Mauro Szeta, especial para Infoeme
Durante todo este tiempo, Carlos Burgos, un chico de 20 años, de pasado tumbero, y de padre también ligado al delito, fue acusado de ser el autor material del disparo que baleó a Carolina Píparo, a la salida de un banco en La Plata, y le causó la muerte de su bebé Isidro.
Desde el día 1 de esta historia, Burgos juró y recontrajuró que era inocente, y denunció que le habían armado la causa en su contra. Pocos lo escucharon. Ahora, después del juicio, y como las pruebas se fueron cayendo una atrás de otra, el fiscal Marcelo Romero desistió de acusarlo.
La noticia tiene un aspecto positivo y otro preocupante. Pocos fiscales desisten de acusaciones, a pesar de que saben que no hay pruebas contra un acusado. Prefieren acusar igual y que sean los jueces de Tribunal los que le digan que el reo, que de reo nada tiene, es inocente.
En este caso, Romero fue el que, basado en las pruebas policiales, mandó a detener a Burgos desde el día 1, y sostuvo hasta el juicio, que se trataba del autor del disparo criminal. Como pruebas argumentó el reconocimiento positivo de un electricista que, junto a su mujer, persiguieron a la banda de motochorros, ni bien se había consumado el ataque.
Desde el vamos, Burgos, dijo que el reconocimiento por parte del testigo había sido inducido. Denunció que a él lo habían llevado engañado a la comisaría para citarlo por otra causa, y que en ese contexto, lo pasearon por delante del testigo, y lo indujeron a marcarlo.
De arranque Burgos se defendió con un argumento que parecía válido. Sus manos no habían disparado un arma ese día, algo que quedó probado con la prueba de parafina. En el inicio del caso, la mamá de Carolina no había reconocido en rueda de personas a Burgos como el autor del disparo. De arranque la prueba parecía nula o casi nula. Y así fue.
En el juicio, la propia Carolina tuvo la valentía de sacar a Burgos de la escena, y le dijo al Tribunal que en realidad el que le había disparado a ella era Carlos Moreno, otro de los presos de la causa.
Con esta declaración indubitable, el fiscal Romero bajó la acusación contra Burgos. Ni siquiera lo acusó de estar en el lugar y ser parte de la banda. En concreto, lo desvinculó de todo. Es cierto que en el mismo juicio, a Burgos, le pidieron 15 años de cárcel por otros asaltos, pero no por éste.
Así las cosas, Burgos estuvo acusado mucho tiempo de ser el asesino del bebé de Píparo. En la cárcel se ganó el nada amable apodo de “matabebés”. Ahora, si el Tribunal lo absuelve -todo indica que esto va a pasar-, habría que pedirle perdón y mandar a investigar si lo metieron en esta bolsa por confusión de los testigos, o si se trató de algo más grave: ni más, ni menos que una causa armada para colocar un chivo expiatorio en el caso que era tapa de todos los diarios y ponía en jaque al gobierno bonaerense y a toda la policía de la región.
