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Reinventarse en pandemia: emprendedores locales que cambiaron sus vidas para poder sobrevivir a la crisis del COVID-19

Infoeme dialogó con Federico Salvatierra y con Edberto Herrera, dos jóvenes olavarrienses que se reinventaron para poder sobrevivir ante la crisis económica que produjo el coronavirus.

Por Gastón Rodríguez

En la búsqueda de reinventarse, dos jóvenes emprendedores enfrentaron varias adversidades para alcanzar una estabilidad económica dentro de un mercado laboral que se vio duramente afectado por la pandemia del COVID-19 en el 202. Infoeme dialogó con Federico Salvatierra y con Edberto Herrera, dos jóvenes olavarrienses que se reinventaron para poder sobrevivir ante la crisis económica que produjo el coronavirus.

Salvatierra: "Cambié mi auto por 350 bolsas de papa y ahora puse una verdulería"

Federico Salvatierra (26) es estudiante avanzado de la carrera de abogacía y durante estos últimos años transitó por varios puestos y rubros laborales hasta lograr un emprendimiento que le dio un gran resultado. Por un lado el éxito conseguido al repartir papa y por el otro la instalación de una verdulería llamada “Don Salva”, ubicada en Vicente López entre Bolívar y Hornos.

En diálogo con infoeme, Salvatierra explicó qué lo que lo llevó a tener que salir a trabajar fue que “en el año 2019" tuvo "el plan de casarme y como necesitaba ingresos decidí hacer todo lo que estuviese a mi alcance”. El joven emprendedor contó que mientras estudió la carrera de abogacía trabajó de mozo, y al poco tiempo consiguió de recolector de residuos en la empresa Malvinas Argentinas, con un contrato de 120 días que le sirvió para recaudar dinero y costear los gastos de su boda. Además, los fines de semanas usaba su Renault 19 para tareas de repartidor de diarios, viajaba de Olavarría a Puan.“Eso me estaba dejando un sueldito mínimo, como para solventar los gastos para casarme”, explicó.

“El plan fue lograr casarnos, y pagar 6 meses por adelantado de alquiler y sobre todo organizarnos con la economía”, relató el joven emprendedor a este medio antes de explicar que previo a la pandemia trabajaba en un estudio jurídico, pero las tareas que realizaba, no eran dinero que se cobraba en el momento. “Pensaba recibirme para mediados de 2020 y dedicarme exclusivamente a la profesión, pero la pandemia retrasó mis planes porque me tuve que poner a trabajar más”, comentó Salvatierra. 

Con la legada del coronavirus a la Argentina y la implementación de la cuarentena, Salvatierra reflexionó: “No pude repartir más diarios porque la distribuidora estaba complicada, se suspendieron los plazos judiciales y no tenía trabajo en el estudio jurídico. Nos encontramos en pampa y la vía, solo nos quedaban unos ahorros y nada más”.

Cuando la situación era crítica se acercó el momento en el que tenían que renovar las cuotas de alquiler de su vivienda pero no tenían como financiar semejante gasto. Fue en ese momento que reflexionó y decidió retomar un rubro que había conocido desde chico: la venta de frutas y verduras.

“Utilice las redes sociales para encontrar comisionistas y distribuidoras para conseguir papa, y finalmente lo que hicimos fue vender el auto y comprar con esa plata 350 bolsas de papa”, remarcó. El problema más importante con este nuevo emprendimiento fue que no tenía vehículo para salir a repartir. "Mi suegro me prestó su Kangoo y mi cuñado un carrito. Luego pagué un flete y me fui al campo a buscar la papa y la descargamos en la casa de mi suegro que tenía un techito para resguardarla”, explicó Salvatierra. 

El joven trabajador explicó a Infoeme que eligió vender papa por que estaba considerado como una actividad esencial durante el inicio de la pandemia, y mencionó que comenzó “a recorrer local por local ofreciendo la venta de papa, que ya era un rubro que estaba masificado en Olavarría, pero con carisma y humildad me fueron eligiendo y logré entrar en el mercado”. 

“Llegué al punto de vender entre 1400 a 1600 bolsas de papas por mes", recordó Salvatierra al relatar su historia a este medio. "Esto nos permitió empezar a proyectar y lograr comprar nuestro propio vehículo”, agregó.

“Como no queríamos ahorrar en pesos y tampoco en dólar, porque sólo estaba permitido comprar 200 U$D, decidimos invertir el dinero extra en un local. Vi que había un espacio para una verdulería en un supermercado chino y le sugerí al dueño poner el local y aceptó”, contó el ahora emprendedor papero local al comentar cómo distribuyó las ganancias del negocio. “Quisimos diferenciarnos de los demás locales y para llegar a ese cometido tuvimos que poner énfasis en la calidad del producto y en una buena atención. No se está poniendo la atención en lo que el cliente necesita, el cliente no solo necesita llevarse su mercadería, si no que acá en Argentina el cliente necesita hablar, desahogarse y que lo cuiden, que le presten atención y que cuiden su economía”, detalló. 

“Esto me demostró que se puede soñar y que se puede generar un emprendimiento redituable, si bien no es ha lo que me quiero dedicar toda la vida, hoy le agradezco a Dios por todo lo que nos a dado”, concluyó Federico Salvatierra.

 

Edberto Herrera: “Estoy muy contento con lo logrado, y sobre todo porque soy mi propio jefe”

Tras un año atípico a causa de la pandemia, Edberto Herrera decidió dar un golpe de timón e inauguró la escuela de verano “Herrera Natación”. Un proyecto que fue iniciado por su abuelo en los 80 y se reinventó durante esta temporada para iniciar en una escuela de natación. 

Profesor de Educación Física, este joven de 25 años proyectó desde hace tiempo sus metas e inauguró su propia escuela de natación, ubicada en Sargento Cabral 3075. 

“La colonia Herrera se inauguró en la década de los 80 por mi abuelo paterno, Edberto Herrera con quién comparto nombre. En aquella época no había la cantidad de colonias que hay hoy, y el trabajó hasta que se jubiló y comenzó a alquilarla”, explicó Herrera al recordar la historia de la colonia vacacional que reflotó a causa del COVID-19.

Tras la muerte de su abuelo en el año 2007 siguió el alquiler hasta el 2011, cuando se decidió usar la pileta para uso familiar.  

Herrera estudió educación física en el Centro de Educación Física Nro 44 y se recibió en el año 2018. Mientras cursaba la carrera aprovechó las temporadas de verano para trabajar y generar experiencia. El joven emprendedor durante los años de formación proyectó volver a inaugurar la colonia de su abuelo y finalmente, después de tantos años cumplió con su cometido.

“Aproveché la situación de tener el espacio y me largué a reinaugurar. El desafío, fue acomodar las ideas para ver cómo concretar mi objetivo. Decidí no hacer el mismo sistema de colonia que funcionó históricamente y tampoco me ajusté con los protocolos de colonias”, relató el joven emprendedor que a causa de la pandemia tuvo que rebuscárselas para poder generar ingresos. 

“El protocolo de la colonia tardó mucho en anunciarse y eso produjo que me pusiera nervioso por la incertidumbre de ver si arrancar o no. Opté por elegir el sistema que se usa en las piletas climatizadas, con turnos rotativos máximos de 10 chicos y 45 minutos de clase. El estilo de turnos se ajustó al cuidado de la gente, y se les dio seguridad a los padres del cumplimiento del protocolo. En ningún momento tuvimos que aislar al grupo por algún contagio”, recaló Herrera. 

Tras haber inaugurado la escuela de natación hizo énfasis en la calidad de enseñanza y expresó que ese detalle les “permitió funcionar de forma más cómoda, ya que no es lo mismo trabajar con muchas personas que con grupos reducidos. Han venido chicos con miedo a meter la cabeza en el agua, y terminan nadando con iniciación al Crol, en una temporada normal es difícil que se dé", explicó Herrera.

“El desafío fue pensar en una nueva forma de abrir la pileta saliendo del estereotipo de una colonia tradicional, la gente encontró una nueva alternativa para seguir, estoy muy contento con lo logrado, y sobre todo porque soy mi propio jefe”, dijo el joven emprendedor.

 Actualmente, la colonia vacacional que administra y dirige Herrera tiene turnos que comienzan a las 11 de la  mañana, otro a las 12 donde concurren adultos, a las 15:45 y un último turno de 16 :45 a 17:45. El cronograma semanal siempre mantiene un máximo de 10 personas por turno. 

 “Las edades de los niños son de 4 a 12 años. Los más chicos están a cargo de la profesora Manuela Roccasalva, mientras que los de 8 años en adelante están a cargo mío, además son quienes ya saben nadar en lo hondo”, comentó. "En cuanto a los adultos mayores, existe un límite de edad. Durante esta temporada fueron 60 alumnos los que concurrieron a la escuela de natación", agregó. 

“La idea seguramente sea dar otro gran paso, que es techar y climatizar la pileta con el fin de que funcione durante todo el año", proyectó Herrera luego de haber cumplido con su objetivo de instalar una escuela de natación y revivir el emprendimiento que fue alguna vez de su abuelo.

 

 

 

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