Este lunes al mediodía, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de la ciudad de Azul condenó a Oscar Conlon a la pena de prisión perpetua por considerarlo penalmente responsable del asesinato de su esposa, Nelly Garisoain viuda de Patané, en enero de 2012.
Los jueces Joaquín Duba, Martín Céspedes y Gustavo Borgui, hicieron lugar al pedido realizado por el fiscal azuleño Néstor Prado, quien llevó a cabo la acusación y en los alegatos había solicitado el pedido de prisión perpetua por considerar al hecho como “un homicidio doblemente agravado por el vínculo y por ensañamiento” contra la víctima.
Pese a la condena, por la edad avanzada de Conlon (es mayor de 70 años) la condena la purgará mediante prisión domiciliaria, la misma modalidad a la que arribó al juicio oral desde que se concretó su detención.
La prisión domiciliaria se mantendrá al menos hasta que resuelva el Tribunal de Casación si deja firme o no la sentencia.
En los fundamentos del fallo, los jueces indicaron que quedó demostrado que “en el interior de la vivienda sita en calle Maipú 2996 mediante la utilización de un palo de madera, del tipo de amasar, le aplicó intencionalmente a su cónyuge Nelly Luciana Garisoain Videla, varios golpes en distintas partes del cráneo y le realizó con una cuchilla un profundo corte a partir de la zona mandibular del cuello, con dirección de izquierda a derecha, desde el medio de la tráquea hasta la vértebra cervical, lo que le provocó su fallecimiento” expresa la sentencia.
También da cuenta del testimonio de los policías que arribaron a la vivienda y “encontraron a un señor que estaba sentado en la cocina, en la punta de la mesa, resultando ser el marido de la mujer que estaba tirada en el piso en el living”.
Seguidamente, uno de los efectivos da cuenta de cómo la coartada del robo esgrimido por el imputado quedó desvirtuada: “descartándose el móvil de robo” porque “entraron al garage, el cual se encontraba cerrado con llave y llevaron a cabo una inspección visual, no notando nada en especial, hasta que detectan la existencia de un entretecho en el cual había elementos ocultos y para acceder a los mismos, los cuales se recogieron, había que introducir el brazo hacia arriba y hacia atrás, como a contramano del cuerpo, ya que no estaban a simple vista sino escondidos” continúa.
Por su parte, la autopsia al cuerpo de la víctima llamaron mucho la atención del médico forense “por las heridas que presentaba en la cabeza, teniendo además lesiones en un dedo, en la cara interna del brazo izquierdo, una herida punzo cortante en región cigomática derecha, dos heridas cortantes muy profundas en región del cuello, con herida de degollamiento del medio hacia la derecha, lo que se acuerda muy bien porque era muy particular, ya que era tan profunda que llegaba al plano vertebral, es decir que prácticamente se podían ver las vértebras sin la utilización del bisturí o de abrir la herida”.
