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La costa que es besada por el Mar Argentino en Mar del Plata ha sido acondicionada para brindar a los turistas diversas opciones de playa. Desde el norte, comenzando cuando termina el Parque Camet, las escolleras y contenciones han creado playas muy bonitas. Luego, siguiendo por la Avenida Patricio Peralta Ramos, vienen las dos grandes playas tradicionales: La Perla y Playa Bristol. Continuado por la costanera hacia el sur, se puede disfrutar de las más tranquilas Playa Varese y Playa Grande. Y si se sigue en esa dirección todo está listo para disfrutar del complejo Balneario Punta Mogotes. Finalmente, para quienes gustan de las playas más agrestes, el sur marplatense ofrece sus más amplias playas en esa zona. Hay que aclarar que la mayoría de los balnearios cuenta con una infraestructura especial que brinda distintos servicios que van desde elegantes piletas hasta servicios de café y restaurantes, pasando por el clásico alquiler de sombrillas y carpas.
Cuando de caminar por la costa se trata, la Avenida Peralta Ramos ofrece un hermoso paseo que combina con una excelente parquización que aporta verdes intensos para mezclarlos con el amarillo suave de las arenas y el azul profundo del mar. En estos paseos, el Torreón del Monje es, sin dudas, un hito imposible de soslayar.
Más argentina que nunca, la Fragata Libertad se halla fondeada en la zona militar de la Escollera Norte del Puerto del Mar del Plata. Allí, cientos de turistas vistan a diario este buque insignia de la Armada nacional.
Cuando los días no están tan lindos como para ir a la playa, Mar del Plata brinda infinitas posibilidades de pasarlo bien y ver cosas interesantes. Uno de los tradicionales sitios de la Feliz es –sin dudas- la Villa Ocampo. La otrora casa de vacaciones de la escritora Victoria Ocampo hospeda ahora una muestra en honor a otra escritora, Ana Frank. Las guías de la muestra saben recorrer los caminos que combinan las tragedias y horrores del nazismo con el canto esperanzador de las letras.
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La novedad en materia de paseos este año ha sido el Asilo Unzué. Construido por la familia Unzué en 1910 para albergar a niñas abandonadas, el Gobierno nacional ha finalizado la primera etapa de su restauración, que comprendió la construcción de un teatro auditorio para 200 personas y 3 salones para 200 personas cada uno, la instalación de un ascensor hidráulico y el mantenimiento del valor patrimonial del edificio, con sus escaleras de mármol y sus aberturas de madera. Pensado con el objetivo de otorgarle al edificio nuevos fines culturales y turísticos, hoy el Unzué hace verano con muestras de arte plástico, stands para juegos de los más chicos, ferias de artesanos y charlas con personalidades de la cultura.
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La noche marplatense puede ser única. No sólo por la infinidad de espectáculos, shows y oportunidades que ofrece. Sino, además, por las sorpresas que cada opción contiene. Como, por ejemplo, la magnífica vista nocturna de la ciudad y de su línea costera que se obtiene desde lo alto del Café Las Nubes, en el último piso de Torres de Manantiales.
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Los pubs también forman parte del paisaje nocturno de Mar del Plata. El brewbar Antares se ha convertido, tal vez, en uno de los lugares más elegidos tanto por los turistas como por los locales. Es que los exquisitos aromas de sus diversos tipos de cervezas artesanales se mezclan con los deliciosos sabores de sus picadas en las que no faltan los quesos y fiambres ahumados. Por algo es uno de los grandes preferidos de la Feliz.
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Imponente detrás de las fuentes danzantes de la Plaza del Milenio se alza el clásico entre clásicos: el Casino Central de Mar del Plata. Visitado por miles a diario conserva su carácter de oráculo veraniego al que concurren las personas a tentar a la diosa fortuna. Más allá de la aparición de los juegos electrónicos que llenaron de colores sus salones, la casa de juegos mantiene vigente su carácter señorial y su porte de dama madura y deseada.
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Desde los balcones del Casino central se puede observar la Rambla de noche y el contrapunto que brinda su edificio gemelo, el del Hotel Provincial. Aún de noche los turistas no paran de sacarse fotos junto a los lobos marinos de piedra que conforman unos de los íconos preferidos de Mar del Plata.
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