Malditas tomas de rehenes‏

Fueron tres tomas en dos semanas. Fueron tres casos dramáticos. Dos terminaron bien, uno, con dos muertes.

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

En catarata, se sucedieron tres historias criminales con toma de rehenes. La policía siempre plantea una paradoja: si hay rehenes, es porque la policía llegó rápido al alerta, y los ladrones no pudieron irse. Razón tienen. El tema es cómo se desarrollan esas tomas.

Empezó la seguidilla con el caso de Marcelo Ameijeiras y su socio Marcelo García, quienes se atrincheraron seis horas en una casa de Tortuguitas y tomaron a una familia como rehenes. Los delincuentes juraron y juraron que no estaban en esa casa para delinquir sino que se estaban escondiendo porque escapaban de un complot criminal para asesinarlos porque habían denunciado corrupción penitenciaria.

Lo concreto es que pidieron las cámaras de TV como garantías de su rendición. Las cámaras estuvieron. Los delincuentes vociferaron una y cada una de sus demandas. Denunciaron de todo. La jueza, la fiscal, los halcones, los convencieron de entregarse, y se entregaron. La toma terminó bien, sin heridos.

A la semana, las miradas se centraron en San Martín. Lo que parecía ser una toma de rehenes no fue tal, o en parte. Se trató de un hombre que había asesinado a su ex y a la hija, también había baleado al novio de la hija de su mujer. Cuando había hecho todo esto, se encerró en una casa, y le mintió a la policía, diciendo que tenía rehenes cuando en realidad, a las dos mujeres, las tenía drogadas, violadas y asesinadas en la cama de la casa.

Cuando después de seis horas los halcones descubrieron la verdad de la milanesa, se metieron en la casa, mediante un asalto táctico y detuvieron al homicida. Las mujeres estaban asesinadas en la cama. Espantoso.

Esta toma terminó bien a medias. El asesino preso. A ellas no pudieron salvarlas. Pero aquí no se puede atribuir ninguna culpa a los halcones. Los crímenes habían ocurrido antes.

Por último, un hombre se atrincheró seis horas y amenazó con matar a su ex en Capilla del Señor. El motivo: que habían extendido en 90 días la prohibición de acercamiento al hogar. Los Halcones lo convencieron, y el hombre se entregó, y liberó a la mujer, a la que había sometido a una brutal paliza.

Las tomas volvieron. Son una muestra cabal de delincuentes jugados dispuestos a todo. El tema preocupa. Esperemos que no se vuelva costumbre esto de tomar rehenes para amenazar, exigir, y querer salir impune.



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