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“Elegí para mi vida ser docente rural, hoy después de 25 años, lo sigo eligiendo todos los días”

La segunda y última entrevista en el Día del Maestro es a Rosana Boccagni, docente de la Escuela Rural N º 40 “Paula Albarracín de Sarmiento”, ubicada en Iturregui, partido de Olavarría.

Por Luciana Pedernera

lpedernera@infoeme.com.ar

 

Hace 25 años que Rosana Boccagni se dedica a dar clases. Toda su experiencia es en educación rural, una profesión  que llegó a su vida por elección y vocación: “Algo me decía que yo tenía que trabajar en escuelas rurales”.

 

Cuando se recibió, a sus 23 años, hizo alguna que otra suplencia en escuelas urbanas, pero no, no era lo que le gustaba. “Empecé a viajar a dedo a diferentes escuelitas rurales donde hice muchas suplencias” afirma y recuerda que paso por la escuela de La Parda, Campo Belgrano y Mapis, hasta que en 2008 llegó a Iturregui y no se fue más.

 

 

“Siempre viví en la escuela, me iba los lunes cargada con bolsos, agua potable y comida, y volvía los viernes. En la actualidad lo sigo haciendo con la diferencia de que los primeros 10 años viaje a dedo”, expresa. Rosana describe muchas experiencias y recuerdos, hubo instituciones en las que había solo luz a farol, otras con energía solar o eólica y en otras directamente solo una vela.

 

Iturregui y la escuela, su casa

 

Para esta maestra rural, la escuela de Iturregui hace 13 años es su casa: “Tengo mi habitación con todos los libros y una mesa con mis cosas. Durante la semana trabajo en ese lugar porque ahí está la salamandra y por lo general estoy calentita”.

 

La casa de la escuela “es amplia y bonita”, describe y sostiene: “Tranquilamente podría habitar con mi familia. Mis niños, cuando fueron muy pequeños, vivieron conmigo. Francisco estuvo un año en Mapis conmigo y Valentín nació cuando yo ya estaba en Iturregui, estuvo seis meses hasta que se enfermó” recuerda. Desde aquel entonces sus hijos viven en Olavarría junto a su esposo mientras ella reside de lunes a viernes en la escuela.

 

 

“En mayo hizo 25 años que me dedico a la docencia rural, es un estilo de vida para mí”, relata Rosana muy orgullosa. “Habitar la escuela asegura que de lunes a viernes la institución va a tener las puertas abiertas para recibir a sus alumnos. Las escuelas rurales están muy alejadas del partido cabecera y viajar todos los días a veces depende de las condiciones climáticas”.

 

La pasión brota en sus ojos verdes que siempre vienen acompañados por una sonrisa: “La educación rural es hermosa”, afirma y explica cuáles son las sensaciones que deja trabajar en un salón pluriaño, una de las particularidades de la ruralidad: “La diversidad enriquece al grupo, se crea un clima solidario, los chicos que son autónomos ayudan a aquellos que no lo son”.

 

 

Al momento de hablar sobre su labor dice que “la maestra rural hace de todo, las tareas administrativas, comunitarias y pedagógicas”, aunque aclara: “Siempre necesitas de la ayuda y colaboración de la familia. En la escuela rural si estás solo es muy difícil hacer las cosas”.

 

Los vínculos: “Ir a la escuela y escuchar ‘seño te extrañé’ es el mejor regalo”

 

Si hay algo para lo que no escasean las emociones es para hablar de los vínculos, con una expresión alegre que la caracteriza como docente y persona cuenta: “Los chicos de las escuelas rurales son muy cariñosos, te expresan su gratitud todo el tiempo, esperan lo que lleva la seño, todo les llama la atención, todo es alegría, todo les gusta y siempre van dispuesto a aprender y trabajar”.

 

En esta línea agrega que muchas veces ir a la escuela rural, para un alumno de campo tal vez sea la única salida de su casa en el día, “por eso es súper importante”.  “Hay algunos chicos que no salen del campo a la ciudad, otros salen una vez al mes al pueblo, a hacer las compras, a pagar. Pero dónde yo estoy la gente se acerca hasta Recalde, que esta a  20 kilómetros compra lo que necesita y se vuelve”, manifiesta.

 

Su relación con los alumnos se resume en un momento y una frase que se da todos los lunes, o la gran mayoría: “Ir a la escuela y escuchar ‘seño te extrañé’ es el mejor regalo para empezar la semana, quiere decir que sos muy importante, es un vínculo afectivo muy grande”.

 

La pandemia: "La virtualidad a mí no me servía directamente"

 

Iturregui, un paraje perteneciente al partido de Olavarría se encuentra a más de 100 kilómetros del centro de la ciudad y ahí no llega internet, en la escuela donde Rosana da clases no hay, algunos vecinos comenzaron a probar con conexión satelital.

 

“El año pasado una sola familia tenía internet, por lo tanto la virtualidad a mí no me servía directamente, yo imprimía todas las actividades y se las llevaba una vez al mes con  los bolsones de mercadería”, cuenta Rosana sobre su experiencia educacional en pandemia.

 

Foto: Rosana junto a Silvana, maestra de Mapis

 

El año pasado viajaba una vez al mes a Recalde, una salida que hacía junto a la familia que la acompañaba: su esposo y dos hijos. Ellos la ayudaban a limpiar la escuela, cortar el pasto y en alguna oportunidad pintaron la tranquera y decoraron la escuela.

 

A partir de este año las escuelas rurales iniciaron con presencialidad completa debido a la matricula que poseen, siguieron el protocolo enviado por el Ministerio de Educación, que se modificó en septiembre pero que a nosotros no les cambió nada.

 

“Dedico muchas horas de mi vida y muchos días a la escuela, pero no me pesa, me encanta lo que hago y no me veo sentada acá en mi casa. No estoy cansada, no me imagino mi vida sin ir a la escuela”, finalizó.

 

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