El consumo de carne vacuna en la Argentina alcanzó en julio su nivel más bajo en más de 20 años, en un escenario marcado por una menor disponibilidad de hacienda y un fuerte crecimiento de las exportaciones.
Según el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo promedio de los últimos 12 meses se ubicó en 46,3 kilos por habitante al año. El dato representa una caída del 9,4% respecto de julio de 2025, cuando el registro era de 51,1 kilos.
En términos concretos, cada argentino consume ahora 4,8 kilos de carne vacuna menos por año que hace doce meses.
Miguel Schiariti, titular de CICCRA explicó que la caída del consumo está acompañada por una menor actividad de los frigoríficos. Entre enero y julio se faenaron 7,09 millones de cabezas de ganado, un 9,8% menos que en el mismo período del año pasado.
En esa línea, el menor nivel de faena también impactó en el volumen destinado al mercado doméstico. En los primeros siete meses del año, el abastecimiento interno alcanzó 1,202 millones de toneladas de res con hueso, unas 163.400 toneladas menos que durante el mismo período del año anterior.
Uno de los factores más determinantes es el precio en la góndola, cada vez más difícil de afrontar para el consumidor. Schiariti destacó una diferencia clave entre las distintas carnes: con el valor promedio de un kilo de carne vacuna se pueden adquirir alrededor de cinco kilos de pollo o entre tres y 3,5 kilos de cerdo.
“El consumidor termina decidiendo no por lo que quiere, sino por su bolsillo”, sostuvo.
En ese contexto, aseguró que muchos hogares tienen dificultades para mantener el nivel de consumo de carne vacuna que tenían años atrás. El consumo pasó de 51,1 a 46,3 kilos por habitante al año en apenas 12 meses.
El menor consumo de carne vacuna responde principalmente a una cuestión económica y productiva, en un contexto en el que el precio relativo de las distintas proteínas modifica las decisiones de los hogares y la carne vacuna, históricamente protagonista de la mesa local, atraviesa uno de sus niveles de consumo más bajos de las últimas décadas.
