“Era sacarnos de encima el peso de la enfermedad, eso me angustiaba mucho”

Infoeme volvió a hablar con Carlos y Sonia, los primeros olavarrienses en ser diagnosticados con Coronavirus. En las últimas horas, Sonia recibió la tan anhelada confirmación de que el Covid19 ya no está en su cuerpo, confirmación que su marido tuvo ya hace algunos días. Ahora la felicidad es completa.

“Dio negativo, festeja”. De tanto esperarlo y soñarlo ni supo cómo reaccionar cuando el doctor Germán Caputo se lo dijo telefónicamente. “Fue no parar de temblar por una hora y pico”, narró a Infoeme Sonia Mansur, quien hasta la jornada del pasado miércoles era la única persona en Olavarría que seguía dando positivo de Coronavirus. Junto a su marido Carlos Boileau habían sido los dos primeros casos, pero desde hace ya algunos días solo restaba que ella se terminara de curar.

 

El llamado lo recibieron minutos después de las 20. Los dos reconocieron que al hacerse tan tarde pensaron que no tendrían novedades o, peor aún, que había dado positivo nuevamente. “Perdí la cuenta”, narró acerca de la cantidad de test e hisopados a los que se sometió, una angustia que se extendía por alrededor de 48 horas hasta saber cómo le había ido. La buena nueva comunicada por el secretario de Salud fue el inicio del desahogo, en un llamado en el que también recibieron las felicitaciones y alegría del intendente Ezequiel Galli, con quien hablaron por algunos instantes. “Estaba muy contento, agradecido que habíamos cumplido y de cómo habíamos hecho las cosas desde el primer momento”, añadió.

 

 

Sin embargo, no olvida y aún está digiriendo lo que pasó durante las últimas semanas. “Fueron 67 días, los llevo contaditos”, señaló. “Cuando dijeron que Carlos había dado negativo y yo un positivo leve se me vino el mundo abajo, mucha angustia. Fue hasta sentir culpa por haber viajado, todas las emociones juntas, mucha angustia”, reconoció y puso el acento en la escucha y acompañamiento no sólo de su compañero de vida, sino también del personal de salud del Hospital.

 

El día a día pasó a ser aún más atípico ya que el pensamiento en su cabeza era “que yo seguía enferma y el no”. “Desde que salimos del hospital que dormimos en piezas separadas, cada cual tiene lo suyo, lo mismo con los utensilios, se repasa el baño cada vez que uno sale, recaudos sobre las superficies”, enumeró acerca de cómo era y aún es esa rutina.

 

“Volver a la normalidad”

 

Ahora sí, ya está, no hay nada ni nadie que lo impida, pero saben que hay barreras de las que no se ven y que deberán también sobrepasar para cruzar el umbral de la puerta. “Llamé a una amiga que es peluquera, creo que esa va a ser mi primera salida”, reveló Sonia mientras que Carlos también pasará por las tijeras pero adentro de su casa. Ambos se asumieron como personas caseras, que disfrutan estar en su domicilio, por lo que el aislamiento se les hizo llevadero, ya que casi no presentaron síntomas durante la cuarentena. “Pudimos salir y fue menos que una gripe”, explicó Sonia.

 

“Volver a normalidad… no lo sé, no nos hemos dado cuenta, no hemos pisado la vereda aún, lo que necesitábamos era sacarnos el peso de la enfermedad encima, la estigmatización de mirar el diario y que siempre estaba mi caso, eso me angustiaba mucho”, continuó. Jugar a las cartas, mirar televisión o pintar en el caso de ella fueron los pasatiempos preferidos. “No va a cambiar mucho la rutina nuestra, lo único hacernos cargos de las compras y sacarles el peso a la familia que era los que nos asistían”, continuó.

 

 

“Proyectar algún otro viaje”, reconoció también como un deseo a futuro. La pesadilla vivida hizo que el arribo a un lugar soñado quedara tapado por todo lo que sobrevino después. Era el viaje por el que habían esperado y trabajado durante todo un año, una historia común a la de casi todos. Esa motivación que hace que el esfuerzo diario tenga un estímulo más. “El lugar era un paraíso”, recordó, pero rápidamente contó que “llegamos el 16 al mediodía y el 17 nos llamaron de la agencia que teníamos que volver”.

 

Luego fue la odisea que vivieron la mayoría de los varados, con el aliciente que fueron unos pocos días, ya que el 20 estaba en vuelo hacia nuestro país. A la madrugada siguiente ya estaba en Olavarría, “a partir de ese momento no salimos hasta hoy”, subrayó. El penar atravesado también puede verse en la precisión de fechas y días de su relato. Recuerda que día fue, los horarios y cuánto hace de todo eso. “Nunca pensamos que se iba a desencadenar todo esto”, añadió y reveló que de ahora en más “haremos los ahorro y a último momento las definiciones”. Ese parece ser el aprendizaje y la moraleja, “valorar más el momento que uno vive, valorar más el ahora”, lo puso en palabras.

 

En lo positivo de la historia también puso al personal de salud del Hospital Municipal en todas sus áreas, que fueron quienes los “apuntalaron anímicamente”. En los agradecimientos incluyeron a otros funcionarios pero también a la familia y vecinos del barrio Uocra, que estuvieron “sufriendo a la par de uno”.

 

 

Como lamentablemente se experimentó, la situación también tuvo su lado negativo a partir de la irracionalidad y falta de empatía de un sector de la comunidad que fue partícipe de una hostilidad que cuesta tanto describir y aún más justificar o entender. “Uno no va a elegir enfermarse o querer enfermar a nadie”, explicó Sonia, como si hiciera falta hacer tal aclaración. Inclusive asumió que llegó a preguntarse “qué fue lo malo que hice, por qué me tengo que sentir culpable”, entre otra serie de interrogantes que pudo digerir gracias al apoyo de los más cercanos y el personal de salud municipal.

 

“Espero que la gente recapacite, aunque me queda la duda en el fondo de que lo haga. Hay mucha gente que apoya, que es la gran mayoría y lo agradezco, y el que no que recapacite, que nadie está libre”, finalizó.

 

“Que Dios los perdone”

 

Carlos dejó a Sonia la mayor parte de la conversación, sabe que ella es la que más tiene para decir o desahogar. Días atrás, cuando recibió el alta médica dialogó con Infoeme, agradeció la comunicación pero prefirió no hablar porque era una felicidad “a medias”. Ahora, ya más tranquilo y con la sensaciones “completas” y asume que “uno no se siente héroe de nada”, a medida que agradece el hecho no sólo de haberse curado, sino también de haber tenido los  recursos y posibilidades de hacer el aislamiento sin que les falte nada.

 

 

Es difícil hablarlo al tema”, analiza consciente de realidades mucho más duras y que se repiten a diario en todo el país y el mundo. “La gente tiene miedo y lo comprendo”, añadió y da rienda suelta a sus propios temores, la mayoría sin respuesta cuando refieren a cómo seguirá todo de ahora en más.

 

“Me estoy preparando, hace horas que me estoy preparando para salir, pero no encontré motivo para salir”, se sinceró. Por el momento son dos las preocupaciones y ambas las resolverá en su casa. El pelo y el pasto del patio. “Acá no hay política que valga, quiero destacar del intendente para abajo, o del que maneja la ambulancia para arriba, como lo quieras poner vos”, refirió en los agradecimientos. Sobre aquellos a los cuales no hay nada que agradecerles solo dijo “que Dios los perdone. Nosotros rezábamos todos los días para que nadie se contagie, teníamos la mochila de que si algo pasaba era culpa de nosotros”.

 

Por último, señaló que lo que más añora de la vuelta de la normalidad es poder reunirse con su familia, “darle un abrazo a mi viejo que tiene 89 años, a mis hijos, mi hermana. Somos muy familieros”, concluyó mientras asumía extrañar las comidas de los domingos, almuerzos de los que también toman parte familiares de Sonia.

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