Josefa Casán: "Soy la última generación de gays que la pasó muy mal" | Infoeme
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Olavarría
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Josefa Casán: "Soy la última generación de gays que la pasó muy mal"

La reconocida olavarriense compartió recuerdos, confesiones y risas en una intima entrevista a Infoeme. Disfrutá de un nuevo capítulo de "Tu Historia".

Por Luciana Pedernera

lpedernera@infoeme.com.ar 

 

Josefa Casán es su nombre. Así la llamó la gente, desde siempre. Hace 30 años es una de las peluqueras más prestigiosas y elegidas por los olavarrienses. Fue de la primera generación de disidencias que comenzó a abrir camino para cambiar de paradigma: le tocó “el viento de frente”, expresó en una metáfora con la que resumió el desprecio y la violencia que vivió. En un nuevo capítulo de "Tu Historia", compartió una entrevista mano a mano con recuerdos, confesiones y risas. 

 

“Soy una sobreviviente”, definió y movió sus manos para acomodar algunos mechones de pelo sobre la cara. En un dejo de recuerdos, amplió: “Soy sobreviviente de una época donde ser gay era la marginalidad, soy la última generación de gays que la pasó muy mal, me tocó ser parte de una generación donde tenías que quedarte encerrado en casa llorando o salir y darlo todo”.

 

Josefa es hija de una familia trabajadora, su infancia aunque fue  “maravillosa y solitaria” como dice ella, estuvo atravesada por la pobreza y la tragedia, ante la muerte de uno de sus hermanos.  “Vengo de una familia súper humilde, muy humilde, cuando yo era chica mi mamá era doméstica y mi papá estaba sin trabajo, entonces al llegar la tardecita salíamos a cirujear y a juntar metales para vender”, contó.

 

 

 

Desde el jardín de infantes ella sabía quién quería ser: se autopercibía mujer. En este sueño, vagando en recuerdos agregó: “Me gustaban mis piernas, pero en casa me pintaba los ojos a escondidas, también jugaba con los chicos porque era una forma de disimular”.

 

Muy distinta fue su adolescencia, que la definió como “terrible y cruel” porque en una sociedad construida culturalmente patriarcal, "correrse de la norma y ser distinto" era sinónimo de castigo. “Para la sociedad sos el centro de las burlas, la gente se descarga siempre con las minorías, en ese momento eras el raro, todos piensan que lo haces para llamar la atención, te hacían creer que eras un monstruo y la vergüenza de la familia, y que por elegir tenía que bancarme lo que sea”.

 

“En la secundaria, los últimos años era imposible de disimular” contó e insistió: “Tuve una adolescencia muy problemática”. Fue en este período que nació su nombre: “Iba a la escuela y un día me empezaron a gritar Josefa, la vergüenza que me daba, primero que era un nombre que no me gustaba, yo no me puse Josefa, me había puesto Marcela por una prima”.

 

 

“Siempre tuve una forma de vestirme y de maquillarme muy particular, en la época de teléfonos fijos llamaban continuamente a casa por eso y a mí me cagaban a palos todos los días”, recordó y defendió: “Mi papá era más bueno que el pan, pero bueno, creo que lo hacía no de malo sino de bronca, no quería que yo sufriera”.

 

Llegando al "mundo adulto", tuvo que rebuscársela y abrir su propio camino en el trabajo. Una posibilidad era seguir los pasos de su papá, pero sabía que eso no era posible. “Un día dije, voy a estudiar peluquería, estudié dos o tres días y abrí. Desde que abrí tuve la peluquería llena, hace más de 30 años”. Este también fue un punto de agresiones para la época: “En mi primera peluquería me rompían los vidrios y ni hablar de que me robaron millones de veces”.

 

Pese a las dificultades de los comienzos, llegaron las gratificaciones. Por la pelu pasaron celebridades y políticos. Moria Casan, Georgina Barbarrosa y Lizy Tagliani de sus amigas más conocidas. También tuvo la posibilidad de incursionar en el mundo de la televisión y el teatro: “No me fui del todo porque cuando me decido, que me llaman para hacer un programa, se mata Rodrigo que era el que iba a conducir y se suspendió todo”.

 

 

Entre sus recuerdos, sin guardar rencor, se animó a compartir una experiencia que vivió a sus 25 años: “Fui a un boliche muy conocido, que no está más, tenía que ir al baño de los varones y un día me agarraron un grupo de chicos, me cagaron a palos, me orinaron de pies a cabezas y ¿a quién echaron? A mí, porque era el que iba a hacer lio. Después con los años llegué a tener la llave del boliche y hacer lo que quería. Es el día de hoy que los recuerdo y me los cruzo en la calle, Olavarría es chico, nunca me olvidé pero no tengo resentimientos”.

 

Otro de los hostigamientos venía por el lado de la policía quien mostraba, sin recaudos, un rechazo hacía ella. “Estuve presa varias veces, había un comisario que no me quería, un día me corrió con el patrullero, yo iba en auto, no me podía alcanzar, ese donde me veía chau”, agregó sobre las peores situaciones que le tocó atravesar y vivenciar.

 

La presencia del Estado para cambiar el paradigma 

 

La mediación del Estado, en la aplicación de Leyes y a través de ellas políticas publicas que comenzaran a resarcir el dolo por el odio recibido llegaron. Pero no hace tanto. “No hace mucho empecé a sentir acompañamiento, imagínate que me tuve que presentar para hacer el Servicio Militar,  tuve que ir y desnudarme delante de todos esos hombres, para mí era una vergüenza, me acuerdo que me fui caminando hasta el regimiento porque a dedo nadie me llevó”.

 

 

En esta línea insistió: "Pero no hace mucho cambió, me acuerdo que con la Ley de matrimonio igualitario me quede toda la noche esperando la aprobación, me parecía una discusión tan larga para una cosa tan sencilla y ni hablar del cambio de documento, fue fantástico”.

 

"Hemos avanzado muchísimo", cerró en un suspiro que la llevó a compartir: "No fui al egreso de mi hermana, para que ella no pasara vergüenza, pero hace poco fui al egreso de mi sobrina con un vestido hermoso".

 

 

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