El grito que nadie escucha

Asesinadas de forma brutal. Degolladas, apuñaladas, ejecutadas. Ellas tuvieron algo en común: fueron víctimas de violencia de género.

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

Varias veces pidieron ayuda, y nadie las escuchó. Los casos replicaron esta semana.

Primero, en Pilar, Antonio González, completó un plan que venía pergeneando desde hace rato.

Hace un año, había incendiado dos veces la casa de su ex mujer. No había ido preso. Esta vez, la fue a buscar decidido. Le arrebató a su hijo Joaquín, de 7 años, de la puerta de su casa. Ella, Carolina Giardino, corrió desesperada para recuperar al nene. González la asesinó de dos puntazos, y escapó.

Para colmo, se llevó al nene como rehén. La incertidumbre duró dos horas. El asesinó dejó a su hijo en la casa de la abuela paterna, en Núñez. Luego, escapó como un cobarde.

Ni siquiera terminaban de enterrar a Carolina, cuando el drama se instaló en José C Paz. Un hombre, Darío Triunfini degolló a la madre y a la abuela de su ex. Luego, lo detuvieron. Se presume que se trató de un doble homicidio de género vinculante.

Se trata de casos donde los homicidas no matan a sus mujeres, sino que ejercen el daño mortal sobre los parientes que ellas más quieren.

Los datos son alarmantes. Según la ONG Casa del Encuentro: en la Argentina, asesinan a una mujer cada 30 horas.

Ellos siguen matando. Ellas, siguen indefensas. Y en el medio, el grito desesperado de tantas mujeres, que nadie quiso escuchar. Ahora es tarde.


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