Por Adriana Abadie / Especial para El Tiempo
Nacido en Leicester, Julian Barnes estudió en la Universidad de Oxford y fue lexicógrafo del Oxford English Dictionary. Hoy, a los 61 años de edad, sus novelas y textos de estudio literario se leen en todo el globo. Este creador de exquisitas ficciones, amante de la buena cocina y de los mejores vinos, se sintió interesado en el patrimonio cervantino local y hasta aquí llegó, como un visitante más, a ver de qué se trata.
Un grupo de azuleños de edades diversas acompañó a Julian Barnes, a su esposa Pat Kavannaugh, a sus anfitriones en Argentina señor Thomas Gibson y esposa, por el recorrido que realizó por la Casa Ronco. Jóvenes colaboradores del Teatro Español, adultos ligados al quehacer de ese coliseo y a la Biblioteca Ronco fueron acompañándolo y captando sus impresiones. Hubo luego un tiempo para tomar fotografías con un escritor que se considera en las letras actuales del mundo un representativo exponente de su país, junto con Martin Amis y con Ian Mc Ewan, aunque él mismo destaca el valor de otros más jóvenes que están alcanzando reconocimiento y a quienes les aventura un futuro promisorio.
Con la inestimable colaboración de la licenciada Verónica Torassa, quien ofició de traductora, el autor de “El loro de Flaubert” pudo manifestar su valoración de la colección cervantina que le fue presentada en Azul.
“Yo había escuchado sobre esta biblioteca antes –explicó-, por intermedio de mi amigo Thomas Gibson. Soy novelista y Cervantes fue el primer novelista en el Siglo XVII; y aún hoy todos estamos mirando a este autor y su obra. Con respecto a la colección que hay en esta casa, yo nunca había visto tantas obras juntas. Destaco además las ilustraciones que tiene, como las de Gustave Doré , Salvador Dalí, entre tantas otras. Lo único que puedo agregar es que creo que yo tengo en casa una edición de traducción inglesa anterior a la que vi aquí (n.a.: se refiere a la más antigua de la colección Ronco, que data de 1697), que es de mediados del Siglo XVII. Tengo tres o cuatro traducciones del Quijote. Cervantes fue traducido al inglés muy tempranamente en el Siglo XVII, durante su vida. Los ingleses tenemos una reputación de introducir las traducciones muy tardíamente. Cervantes vivió en la misma época que Shakespeare y murió el mismo día. Shakespeare pudo haber leído a Cervantes en inglés. Desafortunadamente el caso inverso no es aplicable, porque pasaron doscientos años hasta que Shakespeare fue traducido al español.
- Su pasión por la literatura y los valores cervantinos, ¿es compartida hoy por el pueblo anglosajón?
-Yo he destacado siempre que la principal influencia de la literatura de Cervantes en la británica se da en el Siglo XVIII, cuando el auge de la novela picaresca. Se dio de la mano de los escritores Smollett y Fielding, directa y claramente inspirados en Cervantes. Mi conexión con Cervantes es en realidad indirecta, porque para mí el más grande novelista es Flaubert. Y Flaubert pensaba que el mayor novelista era Cervantes.
- Uno de los escritores y periodistas literarios de nuestro país (n.a.; Jorge Fernández Díaz, autor de las novelas “Mamá” y “Fernández”, destacada pluma del diario La Nación actualmente) lo calificó a usted como “el más francés de los escritores ingleses”. ¿Considera esta apreciación un halago, o lo contrario?
- Eso es lo que dicen de mí en Inglaterra. Pero cuando llego a Francia dicen que soy completamente inglés. Además, sé que luzco como un inglés y no como un francés –se ríe francamente-.
- Sabemos de su admiración por Borges. ¿Se debe al modo de vivir tan anglosajón de nuestro escritor, a la calidad de su obra o a todo eso junto?
- Es un gran maestro de las letras modernas. Permanece en el sitial de los grandes literatos como una figura aislada. Pero es muy peligroso tratar de ser influenciado por Borges en la escritura, porque el borgesianismo ha hecho todo lo que Borges pudo contener, se agota en sí mismo. Es como Samuel Beckett: nadie puede escribir como él, porque Beckett y su estilo han producido todo lo que sobre el mismo se podía escribir. No tiene sentido tratar de imitarlos.
- ¿Quiénes leen hoy Don Quijote en este mundo global: los sajones, los latinos, nadie?...
- La gente seguirá leyéndolo mientras haya interés por la novela. Cervantes fue maestro. Considero que es más leído en los países latinos que en Europa. Pero su obra siempre está siendo reimpresa y se lo sigue traduciendo. Eso es lo bueno que sucede con los grandes escritores: siempre necesitan una nueva traducción. Hace tres o cuatro años apareció en Inglaterra una hermosa traducción a cargo de un profesor de Español en la Universidad de Oxford. También tradujo esa excelente novela de las letras españolas del Siglo XIX llamada La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”: le llevó diez años traducir La Regenta. Y pasó otros diez años traduciendo el Quijote. Todos están en el mundo alabando la reciente traducción de un norteamericano, que salió más o menos para la misma época. Pero es muy superior la inglesa, porque rescata el tono y el espíritu de la novela española. Eso indica la pervivencia de la obra, que está siempre siendo reinventada y retraducida. Por eso siempre es actual.
Quién es Julian Barnes
Nació en Leicester en 1946 y estudió en el Magdalen College de la Universidad de Oxford. Allí fueron reconocidas sus condiciones, y se lo incorporó al equipo de trabajo de lexicógrafos del Oxford English Dictionary. Comenzó a trabajar como periodista autónomo, siempre en la redacción de artículos y estudios relacionados con la literatura. Escribió para el New Stateman y el Sunday Times, además de presentar sus columnas en The Observer y el New Yorker.
En 1980 publicó su primera novela, Metrolandia, que le valió el Premio Somerset Maugham. Luego llegaron otras, como Antes de conocernos (1982), El loro de Flaubert (1984) con la que alcanzó la notoriedad mundial que lo consagró en el sitial de un reconocimiento que garantiza la pervivencia de su obra. Tan popular se hizo esta obra, que en Francia en 1986 se alzó con el prestigioso Premio Médicis, y así se convirtió en el primer escritor inglés que accedió a este reconocimiento.
En 1989 su fama se vio incrementada con Una historia del mundo en diez capítulos y medio, que recoge los más ingeniosos relatos cortos. También ha escrito Mirando el sol (1988), Hablando del asunto (1991), El puercoespín (1992), Amor, etcétera (1992), La mesa limón (2005), Arthur y George (2007) y una recopilación de artículos sobre la vida inglesa que escribió para el New Yorker: Cartas desde Londres (1995), Al otro lado del canal (1996) e Inglaterra, Inglaterra (1999).
Es también un reconocido ensayista. Escritores de la talla de Flaubert (el francés es su favorito y gracias a él descubrió la calidad de Cervantes) y de nuestro Jorge Luis Borges pasaron por su exquisita mirada analítica y conforman páginas de excelente material crítico. En 2002 publicó una colección de ensayos sobre Francia que tituló Algo que declarar.
Toda su obra puede leerse en español, pues ha sido traducida y publicada por diferentes editoriales. La conocida Anagrama ha editado, en versiones comunes y en compactos, la totalidad de sus libros.
