Aurora Alonso de Rocha aporta datos sobre los crotos y su origen

Por Redacción

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Texto: Aurora Alonso de Rocha / Especial para infoeme


Hay mitos populares que trascienden el tiempo y las evidencias. Uno es el de los crotos, que se llamarían así a partir de un decreto de 1920 firmado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires José Camilo Crotto, por el cual podrían viajar gratis en los trenes. El decreto 3, de enero de ese año, no se ocupa de los crotos sino de los trabajadores rurales regulares y los uniformados. La asistencia a los crotos, linyeras o caminantes –sinónimos- era de resorte de las municipalidades, que les daba una carta de pobreza para que pudieran pedir caridad.

No hablo aquí de la palabra croto, que es materia de discusiones, sino del decreto que se cita sin una lectura completa. Empieza anunciando: “Decreto que reglamenta la acción del Departamento de Trabajo y se acuerdan beneficios a los obreros de la cosecha (zonas agrícolas-campos pasajes de traslado-carnet-comisión de vecinos)”.

Explica que en cada uno de los pueblos de las zonas agrícolas, una comisión de tres vecinos elegidos entre las personas más ponderables de la localidad (art l°), elegirá por tandas a los que carezcan de medios de traslación y les dará pasajes. El carnet tendrá un duplicado en el Departamento de Trabajo con los datos personales y sus trabajos anteriores. La comisión y el patrón especificarán su buena conducta, que servirá para evaluar darle nuevos pases cuando hagan falta trabajadores (arts. 2 al 5).

El Art. 6° dice que “están comprendidos en el beneficio los Agentes de policía, Guardia de seguridad, Cuerpo de bomberos, Guardianes de cárceles, Gendarmería volante, Gendarmería de islas y Policía caminera, que hayan prestado servicio durante diez años sin interrupción y sin antecedentes de mala conducta”.

En 1920 había crisis en la provincia y el gobernador Crotto había ideado un plan basado en la obra pública y el estímulo al campo. Es por eso que en el art 4° menciona especialmente a Olavarría y Bahía Blanca. En 1921 se inauguró el primer tramo de un camino de Tapalqué al sur. En este partido el gobernador tenía un establecimiento rural importante –hoy la zona es la localidad tapalquenera de Crotto- y su programa muestra el conocimiento de las posibilidades de los caminos, la industria de la piedra y la agricultura.

Nada era más diferente que un croto y uno de los beneficiarios del decreto. El primero se caracterizaba por la precariedad y la transitoriedad. Era un indigente sin domicilio que, como forastero, solía despertar desconfianza. Sin embargo, la asistencia espontánea al caminante se vincula con la antigua tradición europea de la hospitalidad: en su origen, dar noche a los peregrinos (como los de los caminos de Santiago) permitiéndoles comer y dormir en un pajar, patio o corral, casi siempre a cambio de pequeños servicios.

En nuestro país las croteras o materas -sinónimos-, que eran los galpones o las cocinas de los peones de campo, eran sitios de acogida desde mucho antes de 1920.

Que los caminantes viajaran en los trenes es tan viejo como los mismos trenes, tal como lo consigna la literatura de Europa y América, y el cine, por ejemplo en los documentales sobre New Orleans y la historia del jazz o los de la India y la historia de la colonización inglesa. Los linyeras esperaban que los guardas se subieran al tren y éste se pusiera en marcha, y entonces se colgaban de los vagones de carga o se trepaban al techo, donde los guardas no llegaban. Como puede leerse en una nota de

1924, coincidente con los reglamentos de todas las líneas de FC, se los combatía, aunque se dice que a veces se hacia la vista gorda.

Los reglamentos de todas las líneas férreas, no sólo no favorecieron a los crotos después de 1920, sino que mantuvieron sus restricciones. Por ejemplo, una circular del FC del Sud de 1924 dice: “La presencia de individuos en las estaciones, de los denominados lingheras, entre los que suelen contarse sujetos mal intencionados o simplemente delincuentes, constituye un grave peligro por los desmanes que cometen, lo que el personal debe evitar, no tolerando bajo ningún concepto ni pretexto el estacionamiento de esa gente en las dependencias del ferrocarril.”

El croto solía andar a pie siguiendo las vías o los caminos y llegar a las estancias o puestos a pernoctar en los galpones o las cocinas. Eran agentes de información entre poblados aislados, compañía, novedad, en general bien recibidos. En síntesis, el decreto 3/20 no habla de crotos aunque lo firme Crotto.

¿Es posible que después de 1920 la gente llamara por extensión crotos a todos los que viajaban gratis? O bien que sea una palabra más antigua y que se aplicó siempre a los que iban a pie o colgados de los trenes, sin pase ni certificado de buena conducta, caracterizados justamente por la carencia de referencias, y que desde entonces se llamara crotos a todos los que viajaban colados en los trenes y también a los que llevaban el carnet de 1920, éstos por contraposición irónica, un mecanismo típico del lunfardo (como sacar de dama madama, regenta de prostíbulo, afanar como robar a partir de afanarse en el trabajo, guacho el niñito abandonado por un lado y el atorrante por el otro, etc.).

Está claro que el decreto no dice lo que se cuenta sino lo contrario, y que hace una clara distinción entre crotos -que no menciona- y laburantes y uniformados, gente arraigada en los pueblos, con certificado de buena conducta.

Sobre la palabra croto sería interesante encontrar en la literatura y en documentos anteriores a 1920 menciones a la institución y ver si la llamaban así o bien sólo linyera (del italiano linghera, atadillo de ropa) o caminante (aparece también ambulante en los documentos y expedientes; esta palabra se aplicaba por igual a los linyeras y a los que iban vendiendo por el campo en carro o armaban tablados de venta de novedades en las calles de los pueblos).

El historiador de Tapalqué Rafael Capdevila, autor de excelentes y muy documentadas historias bonaerenses, en su “Diccionario del habla paisana” menciona, para la entrada “croto”, una disposición de la Secretaría provincial del Trabajo mandando a los que explotaran campos que proveyeran a los peones rurales de ropa de trabajo. Nada dice sobre el decreto 3 aunque vivía en Tapalqué en ese año.

Sólo como conjetura añado que crotte es una palabra francesa que significa caca. No es agresiva; sirve para la caca de los niños y los animales domésticos. Hay quien dice crotte en lugar de merde, como cuando uno dice carancho por carajo. Desde c 1880 los franceses fueron la tercera gran inmigración justamente en las zonas de las croteras. Tal vez crotte servía para designar a un hombre que llegaba vencido y sucio por la tierra del camino. Pero esto es sólo una conjetura.

Unos casos de Olavarría, del siglo pasado, dan una idea de la indigencia de los crotos (y de las crotas). Julio 21 de 1940. Dos mujeres a pie y sin equipaje se refugian del frío en un rancho abandonado de Iturregui, partido de Olavarría. Una, de veintidós años, muere de síncope cardíaco y su compañera avisa a las autoridades.

Son dos peonas analfabetas que habían dejado Bolívar hacía un mes para buscar jornales por las estancias. Una, de treinta años, era separada, y la otra soltera, hermana de un policía y sin medios de vida. Deciden volver a Bolívar y caminan buscando tomar el tren pero la más joven, que sufre de fístulas en las piernas, muere.

“No se posee cajón fúnebre – queda consignado- y carecen de medios para el transporte. No hay médico en ninguna de estas localidades”. La entierran en la localidad. Han pasado treinta y seis horas en el rancho abandonado, sin comer y sin abrigo.

Otro caso, entre docenas, es también de Olavarría y de octubre de ese año 1940. Trata de un croto suizo, que llega por tres veces a un puesto de un señor Huarte, arrendatario de los Belgrano –descendientes del prócer-. El puestero, un alemán llamado Dardo Kain, lo acoge en una de las cuatro piezas de adobe en las que vive con su familia.

No sabe casi nada del hombre, de unos cincuenta años, porque no quiere hablar de él mismo. Una madrugada lo encuentra muerto. En el expediente se consigna que las pertenencias del croto son algunas ropas viejas y unas arpilleras para dormir, “todo refugio de polillas y roedores” por lo que se ordena la incineración junto con otras que pertenecían a un italiano, un argentino y un francés, todos NN.

Pero hay casos antiguos. Del Subcomisario al Juez de Paz; Septiembre 14 de 188: “Hace un mes y medio fue recogido en esta Subcomisaría por orden del Sr. Juez de Paz don José Grigera un individuo de nacionalidad Inglés atacado de enajenación mental pobre de solemnidad y como de setenta años de edad, su nombre se ignora porque no hay quien le conozca ni menos diera explicación quien fue, cuyo individuo ha fallecido hoy día de la fecha, a su Resolución”.

Se ha identificado a los crotos con el anarquismo. Eso es materia de otro trabajo, pero por el momento vale decir que es peligroso idealizar la miseria.