Mauro Szeta, especial para Infoeme
Anoticiados de la muerte de Arquímedes Puccio, los familiares de víctimas que murieron a manos del clan que éste fundó, festejaron, se pusieron contentos, celebraron. Visto desde su dolor, motivos tenían.
Con 84 años, Arquímedes Puccio murió en La Pampa. Su pasado criminal fue nefasto. Lo condenaron a reclusión perpetua por tiempo indeterminado por ser el cerebro y organizador de una banda dedicada a secuestrar hijos de empresarios para asesinarlos y cobrar rescates, igual.
Lo mas perverso de esta organización que operó en la década del 80, es que las víctimas eran conocidos de los victimarios. Para decirlo mas claro, los integrantes del clan Puccio secuestraban a sus amigos. No vacilaban. Secuestraban y mataban. Y después, cobraban rescates de 100.000 dólares por cabeza.
Rogelia Pozzi, viuda de Eduardo Aulet, una de las víctimas, celebró la muerte de Arquímedes. Su frase fue lapidaria: “este hombre me arruinó la vida, por suerte ahora hay un hijo de puta menos en Argentina”.
Guillermo Manoukian, hermano de Ricardo, otra de las víctimas del clan, habló en el mismo sentido. “Como no estar feliz. Se murió el tipo que nos cagó la vida a todos”, dijo.
La historia del clan es siniestra por donde se la mire. Tres secuestros extorsivos seguidos de muerte. El cautiverio de las víctimas, en el chalet de los victimarios en San Isidro. Perversos por donde se los mire. Entrando en la historia de esta locura criminal, se entiende el festejo de los familiares.
Más allá de la muerte festejada, los familiares no olvidan su reclamo. “Puccio debió morir en la cárcel, y no en la calle. Lo habían condenado a perpetua, y sólo estuvo preso 23 años”, finalizaron.
