Por Mg. Mónica Cohendoz /
Todos somos comunicadores, pero sólo algunos estudian comunicación social. Vivimos en una sociedad en la que sus arterias están atravesadas por la comunicación, a través de los lenguajes, las tecnologías que diseñan un tiempo y un espacio en la que es posible la inmediatez, la simultaneidad y la cercanía, estamos inmersos en una suerte de paraíso comunicacional. Es necesario que esta dimensión, fundante de la experiencia contemporánea sea sometida a discusión, no para volver a escribir la Divina Comedia y ensayar una suerte de camino al Paraíso-comunicacional, en este caso, sino para poder actuar políticamente, es decir con vistas a la transformación de la sociedad.
La política actual parece no poder, ni querer escarparse de esta lógica comunicacional; prefiriendo la publicidad a la acción, la arena espectacular del spot frente a la arena política del debate: caída en un simulacro de plenitud y transparencia de los mensajes, promesas de compromiso, transformación y crecimiento. Sin embargo, nos enfrenta a una concepción de la comunicación restringida por su carácter panfletario, apela al voto de la ciudadanía a través de estrategias de olvido, negación y falta de responsabilidad acerca del presente. ¿Por qué se comportan los candidatos como expertos en comunicación si no han estudiado comunicación social? ¿Qué oculta la puesta en escena mediática? ¿La construcción mediática de la política es otra ficción cuyo estatuto se acerca a una novela, por ejemplo? ¿La política pierde capacidad de consenso si los candidatos reniegan del dominio mediático?
Interrogantes que comprometen no sólo la esfera de la comunicación pública sino nuestros derechos ciudadanos a una política más transparente. La condición para la acción política democrática, es, como señala Norberto Bobbio, que la participación en el voto pueda ser considerada como el correcto y eficaz ejercicio de un poder político, o sea, del poder de influir en la toma de las decisiones colectivas, sólo si se realiza libremente, es decir, si el individuo que va a las urnas para sufragar goza de las libertades de opinión, de prensa, de reunión, de asociación, de todas las libertades que constituyen la esencia del Estado liberal, y que en cuanto tales fungen como presupuestos necesarios para que la participación sea real y no ficticia.
Quienes han elegido el oficio de comunicador social deben ocuparse de estas cuestiones tanto en su dimensión teórica como práctica para activar la constitución de una esfera pública real donde la política no sea un espectáculo de la mentira sino una instancia emancipatoria.
Hoy, la carrera de comunicación social apuesta a esta tarea: construir un camino hacia una acción comunicacional que sea simiente de un nuevo modo de ejercer la ciudadanía. Responsabilidad que articula la ética a la política porque considera que no se trabaja para formar para los medios sino para el ejercicio de la ciudadanía. Los talleres de formación de nuestra carrera se orientan a este trabajo en el que el valor crítico no está dado por lo que se opina sobre los hechos sociales sino por la capacidad de actuar en filiación con un compromiso social.
El paso de la afiliación política a la filiación política es un paso democrático que nos proponemos transitar cuando decidimos focalizar en “VI Encuentro Argentino de Carreras de Comunicación Social” a realizarse los días 10,11 y 12 de octubre la formación de comunicadores sociales en los talleres de la carrera. El afiche del evento expresa este concepto de trabajo para la comunicación social como instancia de intervención ciudadana, nos encontramos porque creemos que podemos proyectar el cambio desde nuestro trabajo como docentes para “hacer de la política, no el arte de retener el gobierno, ni de dar a las naciones brillo pasajero, sino de estudiar sus necesidades reales, favorecer sus instintos, y tratar del aumento y amparo de sus haberes” (José Martí, 1881).
(1) El afiche es creación de la profesora Eva Ormazabal de la materia Taller de Diseño Gráfico, evoca un afiche del artista ruso del movimiento constructivista, Alexander Rodchenko (1891-1956), para quien la publicidad, la política y la transformación social definían la acción revolucionaría.
