El PJ, el Hospital y el mando: claves del inicio de gestión

Por Redacción

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Marcelo Oliván / infoeme.com

Sábado cálido, pero fresco. Domingo tal vez también, aunque el pronóstico del Servicio Meteorológico, como el Indec, la pifia bastante seguido. Febrero ya transcurre, y a medida que marzo se aproxima el talento de gestión gana peso definitorio sobre el ánimo recreativo, y sobre la comunicación política, tan cara al Gobierno municipal. “Está todo bien, pero ahora hay que gestionar en serio”, dicen cerca de José los que no se ilusionan con el veranito. “A José le salió bien la movida con Alicia, pero ahora van a tener que hamacarse para ganar la interna”, saludan como amenaza desde el PJ, en la voz mordida de quienes llevan el cuchillo entre los dientes. “El Hospital ya es un caos de nuevo”, analizan con cuotas equitativas de datos objetivos y deseos personales varios observadores externos, generalmente politizados, generalmente con conocimiento en materia médica, que exageran pero que no mienten.

Esas tres variables (el eseverrismo en el PJ, los pormenores de la gestión y el Hospital municipal) son las que van definiendo algunos de -y tal vez no todos- los ejes del Gobierno comunal, junto a la administración de los pequeños conflictos de coyuntura. Datos relevantes hay varios, aunque no todos coinciden en cuáles los son más o cuáles menos. Punto por punto, los ítems mencionados pueden responder al siguiente patrón.

El baile de los incorregibles

Es probable que cuando Jorge Luis Borges dijo que “los peronistas no son ni buenos ni malos; son incorregibles” no confiara tanto en el pronóstico de su sentencia como para saber que medio siglo después no los podría corregir ni siquiera el peronista con mayor visión estratégica y dotes tácticas después de Juan Domingo Perón.

Néstor Kirchner parece haberse convencido de que su gran herramienta electoral es (será) el PJ y hacia allí ha orientado su mirada, en la faz previa a la de apuntarle los cañones.

En Olavarría, en la Provincia, en la Nación, los peronistas lo ven. Algunos antes, otros más tarde. El acuerdo con Roberto Lavagna les indicó a todos los pejota lo mismo: cuiden el sello, que pesa cada vez más. En Olavarría siguen el proceso: Alicia Tabarés (que preside el partido), Miguel Santellán, Mario y Silly Cura, Alberto Hernández y Jorge Larreche.

Allí se superponen varias capas de realidad. La primera es la que desvela a todos: las internas para cargos partidarios. Todos los sectores del PJ que no están en el oficialismo miran la instancia electoral como la oportunidad de arrebatarle a Alicia Tabarés el escudo partidario, la clave de su alianza con José Eseverri en la Concertación Plural que gobierna Olavarría. Aunque ya veremos con qué distribución de poder lo hacen los aliados.

Como haremos con el resto de los temas, el capítulo de la interna puede desgajarse en otros títulos.

La interna y los sectores que la componen. La elección para distribución de cargos en el PJ, si se hace, será cerrada. Allí hay que ver qué peso tienen los aparatos en un contexto que ya no es de crisis laboral (y por lo tanto la fuerza de la relación con los patrones políticos es menor), con qué padrones se hace la elección y cómo se paran los sectores de un justicialismo con vocación de fragmentación, al punto que la suma de sus votos gana pero todos sus candidatos por separado pierden.

La interna es después de la elección del congresal nacional. Kirchner tendrá en el Congreso Nacional del PJ centenares de congresales. Ocho de ellos serán de la Séptima Sección, uno por ciudad. En el PJ de Alicia Tabarés ya tienen nombres que se guardan en reserva, pero la verdad es que la elección se hará de arriba hacia abajo, y no al revés. El congresal del PJ tendrá un cargo bastante simbólico, pero en un PJ como el de Olavarría (que se complementa con un Gobierno K que no es peronista) el kirchnerismo se cuidará bien de no poner a nadie que tenga vuelo propio ni aspiraciones de confrontar con quienes ostentan votos. Y, si se puede, el congresal a elegir debe servir para que todo el PJ esté adentro. ¿Se puede en Olavarría?

La relación entre el Ejecutivo de José Eseverri y el PJ de Alicia Tabarés. Es un misterio porque ellos dicen que entre sí se llevan bárbaro, pero José no deja de ocupar todos los espacios y de comerle territorio a la legisladora. Primero fue la cuota escasa de representación en el Gobierno municipal que se le dio al “alicismo”. Luego fue la recuperación de las manzaneras –birladas de un plumazo de las manos del curismo- que pasaron a jurisdicción del eseverrismo pero de ninguna manera volvieron a los brazos de Alicia Tabarés. Y ahora es José Eseverri el que entrega pensiones en mano, una tarea que supo ser de Alicia –sin foto- pero que ya no es.

El elefante blanco

De todas las áreas que han elegido como blanco los adversarios reales o presumidos del eseverrismo, desde que José Eseverri asumió, la que mayores flancos reales mostró es el Hospital Municipal. Conviene precisar de qué manera esto es así, como para no darle sin más la razón a los que ven el asunto parcialmente, tanto para negar todo (“sólo hay problemitas de coyuntura”) como para anunciar el cataclismo dentro de un rato (“el Hospital es un caos y estalla en cualquier momento”).

Desde que asumió el nuevo Gobierno el Hospital quemó etapas rápido.

Prescindieron del administrador y titular del Coceba Roberto Puentes, pusieron a Nora Gelso en su lugar (y le dieron el Siamo y la administración contable, tal vez un peso demasiado grande), colocaron a Gastón Seambelar como director adjunto, hubo una aproximación al ex director Héctor Cura para tentarlo como asesor permanente honorario y nombraron luego a Seambelar interventor del Hospital de Hinojo.

En el medio se decidió licitar el servicio de anestesias, y José Eseverri –aunque nunca se anunció ni fue confirmado- definió un ajuste en el centro de salud, que hará ruido en los planteles médicos.

Pero el viernes pasado el adjunto Seambelar renunció y –como anticipó este Diario- el profesional se fue de vacaciones dejando una razón oficial para su salida: el supuesto deseo de volver a la actividad privada, más redituable. Pero había otro motivo, de fondo: su negativa a ser la cara y el pecho de un ajuste de varias decenas porcentuales en sueldos y beneficios profesionales.



Reunión con la Ministra de Infraestructura de la Provincia. Eseverri, un
Vitale central, Tabarés de espalda y hasta Martín Ferré: ¿Margarita dónde está?


Esta semana esos hechos se volvieron a corroborar, en una catarata de versiones que pueden traer novedades inminentes. ¿Será cierto que un traumatólogo muy conocido está con ganas de irse? ¿Será cierto que a otro profesional renombrado en el Hospital ya le cortaron la productividad y está que arde? Seambelar, es claro, no quería ser la cara ante estos conflictos, y no sabía que ése iba a ser su rol cuando le dieron el cargo.

Ahora bien ¿es totalmente cierto que no será reemplazado en su cargo de aplicador de políticas de ajuste? Lo es medias. Si se piensa en un reemplazo para el mismo cargo, es cierto que no habrá sustitución. Pero también es verdad que el elefante blanco del Hospital no puede ser cargado en las espaldas de Alfredo Waimann. Y que Marisa Montani, ausente desde que asumió, no alcanza para sostenerlo en la tarea de ajuste que se viene. Y que Nora Gelso ya tiene demasiados dramas con los ítems contables como para apoyar políticamente las podas.

¿Qué hará el Ejecutivo, entonces, para sustituir a Seambelar? Ya está decidido que a Waimann lo empieza a apoyar cuanto antes un consejo asesor que estará conformado por Mario Galarza, Osvaldo Mariano y Carlos Serrano. El comité asesorará, no se perderá en burocracias pero está muy lejos de ir al frente y anunciar las malas noticias. Va a colaborar en la “optimización” de recursos pero se mantendrá a buena distancia de los “optimizados”. Ante ellos, muy probablemente, irá a tocar el timbre Waimann.

La tarea no es menor, aunque algunos quedaron entusiasmados luego de hablar con José. “Entiende del tema Hospital, sabe bien qué es lo que hay que hacer y dónde tocar y tiene la mano para hacerlo”, se entusiasmaron. Pero ninguno desconoce que el tomógrafo no anda, que servicios vinculados a neonatología están en el aire, que el otro día faltó aceite por problemas simples del registro de compras, que los anestesistas vienen prestando un servicio provisorio con algunas operaciones que vuelven para atrás y que la licitación no está lista.

“Son problemas coyunturales”, calman y se calman. Otra realidad es más auspiciosa: no es el contexto de crisis hiperinflacionaria y recesiva que jaqueó a Juan Manuel García Blanco. Nada puede ser como aquel cóctel de desgobierno y falta de recursos. Igual, esperemos.

La gestión del par único

¿Recuerda, lector, aquellos cercanos y lejanísimos tiempos en los que en Olavarría gobernaba un Triunvirato visible y claro? ¿Rememora la primera aparición pública en el Salón Rivadavia, durante la presentación de una carrera atlética? ¿Le quedan remanentes mentales de José Eseverri flanqueado por el presidente de bloque Héctor Vitale y el intendente interino Julio Alem, de buzo y sonriente? Bueno, no lo recuerde más: ese trío ya no existe.

De un modo progresivo y tan claro como lo anterior, el Gobierno municipal se va concentrando progresivamente en las manos de dos dirigentes que, ahora sí, son los que tienen las chapas más lustrosas sobre sus escritorios: el intendente José Eseverri y el ahora Jefe de Gabinete Héctor Vitale.

Desde el momento en que asumieron sus cargos, ambos no dejaron de concentrar la mayor cuota de visibilidad. Pero desde el momento en que algunos conflictos asomaron en el Gabinete, entre funcionarios viejos y nuevos, o entre recién designados, el dúo no se hizo solamente preponderante: se hizo excluyente.

Es probable que ambas cosas hayan tenido que ver: la asunción de los cargos formales (que responde a un trazado estratégico de meses) y la necesidad de contener a un grupo que, dos por tres, muestra que el nivel de sus broncas intestinas y las ganas de pegarle cuatro gritos a otro funcionario son sólo inferiores al temor que le tenían a Helios Eseverri.

Sin “El Viejo” en el despacho no confrontan con José ni le discuten liderazgo, pero no se contienen. La titular de Desarrollo Social Patricia Seijo y su director de Deportes Gabriel Rosatto apenas se toleran, y en la segunda reunión plenaria de secretarios, subs y directores “el profe” hizo uso de la palabra y destripó leve pero claramente a su jefa; Seijo tuvo más tarde un conflicto entre profesores rasos de educación física por problemas gremiales que por poco no llegó a las manos; nadie, absolutamente nadie en el Gabinete pone en duda que la semana que pasó Nora Gelso discutió feo con el secretario de Hacienda Miguel Scalchi en el despacho del abogado: varios se recelan y las tensiones son innumerables.

José (y Vitale) no piensa dejar que sea el frente interno el que le complique la vida. De a poco, y como quien no quiere la cosa, la segunda línea va saliendo de las fotos, como los chicos que se pelean y se quedan sin postre. Puede haber también algo de sobreactuación, en un Gobierno que ha decidido que la comunicación política, sobre todo la gestual ocupe un lugar central en la gestión.

Pero hay otro dato de contexto: las legislativas del año que viene, donde el eseverrismo quedará a prueba en varios frentes. Y Vitale será uno de los que más pondrán en juego en ese momento, como responsable de lo hecho y como proyección en listas donde no estará José.

Veamos dos casos y, tercero, un indicio fuerte. Todo marca lo mismo: Vitale está en franco ascenso y hasta en su grupo ya se animan a pronosticar que será el candidato a senador 2009 del eseverrismo.

I). Esta semana el equipo de Gobierno viajó para entrevistarse en La Plata con la ministra de Infraestructura Cristina Alvarez Rodríguez. En la foto estuvo la dupla central Eseverri & Vitale, y solamente pudo sumarse a la foto con la funcionaria la diputada provincial Alicia Tabarés. Incluso estaba allí el presidente de Diputados de la Provincia (elegido por la Séptima), Martín Ferré. La ausencia de la secretaria de Infraestructura Margarita Arregui en la foto de prensa era el brillo más notable de la imagen.

II). Entrega de pensiones sociales del IPS, las ya mencionadas que dejaron de salir de las manos de Alicia Tabarés. Las dio en mano José, que según la gacetilla oficial “se encontraba acompañado por los secretarios de Jefatura de Gabinete, doctor Héctor Vitale; de Asuntos Legales y Administración General, Carolina Szelagowski”. Alicia Tabarés, dijimos, ya no figura en esas instancias. Pero ¿y la secretaria de Desarrollo Social Patricia Seijo?

III). Este jueves los vecinos del barrio Juan Martín de Pueyrredón cortaron las tareas de asfaltado en reclamo de más cuadras pavimentadas. El que contuvo el reclamo fue Vitale, el que negoció y mejoró la oferta fue Vitale y el que va a recibir los papeles para la conformación de la Junta Vecinal del sector es Vitale. No Horacio Hohl ni Raúl Khun.

La salida de Alem del entorno central de José Eseverri es más que evidente, del mismo modo que el mandatario ha rotado la cercanía de “Chango” por la del consultor y asesor político Luis Mosquera. Mosquera es el referente claro de cada campaña electoral, basado en la realización de sondeos de opinión pública que el oficialismo considera infalibles, y que dado los resultados no arrojan elementos que desmientan esa opinión.

Pero en las imágenes de los Corsos Oficiales el dato central (y la pregunta de cuanto observador anduviera por las adyacencias) ¿qué hacía Luis Mosquera sentado a la derecha de José Eseverri, incluso anticipando en la diestra al mismísimo Héctor Vitale?

El eseverrismo toma en sorna estas interpretaciones, asegura que se trata de lecturas maníacas, que nada de eso sucede. Tal vez. O tal vez el poder local vaya mutando su armadura, ahora que viene la etapa de gestión más dura y la oposición –dicen- se despereza.