Con un nutrido marco de público se desarrolló la fogata de San Pedro y San Pablo en el Museo Municipal de Hinojo, según se informó desde la Municipalidad.
Las instituciones de la localidad se sumaron a la propuesta de la Red de Museos Municipales de los Pueblos y desde muy temprano comenzaron a llegar con los muñecos que le dieron colorido a la jornada.
Un total de 106 muñecos formaron parte de la muestra, a la que se acercaron los vecinos durante toda la tarde.
La fiesta comenzó con una pequeña fogata, como marco para la actuación de la banda Caballo de Hierro, Juan Carlos Banegas, el grupo de percusión y de baile de la Callejeada Hinojo, junto a Rebeca, la payasa de la Callejeada.
Por su parte las alumnas de gimnasia del Club Atlético Hinojo portaron las antorchas para llevar el fuego a los bomberos que encendieron la fogata principal, a la que el padre Pablo, sacerdote de la localidad, bendijo, haciendo referencia a los santos que se conmemoraban.
De la actividad participaron el secretario de Prevención y Atención Sanitaria, Ramiro Borzi; el subsecretario de Cultura, Educación y Turismo, Diego Lurbe; la directora de la Red de Museos Municipales de los Pueblos, Maribel García; las encargadas de los museos de Hinojo, Cecilia Roth, de Sierra Chica, Mónica Mendía, representantes de las instituciones locales y de la zona.
El personal de la delegación municipal de Hinojo, junto a la delegada, Dora Rodríguez, brindó su colaboración para acercar las ramas, además de vecinos que colaboraron con leña. Fueron 800 personas que formaron parte de la actividad, y recorrieron también el Museo que estuvo abierto durante toda la jornada.
Todas las comisiones pusieron sus cantinas y el personal del Hospital de Hinojo colaboró elaborando el chocolate para compartir con todos los presentes. Mientras que, los Bomberos Voluntarios de Hinojo estuvieron acompañando toda la jornada, organizando la actividad con total cuidado.
Espigas se iluminó a la luz de los candiles
En la noche del jueves en la localidad de Espigas todas las casas se encendieron a la luz de los candiles en las vísperas de San Pedro y San Pablo.
La propuesta fue llevada a cabo por todos los vecinos que se sumaron a la idea de armar en sus casas los candiles, con sebo y arpillera, que fueron elaborados gracias a que una vecina de la localidad se ofreció a enseñar cómo se hacían antiguamente en la vieja Europa. Posteriormente, la actividad se trasladó a las instalaciones del CEPT Nº 8 donde los chicos se unieron a la tradición de las cedulillas.
Mediante una charla brindada por la encargada del Museo, Mirta Otermín, los estudiantes del CEPT Nº 8 aprendieron sobre la historia de las cedulillas de San Juan, llegada junto con los inmigrantes. Las cedulillas consistían en poner en una caja de cartón unas servilletas dobladas con los nombres de los hombres y las mujeres. Cada uno sacaba las llamadas cédulas y así se armaban las parejas que compartían la mesa del comedor familiar. Vecinos, tías, jóvenes, mayores y hasta los comerciantes de la cuadra se reían y emocionaban. Con el infaltable chocolate, ideal para esa helada noche invernal, una chica cantaba los nombres de las cédulas y anunciaba la ubicación de las parejas entre aplausos y risas. San Juan y su tradicional juego de las cédulas alegraban a los parientes y vecinos del barrio. A llegar la media noche ¡todo el mundo afuera! Había que echar maderas a la gran fogata que un rato antes habían encendido los chicos.
Así fue como Espigas vivió una noche emotiva, entre buñuelos y baile, desplegando las tradiciones que nuestros inmigrantes trajeron y que hoy forman parte de nuestra cultura.
