Mauro Szeta / especial para Infoeme
Después de idas y vueltas, Miguel Pierri se convirtió en el abogado defensor de Jorge Mangeri, el portero que está preso por el crimen de Ángeles Rawson. Primero, cuando lo consultaron sobre la inocencia o culpabilidad de su cliente, se lo notó dudoso. Después empezó su raid mediático donde expuso, sin mucha prueba a mano, que el portero era inocente.
Lo cierto es que Mangeri está detenido con poca prueba. Lo dejó preso su autoincriminación ante la fiscal. Ese relato donde dijo que era el responsable del crimen no tiene valor de confesión, pero sí es un indicio, que la fiscal puede sumar en su contra.
Pero también es cierto, que a dos semanas del asesinato, si quitamos la autoincriminación, no queda firme la prueba contra el portero.
La fiscal tiene lo que en tribunales se llama indicio de oportunidad, y de mendacidad. Para decirlo más clarito: Ángeles volvió a su edificio, no entró a su casa, el portero maneja el hall, el sótano del edificio, y la basura. Y además estaba ahí por su trabajo en el horario en el que Ángeles llegó al edificio.
La fiscal también acusa a Mangeri de reticente a la hora de declarar, y de mentiroso porque dijo que estaba enfermo, porque dijo también que estuvo trabajando en un edificio lindero y porque los testigos lo desmienten.
Otro punto a favor que tiene la fiscal es que los médicos que revisaron al detenido desacreditan su denuncia de apremios ilegales por parte de una patota policial.
En tribunales dicen que para detener a Mangeri la prueba alcanzó. Para procesarlo hace falta mucho más, y para condenarlo ni hablar.
Las pruebas genéticas, si son positivas, serían casi una condena escrita. Si son negativas, el escándalo se va a instalar otra vez.
