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“Teníamos que conseguir que ellos nos adopten”: la historia de una familia sierrabayense

Claudia Wagner junto a su esposo siempre supo que quería adoptar. En 2004, ese sueño se concretó luego de inscribirse en la fundación “Campos del psicoanálisis”.

Una de las cuestiones más recurrentes a la hora de tomar la importante decisión de adoptar tiene que ver con las dudas y temores que suelen presentarse: desde la incertidumbre sobre sí finalmente será posible concretar la burocracia necesaria para hacerlo hasta las responsabilidades que significan formar una familia.

 

Claudia Wagner, una vecina de Sierras Bayas, enfrentó todo eso hasta que en el año 2004 pudo concretar su anhelo: adoptar cuatro niños que hoy son sus hijos. Según contó, tomo esta decisión junto a su pareja ante la imposibilidad de tener “hijos biológicos”.

 

La casualidad quiso que, prácticamente al mismo momento en que hicieron su inscripción en la fundación “Campos del psicoanálisis”, llegara a la misma “una carpeta de cuatro hermanitos que querían vivir en el campo”.

 

 “Siempre dijimos que queríamos tener 4 hijos, con mi marido congeniamos, eran ellos y nosotros, todo encajó”, contó la madre de los niños.

 

Tres de los cuatro niños eran mayores de 5 años, una edad que en muchas de estas ocasiones genera prejuicios y hasta dificultades en las personas que buscan adoptar. Claudia se mostró rotunda al respecto: “No me generó ningún problema”.

 

De todas maneras, contó que no faltaron los comentarios cargados de prejuicios de muchas personas que opinaron sobre la cuestión, principalmente acotaciones que hacían referencia a “lo difícil que podría llegar a ser adoptar chicos tan grandes”. Claudia no se dejó disuadir por estas opiniones, por el contrario, no lo vivió como un elemento conflictivo o problemático.

 

 Al momento en que los chicos llegaron a su casa, uno contaba con un año y medio, otro con cinco, otro con siete y, el más grande, de ocho.

 

 

 

Desde ese momento en adelante comenzó el largo proceso de vinculación inevitable en toda adopción. “Para nosotros fue más simple porque estábamos cien por ciento convencidos de lo que estábamos haciendo, pero teníamos que conseguir que ellos nos adopten”.

 

Una de las dificultades que acompañó este proceso fue la distancia: ambos radicados y con sus trabajos en Sierras Bayas, la pareja debió viajar en varias ocasiones a la ciudad de Buenos Aires para continuar con los trámites y fortalecer el vínculo con los chicos.

 

El esfuerzo fue enorme, pero el hecho “lo valía”. “Estuvimos un mes y medio viajando, lo hacíamos los fines de semana porque los otros días trabajábamos, los viernes tenía un permiso para salir más temprano y mi marido realizaba horas extras para poder salir los sábados”, contó la sierrabayense.

 

Durante ese periodo el más chico de los cuatro hermanos no estaba con el resto en el hogar sino que residía con una familia sustituta y por eso lo tenían que ir a buscar a Hurlingam. “Pasábamos todos los sábados y domingos juntos, de esa manera la familia se fue formando paso a paso”, recordó Claudia.

 

Uno de los hechos más importantes del proceso fue cuando tocó realizar el primer viaje al pueblo que sería su hogar. En este marco, la pareja le hizo caso a los psicólogos: “Les preguntamos si querían que seamos sus papás, fue todo muy lindo”.

 

Después de un mes y medio viajando cada fin de semana, en 2004 lograron la convivencia definitiva, lo que impactó de forma muy profunda en el comportamiento de los niños, ya que, como afirmó su madre “estaban en situación de abandono sin estar abandonados”.

 

“Los chicos se acostumbraron rápido, la transición estuvo buena”, relató Claudia, quien afirmó quien también cambio en el proceso. “En ese tiempo llevábamos 11 años casados viviendo solos y de repente teníamos 4 hijos en la casa, si bien estábamos preparados y ya existía un vínculo, fue un cambio grande al que nos tuvimos que acostumbrar”, señaló.

 

Al referirse a los trámites que tuvieron que realizar y el tiempo demandado, Claudia lamentó que los tiempos sean tan extensos. “La burocracia de las adopciones en nuestro país es terrible, desde que ellos llegaron a casa hasta que finalmente tuvimos los documentos con nuestro apellido fue un proceso de dos años, me parece mucho”, reivindicó.

 

Fuente: Tomás Kessler- Agencia Comunica

 

 

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