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La familia Escobar y la apicultura, una actividad que ha marcado el sentido de su vida

Este 20 de Mayo se conmemora el Día Internacional de la Abeja y desde Infoeme te compartimos una historia familiar ligada a este apasionante mundo de la apicultura a través del segmento "Huellas". Carina Escobar contó el recorrido realizado junto a los suyos y el surgimiento de "El Trébol". 

Por Luciana Pedernera

Ig: @lu_pederneraa / X: @lulu_pedernera

 

Podría ser un verano cualquiera, pero no. El calor pesa desde muy temprano y en esta temporada la extracción de miel en la sala de "El Trébol" se extendió desde diciembre hasta abril. Poco más de las 10, llegamos a destino. En la tranquera nos esperaba un "amiguito" de cuatro patas dorado, mientras Carina corrió al paso a buscarnos luego de habernos llamado reiteradas veces porque una maquina de la sala amenazó con paralizar la producción y quizás este encuentro no tenía sentido. 

 

La poca señal de teléfono, un camino apedreado que invitó a ir a paso lento y una patrulla rural que nos interceptó durante un procedimiento de rutina, hizo que nunca llegáramos a responder esa llamada. Menos de 30 minutos de viaje entre el campo y la Ciudad reúnen la historia y los recuerdos de una familia que germinó sus raíces con trabajo, constancia y esfuerzo -una característica que parece reiterarse en cada hogar de trabajadores y trabajadoras rurales. Conocé en la Semana de la Apicultura, a través de “Huellas” en Infoeme, la historia de Carina Escobar y "El Trébol". 

 

La apicultura ha sido, desde siempre, una actividad que los unió, convocó y ayudó. Pero esta historia comenzó mucho antes y la compartimos mientras sobre una escalera, Carina intenta llegar a una maquina de extracción y mientras una mano sostiene un cuadro, con la otra cepilla el fruto de las abejas depositado allí. “Mi viejo y mi vieja son re laburantes, siempre proyectaron pensando en ir para adelante, en crecer. Siempre les digo que los amo, que me emociona y que soy una agradecida de los padres que tengo”, así han sido sus palabras para su mamá y su papá de quienes hace referencia con mucho amor y calidez.

 

 

Carina nació en el campo, por la zona de Durañona. Pero a sus 12 años, en la búsqueda de completar su formación educativa y terminar la escuela secundaria, se tuvo que exiliar a la Ciudad. Una realidad que atravesó -y aún atraviesa- a muchos niños, niñas y adolescentes que, deben dejar su residencia rural para completar sus estudios secundarios y/o universitarios. 

 

Sin embargo, para ella -como para muchos jóvenes hoy- ese exilio no podía ser de raíz. El campo la invitaba a volver una y otra vez. En ese regreso, los colmenares y el trabajo en familia, eran grandes protagonistas. Así comenzó a gestarse “El Trébol”, un emprendimiento que hoy cuenta no sólo con la producción de miel sino también con una sala de extracción certificada.

 

Las abejas llegaron a la familia Escobar en 1973 a través de la Cooperativa Agraria Limitada de Olavarría (CALO) que impulsó un plan para los jóvenes del sector rural. “La cooperativa agraria era una entidad muy importante para el productor agrario y en ese momento el dueño de los campos donde trabajaba mi papá pertenecía a la comisión y ellos pensando en los jóvenes de la ruralidad compraron 220 colmenas que repartieron a cada familia. Mi papá aceptó y así empezó su colmenar”, contó Carina.

 

 

Entre risas y recuerdos, mientras completamos cuadros de los colmenares que están ubicados en "El Trébol" añadió: “Nací entre los colmenares, cuando papá vio que yo manejaba bien el ahumador me llevó al colmenar. Siempre me apasionó, a mí me encanta la apicultura y a mis hermanos también. Siempre fue una actividad familiar muy importante para nosotros porque gracias a la apicultura pudimos seguir con nuestros estudios”. Para esta ocasión, el ahumador -esa suerte de instrumento que "anestesia" a las abejas para poder trabajar en su lugar de hábitat-, le tocó manipularlo a quien escribe. Como recuerdo, un aguijón terminó sobre el dedo medio de mí mano izquierda. Pero no impidió continuar la hazaña. 

 

 

 

Por ese entonces, la apicultura era una actividad económica de amplio sustento familiar. “En un momento papá tenia que mantener la casa de ellos y la casa de la Ciudad, en otro momento era mantener esas dos casas más el alquiler en  Azul de mi hermano que es Ingeniero Agrónomo y también el alquiler en Buenos Aires de mi hermana que estudió medicina”, recordó emocionada. Con lo que significó la apicultura para la familia Escobar, Carina se recibió de Maestra y luego de Profesora de Prácticas del Lenguaje, una profesión que ejerció con pasión y que aún la une a recuerdos imborrables, pero que también pudo combinar con el mundo apícola.

 

"Siempre disfruté y soy una agradecida porque pude combinar mis dos pasiones: la apicultura y la docencia. Durante 26 años trabajé en la Escuela Secundaria N° 15 de Espigas. La docencia me ha dado la posibilidad de acompañar a varios estudiantes, ellos y sus familias son parte de mi vida y la apicultura me ha regalado el contacto y la admiración por la naturaleza", continuó, al tiempo que cargaba algún que otro cajón para trasladar desde el colmenar hasta la sala de extracción ubicada a pocos metros de allí.

 

 

Tras la jubilación de su padre, en 2006 comenzaron con "El Trébol", un emprendimiento apícola que contó -y cuenta- con el acompañamiento de Edgardo Otamendi, un apicultor y referente del sector a nivel local muy respetado. Radicados en Villa Kochi-Tue disponen de una sala de extracción de miel y apiarios propios, pero además ofrecen servicios a otros productores. Entre proyectos y diferentes actividades, Carina sueña con seguir creciendo y sostener un proyecto familiar que lleva un recorrido de más de 50 años y al que pudimos adentrarnos gracias a la simpleza y sutileza de quienes lo dirigen. 

 

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