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"Me salvaron las pibas, que me cuidaron, me fortalecieron y lucharon"

En nuestro país, sólo en octubre, murió una mujer o una compañera trans/travesti cada 23 horas. Este 25 de noviembre: "Día de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres"  invita a pensar, reflexionar y luchar por los derechos de las mujeres y disidencias. Nos encuentra en la ardua tarea de visibilizar a las minorías que han sido relegadas por décadas. Una jornada de escucha para trabajar no sólo hoy, sino todos los días. 

Por Luciana Pedernera

lpedernera@infoeme.com.ar

 

Veinte minutos separan mi casa del trabajo, en bicicleta, todos los días –mejor dicho- cuando la pereza no gana es mi recorrido, pero hay algo de lo que estoy segura y es una realidad: nunca vuelvo sola, para no volver de noche a oscuras, porque uno nunca sabe "qué es lo que puede pasar: tal vez nada o tal vez todo”, salir y vivir con miedo, pienso en qué podríamos hacer para que eso no pase más y para que dejemos de ser nosotras las que no tengamos que “cuidarnos” al límite de escondernos para seguir viviendo.  

 

El Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”, que dirige la Casa del Encuentro en Argentina, informó que desde el 1 de enero hasta el 31 de octubre de 2021, hubo 227 femicidios, lo que dejo a 255 hijos e hijas sin madre, de los cuales el 60 por ciento de ellos, son menores de edad.

 

Escribir de nosotras y de lo que nos pasa todos los días, del dolor, la angustia y de la carga, de la necesidad de gritar “¡basta!” y de dejar de preguntarnos “¿hasta cuándo?” es difícil, porque con tan sólo mirar los datos de octubre queda de manifiesto que la violencia machista se llevó al vida de una mujer o una compañera trans/travesti cada 23 horas en el país. Esto nos sostiene a gritos que algo está fallando, y que nada parece ser suficiente.

 

Constantemente se insiste en que nuestro deber como periodistas es comunicar, informar, pero sobre todo cuidar, dar voz a las mujeres y disidencias, a las minorías que generalmente permanecen invisibilizadas. Conocer, reconocer y denunciar las diferentes maneras en las que se ejerce la violencia en nuestra sociedad.

 

Eso significa hablar de quienes a diario luchan en soledad, y en condiciones que no siempre son las mismas para todas. Aunque la violencia de género es transversal y está presente en todos los ámbitos y estratos sociales, no todas lo sufren de la misma manera y con acceso a asistencia e igualdad de oportunidades que las demás. En mi caso particular, la distancia ha sido un desafío de mi formación profesional: intentar darle voz a las mujeres rurales.

 

“Como siempre, sin distinción de campo y ciudad, tenernos entre nosotras sigue siendo la salida”, fue el mensaje de Mujeres Rurales Argentinas, desde donde, como en muchas otras oportunidades decidieron reivindicar la importancia de la sororidad, como pilar fundamental en una lucha tan necesaria hoy en día.

 

Decidir para cambiar

 

Me remito a algunos años atrás, cuando me encontraba saliendo de una relación signada por la violencia de género y elegí ser periodista y hacer periodismo. Atravesaba una de las situaciones más dolorosas que se puede vivir en la vida: deshabitar una relación violenta. Sentí el dolor de mamá, de papá, el de mi hermana y el de mi hermano por ver que todo se había apagado: ellos me salvaron, también me salvaron las pibas, que me cuidaron, me fortalecieron y lucharon.

 

Recuerdo eso y recuerdo a más de una persona decirme y casi acusarme por la elección de mi carrera: "Vos estudias periodismo porque te lo querés cruzar a él". Sí, yo sabía que inevitablemente en algún momento iba a volver a cruzarlo, la ciudad es chica, y trabajar en el mismo ámbito empeora las cosas. Hoy es mi colega, más de una vez lo vi a su lado con chicas más jóvenes, acto que me recordó a mí y mi fragilidad por aquel entonces.

 

Seis años después, desde acá, voy reconstruyendo cada pedacito de lo que fui, pero crecí y elegí ayudar, acompañar y dar voz. Porque aunque algunos siguen acusando de cliché el "yo si te creo" y "no estás sola", de alguna manera puedo ver, acompañar y abrazar las decenas de historias que llegan a la redacción y que no siempre son fáciles de tratar, por las diversas implicancias jurídicas y éticas, para evitar la revictimización, para cuidar a las protagonistas de las situaciones de violencia…

 

A pesar de estas dificultades, en lo personal espero, como muchísimas otras mujeres, que el próximo Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer no tengamos que lamentar un femicidio o tran/travesticidio cada 23 horas, que no tengamos que lamentar a 255 hijos e hijas sin madre, ni la “desaparición” de otro Tehuel, ni la “desaparición” de otra Guadalupe, ni otra Úrsula, ni otra Valentina, ni la decisión de otros jueces absolviendo a femicidas. 

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