Lo que se juega en la elección y lo que los candidatos no dicen

Por Redacción

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Marcelo Oliván / infoeme.com

Supongamos que uno, como elector, es minucioso y trata de determinar cuál es el criterio que un postulante muestra acerca del giro a la izquierda en su plataforma electoral para la Intendencia. O que trata de desentrañar, en ese mismo panfleto de ocasión, qué línea bajará en seguridad, o qué especies apuntalará en La Máxima, o qué relleno le parece más adecuado para los baches. O dónde pondrá un dique. O en qué momento hará volar en pedazos el puente de la Colón, por sólo nombrar dos hechos hipotéticos en materia de obra pública recreativa.

Esa preocupación por el detalle está muy bien, del mismo modo en que es correcta la apreciación acabada de la apuesta moral y de la carga ideológica del plan y hasta de la trayectoria previa de cada candidato. Pero corre el riesgo de ser incompleta para analizar todas las variables que estarán en juego en la próxima elección.

Lo que en realidad está en juego en la elección del 28 de octubre a nivel local (y en su correlato respecto de las bancas que definirá el mismo voto) es el control de una de las maquinarias políticas y económicas más influyentes del centro de la Provincia de Buenos Aires. Si no la más influyente.

Salvo el Municipio de Tandil (que forma parte del corredor hacia la costa y por eso no pesa en las áreas sudoeste, oeste y norte) no hay otro Municipio en más de 200 kilómetros a la redonda de peso similar, y menos con dominio en el centro de la Provincia.

Y ese elefante a la carrera está en plena definición de monta, fallecido quien fue su conductor excluyente por más de 20 años.

Pero aún en semejante trance –curiosa e increíblemente- los candidatos a Intendente ni siquiera ensayan explicación alguna acerca de qué harán cuando tengan en manos semejante monstruo, que tiene directa implicancia en el desarrollo económico de toda una región, y que al mismo tiempo será la cuna y el trampolín de toda la dirigencia con algún futuro en la región.

Por eso, y cuando el silencio de los candidatos solamente es interrumpido por alguna cuestión menor como la cantidad de recitales que darán en primavera o el ADN peronístico del octavo postulante a concejal de tal o cual lista, conviene repasar un poco lo que está en juego: el aparato municipal.

Y, casualmente, lo que también define esa batalla: el aparato municipal, claro.

Como veremos.

Una estructura apetecible

El Municipio de Olavarría tiene un presupuesto que llegó a superar los 100 millones de pesos anuales. Proyectado ese monto con el incremento recaudatorio que debiera desprenderse solamente del aumento inflacionario (y una mayor presión impositiva) y con la ayuda de nuevas descentralizaciones, aportes especiales, un flujo financiero electoralista en 2009 y alguna obra adicional puede llegar a ser de 500 millones de pesos entre 2007 y 2011, el período que se dirime en las urnas dentro del instante impalpable de 15 días que pasarán volando.

Varios de esos millones se usarán en obra pública. Muchos se destinarán al pago de proveedores, que tienen una fuerte ligazón con la estructura municipal.

El resto servirá para pagar sueldos, becas y dietas a miles de trabajadores y a un puñado de funcionarios y concejales con salarios de lujo, que en todos los casos conformarán la cabeza de conducción del oficialismo futuro, sea del signo que sea a partir de lo que decidan las urnas.

Su poder de influencia política tampoco es menor. En todas las ciudades de interior existen solamente un puñado de figuras reconocidas por la gente: el intendente y los legisladores del pueblo.

Uno y otros entran en cada carrera electoral con la ventaja de un fuerte conocimiento social, muy por encima del resto de los mortales que aspiran a cuotas de poder concedidas por el voto. En los próximos dos años, el Municipio de Olavarría será una de las principales estructuras políticas de la región, y probablemente sea determinante en la Séptima Sección.

Empobrecida la estructura de Coopelectric, caído el poder del PJ provincial con sede en el Conurbano, fragmentado el radicalismo y convertidas en satélites las principales entidades deportivas de la ciudad, la Municipalidad local será el núcleo armador de la política del centro bonaerense, pero no solamente eso.

En los próximos cinco a diez años, Olavarría concretará el tercero de los cambios de modelo productivo en su historia reciente. El primero fue de partido agroganadero-ferroviario a enclave minero, el segundo de sede minera a ciudad de servicios y el tercero será de servicios terciarios a centro poli-productivo.

Desde hace meses, Olavarría está acumulando sedes de servicios financieros y comerciales que ni siquiera Tandil ve crecer con la misma intensidad. Si se concreta el enlace 3-226 a esos servicios habrá que agregarle los de tipo mecánico.

Se puede o no coincidir con los anuncios oficiales de inversión en diversas áreas, pero no es verso que los checos del holding Vitkovice revisaron a fondo el PIO y tienen en mente una inversión en la industria del acero de implementos complementarios para la molienda de piedra en las cementeras de la región.

Agreguemos más datos al respecto: en varias de las industrias que puede fortalecerse en los próximos años (alimentos, textil, servicios, comunicaciones, transporte y finanzas) el Municipio tiene bastante que ver.

Pongamos freno al optimismo y revisemos las falencias. Son también de dimensión millonaria. Hacer las cloacas en Loma Negra cuesta 5 millones de pesos sólo para empezar a hablar. La misma obra en San Vicente Sur es costosísima y hasta ahora el Municipio no pudo hacerla, a pesar de que el Gobierno nacional promete kilómetros de nuevas rutas en la zona.

Mantener el servicio de recolección de residuos en toda la ciudad y el de salud en sectores que siguen muy postergados y excluidos canalizará muchísimos recursos.

La responsabilidad política y económica de esa empresa no tiene atenuantes (por no mencionarla en términos sociales, culturales e institucionales) y sin embargo los candidatos mencionan poco y nada este capítulo de sus futuras responsabilidades. O de lo que piensan hacer cuando tengan semejante timón en la mano.

El aparato por el aparato

La escasez de discursos y propuestas donde se clarifique exactamente qué piensa hacer cada candidato con la fenomenal estructura que aspira a conducir es ya el déficit principal de la campaña que quedará en la historia como la bisagra tras más de 20 años de conducción comunal de Helios Eseverri.

Esa ausencia es el verdadero misterio electoral, y no el silencio de los candidatos, que bien podrían estarse callados en tanto aclararan cómo van a manejar las riendas del elefante municipal.

Pero al mismo tiempo, la llanura de los discursos proselitistas revela que el mejor modo de hacerse con el control del aparato municipal es tener el control del aparato municipal.

En ese sentido es el eseverrismo el que surge con todas las fichas sobre la mesa. Y también es el eseverrismo el que más gana cuando el resto de los candidatos no consigue instalar en la escena el verdadero centro de la discusión: cómo se va a utilizar la potencia política y económica del Municipio de Olavarría en los próximos cuatro años.

Ante ese déficit, el eseverrismo ya se ha apropiado de las cuatro claves para arrimarse al sillón del Palacio San Martín. A saber.

El esquema económico de caja. Podría cambiarse este punto por el de “captación de proveedores”. Tal como le marcó en la semana a este cronista un agudo observador de la política local “los proveedores municipales son reproductores del voto al oficialismo”. Ene esa teoría, los proveedores del Municipio ven venir la elección y observan en ella una posibilidad de continuar con su prestación a la Comuna o ser sustituidos por otros que lleguen con un nuevo gobernante, en caso de que el Ejecutivo cambie de signo. Resultado: los proveedores se transforman en agentes del voto oficialista, aunque nadie se los pida directamente.

El aparato de captación de votos. La estructura municipal de movilización del voto oficialista está intacta, lejos de lo que podía preverse cuando las salidas de Carlos Romero, Cristian Delpiani y Gustavo Nanni hacían pensar en una fuga en masa luego de que Helios Eseverri dejara el poder. Esa implosión no sucedió y el eseverrismo tendrá esa estructura a favor el 28.

La caída del frente gremial. Es todo un punto y para evaluarlo conviene poner las cosas en su lugar: Marcela Muñiz sigue siendo la secretaria general del Sindicato de Trabajadores Municipales de Olavarría, pero está bajo una metralla continua del sector de José Stupia, que quiere desplazarla a toda costa. Muñiz no renunció, ni quiere hacerlo. Todo indica que su caso terminará en la Justicia, porque está a punto de buscarse un abogado que defienda su condición de titular del gremio, ante la avanzada de quienes quieren sacarla. El viernes, luego de la reunión, llegó a pedirle a varios empleados “neutrales” que la apoyen. Pero a pesar de que los trabajadores consideran que ella ganó la elección no van a volver a las asambleas porque el tenso clima interno los atemoriza. Si se va, la seguirán varios afiliados, que dejarán el Sindicato porque consideran que ella es quien ganó la elección. Como sea, ni ella ni el sector que la confronta están ya en condiciones de hacerle un frente decisivo al oficialismo.

Todas esas razones no forman parte de la campaña que está en la superficie, pero influirán decisivamente en el resultado de la elección.

¿Está todo dicho entonces, y el resto de los actores debe conformarse con ser comparsa de acompañamiento, para ver cómo todo se resuelve entre José Eseverri y Silly Cura? No, de ninguna manera.

Por varias razones, que en algunos casos pueden explicitarse y en otros no son de tono público, los candidatos del supuesto “segundo pelotón” han dejado de creer en el pronóstico periodístico que machacaba una supuesta polarización entre los dos dos candidatos del Frente para la Victoria.

Hoy, a estas horas y con mayor énfasis desde la semana que viene, los candidatos a Intendente (por orden alfabético) Julián Abad (PRO), Ernesto Cladera (Vida), Jorge Larreche (Primero Olavarría) y Domingo Vitale (UNA) creen y ya proclaman en público que están en condiciones de pelearle el segundo lugar a Silly Cura.

Ellos –en todos los casos, y no este cronista- aseguran que Silly llegó a su techo, que se cae, que no será segunda y que –uno o los otros- la pasaron en intención de voto y van a pelearle la primera colocación a José.

Ninguno de ellos –en ninguno de los casos- afirma que le ha sacado el segundo lugar a José, con lo cual coinciden sin decirlo en que el senador, vía las ventajas comparativas señaladas más arriba y por la tracción de Daniel Scioli, tiene más chances de aventajarlos. Pero en lo que todos coinciden es en que la elección no se polarizó, en que tienen buena respuesta en la calle y en que Silly –lo dicen a los cuatro vientos- no entra en el microcentro ni tiene demasiado ascendente en los barrios.

¿Es así, realmente? ¿Los cuatro del denominado “segundo pelotón o alguno de ellos le vienen pisando los talones a Silly? ¿Están a punto de sacarle el segundo lugar y ponerse en carrera para el primero? ¿O es solamente un argumento de campaña?

En 15 días las urnas –la mejor encuestadora posible- darán su veredicto.

Es posible que para la suerte de los candidatos, a esa altura, sea crucial y definitorio romper este silencio y decirle a los ciudadanos, claro y sencillo, cómo piensan pilotear el Municipio de Olavarría.

Esa fenomenal estructura que hoy se disputan con poca estridencia, ausente estrategia de largo plazo y escasa claridad conceptual.