Veinte padres de alumnos (la gran mayoría de primaria de la Escuela Normal) ocuparon hoy una oficina central de la Jefatura Distrital de Educación e increparon a la titular del área, exigiendo que intervenga en las amenazas de bombas que se suceden en los colegios.
“Le exigimos que garantice la seguridad y la tranquilidad de nuestros hijos en el colegio, para el dictado de clases y para que puedan ir y volver sin miedo, porque hoy por hoy hay psicosis”, le dijeron a infoeme.com-único medio presente- minutos antes de empezar la reunión.
La espera se debió a que en un primer momento Alves no estaba en el lugar y los padres coparon la oficina central de reuniones –la misma donde se convocaron hace días las autoridades educativas y policiales por este tema- y exigieron a viva voz que Alves se hiciera presente o no se iban a retirar del lugar.
Cuando la jefa distrital Alves llegó al lugar, prácticamente no la dejaron hablar.
“Le quiero decir que todo esto que viene pasando con las amenazas de todos los días es responsabilidad suya –le dijo una madre de uno de los alumnos, que abrió el uso de la palabra-, porque desde el primer momento no tomó las sanciones que debió tomar; lo único que se hizo fue acusar a nuestros hijos de huecos porque vinieron acá a pedir sanciones contra los autores: mi hija no es una hueca, señor: piensa por sí misma y se defiende sola sin que yo le diga nada”.
Alves casi no pudo meter bocado y cuando intentó hablar de responsabilidades compartidas sólo obtuvo mayor reprobación.
“Usted es la autoridad; usted tiene que dar las soluciones, porque los chicos están asustados y cuando se ponen el guardapolvo nos preguntan qué pasa si hay una bomba en serio”, le gritaron casi al unísono.
El tema es de compleja resolución en la medida en que los autores de llamados son muy difíciles de identificar, por provenir de teléfonos públicos o de otras fuentes imposibles de detectar.
“Tienen que poner policías en cada teléfono público”, le llegaron a proponer los padres. Otros preguntaron: “¿la policía les garantizó que en apenas un rato pueden estar seguros de que no hay una bomba? ¿quién se hace cargo?”, le preguntaron.
Como el ánimo contra Alves estaba muy caldeado, llegó en su apoyo la profesora de Educación Física Elisa Caldironi, quien pudo hablar un poco más que la jefa dsitrital, pero no mucho.
“Procedimos como lo hicimos porque no podemos expulsar a chicos del sistema educativo, somos responsables los grandes y hay adolescentes y familias involucradas; hicimos lo que creímos mejor y en este tema no hay nadie que pueda permanecer ajeno: todos somos responsables, nadie puede hacerse el desentendido”, ensayó.
Sirvió de poco, porque los padres no estaban dispuestos a escuchar razonamientos.
Algunos dieron media vuelta y emprendieron la retirada con frases como “no nos van a dar respuestas; es una pérdida de tiempo”.
Otros directamente se pararon y se pusieron cara a cara con Alves, exigiendo respuestas ante la propagación de casos de amenazas “en broma” sobre bombas en las escuelas locales.
