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La interminable lucha de Graciela Alderete y la esperanza de justicia por “Mara” Navarro

Su lucha, al segmento de "Tu historia" en Infoeme llegó tiempo antes de lo ocurrido en los últimos días. Ella es un símbolo de lucha para la ciudad y con su relato reconstruimos lo vivido para no olvidar y luchar porque esto no ocurra nunca más. 

 

Por Luciana Pedernera

lpedernera@infoeme.com.ar

 

¿Qué paso? ¿Quiénes fueron? ¿Por qué lo hicieron? Son respuestas que no llegan. Una Justicia lenta. Un poder que no responde. Desfile de fiscales y abogados. Promesas incumplidas. El dolor que una madre llevará en el cuerpo hasta el final de sus días. A pocas horas de haber vivido un nuevo #8M en “Tu historia”, reivindicamos la lucha de Graciela Alderete.

 

“Soy Graciela Alderete, la mamá de Germán Esteban Navarro y sigo en la lucha de buscar justicia hace 18 años”. Así se presentó, porque pasaron casi dos décadas y hay personas que conocen poco de su historia y de lo que representa. Atenta y presente. Siempre en silencio con su imagen como bandera. 

 

Para ella, “por siempre Esteban”. Para la lucha, "Mara", porque así se sentía y así lo soñaba. Hace 18 años un grito ensordecedor e interminable retumba por las calles olavarrienses “Justicia por Mara Esteban Navarro”. La historia de Graciela caló hondo, reconstruirla no es novedoso, pero sí necesario. Para no olvidar. 

 

 

Graciela vio por última vez a Esteban el 28 de octubre de 2004. “Ese día se quedó conmigo, él no dormía en casa desde el robo, almorzamos y nos fuimos a tomar el colectivo”, recuerda. A las dos de la tarde, salieron para la parada del colectivo, ella se iba de visitas a Sierra Chica y Mara a una reunión con  amigas.

 

“Fue la última vez, cuando venía el colectivo y él salió caminando por Rufino Fal. Después de ahí no lo vi más”, dice con un nudo en la garganta, entre lágrimas, con la mirada fija: “Yo volví en el colectivo de las siete, pero él no volvió nunca más”.

 

El robo

 

“A nosotros nos robaron el 3 de octubre y el 28 desapareció”, indica Graciela sobre uno de los datos que menciona antes. Mara sentía que el robo había sido con el único objetivo de afectarla por diferentes hechos que tuvieron lugar tiempo atrás y que confesó a su madre.

 

 

“A los tres días -del robo- se levanta y me dice 'te tengo que contar algo ma' y le digo 'qué hiciste, mirá que si vas preso no te voy a sacar'”, expresa  y cuenta lo escuchado: “En agosto, meses antes, la policía lo levantó de la Pringles, y lo llevaron a una fiesta sexual en el Comando de Patrullas”.

 

Después de esa situación, “cada vez que veía a los milicos no quería saber nada”, afirma y sostiene: “Insistí en hacer la denuncia, pero él no quería”.

 

El hallazgo

 

Pasaron seis meses, ella buscó por todos los rincones, pidió notas a los medios. Llevó su foto a todos lados. Caminó, golpeó puertas y fue oyente de las más aberrantes injusticias. “Para mí, él estaba desaparecido y la justicia me decía que era fuga del hogar”, afirma Graciela.

 

 

El 26 de abril de 2005, dos días antes de que se cumplan los seis meses de la desaparición de Mara, en el actual estacionamiento del bingo, encontraron restos humanos. “Yo venía de Azul, llegué a casa 12.30, sonó el teléfono, atendí, era mí cuñada. Me pregunta '¿Qué haces?' le cuento y le pregunto '¿Por qué me llamas?' y me dice 'lo que pasa es que…' le insisto y le digo 'por algo me llamaste' y me dice 'encontraron unos restos en Toledo, pero dicen que es de una chica'”.

 

Graciela tomó su campera y salió hasta el lugar del hallazgo. A muy pocas  cuadras de su casa. “Estaba todo rodeado con cinta, había un montón de gente”, relata y recuerda: “Pase por entre los milicos y uno de Subddi, de pelo largo, que estaba ahí, me pregunta 'Señora, ¿usted qué hace acá?' y le digo 'Pueden ser los restos de mi hijo, y me dice 'No querida, no te hagas problema, esto parece ser una chica que desapareció hace dos años'”.

 

Al mismo tiempo, la imagen que recibía Graciela a través de sus ojos, sin confirmar que era su adorado Esteban, era de lo más aberrante. “En ese momento veía que con una espátula levantaban pelo y lo metían en un sobre color madera, si hubiera pegado una patada a la caja con las pruebas”, recuerda.

 

 

La noche del hallazgo, “no pasó nada”. Al otro día, recibió un llamado de Comisaria Primera. Era momento de reconocer pertenencias. “Y sí, estaba el morral tejido de crochet, el vaquero, el buzo, la remera gris, y una sola zapatilla, los restos de huesos no me mostraron porque ya los habían mandado a La Plata, eran huesos sueltos, no estaban completos, no había tejidos de nada, esos me los entregaron al año siguiente”.

 

En medio de una ardua búsqueda de respuestas, ante la visita de Felipe Solá, como en otras oportunidades con otras figuras políticas, Graciela pidió ayuda. “Le entregué una carta pidiendo saber si era mi hijo o no, Solá vino el 5 o 7 de diciembre, el 13 me mandaron los resultados de ADN y los primeros días de enero me traen los restos en una caja”.

 

La justicia, hasta ahora, nunca llegó

 

"En agosto de 2013 estaba comprando en el almacén y una señora me dice '¿Viste Graciela, te enteraste?'. Miro el diario y me quería morir: testigo de identidad reservada dijo qué hizo y cómo lo hizo y decía quién era. Lo llevaron a declarar, lo investigaron. Pero el fiscal desestimó la denuncia. Después me entero que el testigo estaba amenazado, hoy el asesino vive a tres cuadras de mi casa”, recuerda.

 

 

A Graciela le “ha pasado de todo”. Lo vivió. Lo transitó. Nunca le devolvieron nada de Mara, sólo pudo rescatar un vaquero. “Me decían que era para un juicio, no hubo juicio, no llegó. A mí me gusta que la gente tenga justicia, que calme el dolor, si yo la tuviera estaría tranquila, sigo con la esperanza de tener justicia”, asegura.

 

“Él vivía un mundo de fantasías, quería cambiar su sexo, yo le decía 'con qué plata, si no nos alcanza ni para comer'. Yo le puse Germán Esteban, para mí siempre fue Esteban, venía la hermana y le decía Maruja, le encantaba. Hasta que yo no lo viera cambiado, para mí era Esteban y será Esteban por siempre”, cierra.

 

 

 

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