“Un 12 de marzo de 1927, nacía en Chascomús, fue abogado y ocupó diversos puestos políticos hasta llegar a convertirse en Presidente de la República. Sin embargo, más allá de sus cargos y títulos, Raúl Alfonsín fue un militante y un líder: un militante de la democracia social, de los Derechos Humanos, de la paz; un líder carismático, honesto y humilde. Fue el hombre que pudo convertir silbidos en aplausos y dolores en libertades.
Así versaba el prefacio de la plataforma electoral de la Unión Cívica Radical en 1983: “No somos un bando ni una facción y, como al comienzo de nuestra marcha, hace noventa años, aspiramos a expresar la unión civil de todos los argentinos convocados a estos fines generales y comunes. De la presente situación sólo nos rescatará la fuerza moral. La fuerza moral con que fuimos creados y con la que hemos venido dando batalla permanente. La fuerza moral que es nuestra arma más formidable (…). Es con esa fuerza moral que convocamos a la lucha por la democracia. Es por esa fuerza moral que venceremosâ€.
Para muchos de nosotros, Raúl Ricardo Alfonsín fue la encarnación de esa fuerza moral, el hombre que supo convertirse en el símbolo de una democracia nueva, joven, rebelde y vigorosa.
Decía Alfonsín el 10 de diciembre de 1983 ante la Asamblea Legislativa: “Lo primero que no deberemos olvidar es que lo más valioso que tiene nuestro país son los hombres y las mujeres que lo habitan. No es el petróleo, ni las vacas, ni el trigo, ni las fábricas sino el trabajo y la capacidad de creación de todos y cada uno de nuestros habitantes lo que da sentido y riqueza a nuestra Argentina, como a cualquier otra nación del mundoâ€. Aquel militante tenía una meta: la vida, la justicia y la libertad. Tenía un método: la democracia para la Argentina y la rectitud en los procedimientos. Tenía un combate: vencer a los que pretendiesen impedir la democracia, desde adentro o desde afuera.
Su legado continúa marcando el camino de la esperanza, la voluntad y el compromiso de miles de militantes a lo largo y a lo ancho de todo nuestro país. Sigue vigente la actualidad de sus palabras, las cuales resuenan con esa potencia inherente a su carácter: “Sigan a ideas, no sigan a hombres, fue y es siempre mi mensaje a los jóvenes. Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democráticaâ€.
Conmemoramos con alegría el nacimiento de quien es recordado hoy como el Padre de la Democracia.â€
