesta inmediata entra en tensión con los tiempos que requiere el aprendizaje. Leer, comprender un tema, equivocarse y volver a intentarlo son parte de un proceso que no siempre ofrece resultados rápidos. Sin embargo, son esas instancias las que permiten apropiarse de los conocimientos.
“Aprender algo no suele ocurrir de inmediato. Implica equivocarse y aceptar el error como parte del proceso”, señaló Alonso. Por eso, resolver una actividad no necesariamente significa haber aprendido. La respuesta puede estar terminada, pero la pregunta es cuánto de ese recorrido hizo el estudiante por su cuenta.
La incorporación de tecnologías en la educación no es nueva. Sin embargo, para el Doctor en Comunicación la inteligencia artificial presenta un desafío diferente y que las instituciones educativas todavía están procesando sus implicancias. “Creo que todavía estamos en un momento de cierta perplejidad”, afirmó al referirse a la preparación de las escuelas secundarias y las universidades frente a estas herramientas.
Para el profesional, la discusión implica pensar qué lugar ocupan los estudiantes en la construcción del conocimiento y cómo evitar que la rapidez de estas tecnologías desplace los procesos necesarios para aprender.
“La inteligencia artificial está diseñada bajo una lógica de eficiencia, puede resolver algo más rápido o hacerlo por nosotros”, explicó y recalcó que frente a esa lógica, la educación tiene otros objetivos que es “formar personas capaces de construir criterios propios y participar de la vida en sociedad”.
