Emilio Moriones - Jorge Scotton / infoeme
“Hay recuerdos que no voy a borrar. Hay cosas que no voy a olvidarâ€, narra la letra de “Brillante sobre el micâ€. Fito no la cantó esta vez, pero fue como si lo hubiera hecho para que esas palabras estremecieran a cada una de las personas que sobre el final del año, en la plácida noche del miércoles, vieron un concierto inolvidable en la sala colmada del Teatro Municipal.
De traje pero con un estilo casual, Fito Páez salió al escenario puntual, apenas pasadas las diez de la noche y enseguida buscó la complicidad del público. Entonó “Y dale alegría a mi corazónâ€, nada menos, y le pegó algunas estrofas de “Tema de Pilusoâ€, que Fito escribió en homenaje a Alberto Olmedo. Siguieron las canciones “Cable a tierra†y “11 y 6â€. Fue la primera conexión fuerte entre el rosarino y la gente.
Parecía mucho más, pero iba un cuarto de hora, y Fito con su piano, solamente, ya había logrado crear un clima perfecto, íntimo. Sonó el tema “Thelma y Louis†y atrás “Llueve sobre mojadoâ€, la letra que el músico compartió en un dúo con Joaquín Sabina, años atrás.
Para continuar evocó canciones insustituibles del rock nacional, de Sui Generis y Charly García: “Canciones que escuchaba de pibe y me identificanâ€, dijo. Incluyó en el repertorio las versiones de “Canción para mi muerteâ€, “Bienvenidos al trenâ€, “Tuve tu amor†y “Los dinosauriosâ€.
Fito volvió a sus letras con “Tumbas de la gloriaâ€, considerada una de las mejores canciones de rock en castellano, y “Un vestido y un amorâ€, coreada en toda la atmósfera de la sala, tanto que el músico abandonó el piano un instante y se paró en el centro del escenario, cual director de orquesta, para compartir ese momento mágico con el público.
El piano de nuevo lo acompañó en los clásicos que siguieron: “Al lado del caminoâ€, “Ciudad de pobres corazones†y “A rodar mi vidaâ€, con el que comenzó a despedirse.
Dejó el escenario para volver un minuto más tarde con la ovación de la gente, más cómodo, sólo con remera y saco. Pidió silencio y volvió a pararse frente al público. Bastó la primera estrofa para el silencio absoluto del cual emergió una magnífica versión a capela y sin micrófono de “Yo vengo a ofrecer mi corazónâ€. “Quién dijo que todo está perdido, punto. Yo, punto. Igual vengo a ofrecer mi corazón aquí en Olavarríaâ€, remató. Pudo terminar así y nadie se hubiera quejado.
Pero Fito, con la generosidad de los artistas consagrados, cantó otros dos hits de su carrera: “Dar es dar†y “Mariposa tecknicolorâ€. Ahí recién se despidió hasta siempre, una hora y media después, con el último acorde de su piano.
