De República Dominicana a la FIO

La Facultad de Ingeniería cuenta con dos estudiantes centromericanas, de 19 y 17 años, que recorrieron más de 6 mil kilómetros y llegaron a Olavarría para estudiar.

América ya era rica y diversa, cuando Cristóbal Colón desembarcó allá por 1492 en el Caribe, en el territorio donde actualmente se ubica República Dominicana. En busca de aventura y atravesando desafíos, el colonizador se encontró con mucho más de lo que esperaba. Más de 500 años después, dos jóvenes de esas tierras también en busca de nuevos caminos, llegaron a Olavarría para estudiar en la Facultad de Ingeniería de la UNICEN. Se trata de Lisbeth Casado y Alejandra Beltre Mateo, que viajaron desde el país centrocamericano y recorrieron más de 6 mil kilómetros para hacer de esta ciudad su segundo hogar por los próximos años.


Las estudiantes eligieron la institución académica local para construir su futuro, tras conocer la propuesta regional de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires gracias a un joven dominicano que estudia en la Facultad de Agronomía de Azul. Casualmente no se conocían porque vivían en zonas diferentes, pero ambas eran voluntarias en su país de "clubes" o centros con el objetivo social de educar, brindar herramientas profesionales a jóvenes en etapa escolar y otorgar becas para financiar sus estudios en el país y el exterior. "Yo ayudé a Maricris, una asesora del club al que yo pertenecía, con algunos de los trámites para que su hijo estudiara en Azul y me motivé para venir hasta acá", contó Alejandra, de 17 años, que se interiorizó sobre la carrera de Ingeniería Civil a través de la página web de la FIO.

Lisbeth tiene 19 años y trabajaba con niños de 5 y 7 años en introducción a la informática en el club tecnológico, cuando le llegó la propuesta. "Maricris estaba tratando de conseguirme una beca para estudiar Ingeniería en Sistemas o alguna de sus ramas en Tandil, luego me comentó de la sede en Olavarría con más ingenierías, a mi papá le encantó la idea y empecé a hacer los papeles. En la Facultad de Ingeniería nos facilitaron los trámites para entrar al país y hacer el papeleo con el Consulado", señaló sobre su decisión de estudiar en esta ciudad bonaerense.

La argentinidad al palo

En la Residencia Estudiantil del Colegio de Ingenieros, dicen, se sienten como en casa y están de a poco acostumbrándose al clima, bastante diferente al tropical que predomina en la isla caribeña, aunque fueron recibidas en Olavarría con lo que se podría denominar "viveza criolla" de muy mal gusto.

Cuando llegamos nos tomamos un taxi afuera de la Terminal porque no sabíamos donde quedaba la residencia. El chofer estuvo como tres horas paseándonos y nos cobró 200 pesos. Después que llegamos nos dimos cuenta que la Terminal estaba a cuatro esquinas de la casa donde íbamos a vivir. Eso fue lo más desagradable y le habíamos la dirección correcta porque ya tenía conexión con la casa ubicada en Sargento Cabral.

"No conocíamos nada, éramos dos extrañas en medio de una ciudad grande. Preguntamos mucho y en general las personas fueron amables. Para nosotras no es una experiencia tranquila, fue muy estresante, doce horas de vuelo y ocho de Buenos Aires a Olavarría", sostuvo Alejandra.

Superado ese mal momento, las chicas encontraron en sus compañeros un grupo humano unido por la expectativa y la ansiedad que genera comenzar una carrera universitaria. "Hemos hecho grupos de WhatsApp y ponemos en común las dudas de algún ejercicio. Lo hablamos, vemos los apuntes y si alguien entiende de un problema nos juntamos en un aula para abordarlo", contó Alejandra, oriunda de la ciudad San José de Ocoa, en la provincia homónima. "Siento que hace años que estoy acá", expresó. Además destacó que probó el mate y en una clase llegó a tomar junto a sus compañeras "hasta tres termos". Lisbeth, de Rancho Arriba (ciudad de la provincia de San José de Ocoa) consideró que "la gente es muy agradable, amable. Es como que tu llegas y te acogen no importa de dónde vienes".


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Lejos de casa, cerca de las convicciones

Las ingresantes ya extrañan un poco su tierra natal, la familia y también la comida. La isla del Caribe se caracteriza por una cocina que mezcla gastronomía española, taína y africana, aunque la cocina típica es bastante similar a lo que se puede encontrar en otros países de América Latina. El almuerzo suele consistir en arroz, carne, frijoles, y ensalada. "Esto dicen, es la bandera de nuestro país. Acá hemos visto algunas legumbres enlatadas, pero allá las comemos frescas", contaron.


Sin embargo, la nostalgia no las aleja de sus convicciones, se encuentran muy seguras del camino que eligieron y de su meta principal: ser profesionales calificadas para el mundo laboral.


Espero recibirme como ingeniera y no solamente tener el título, sino ser buena y poder practicarlo en el exterior. Yo creo que hay que recibirse pero no sólo tener el título porque pasas por la Universidad, espero en un futuro, resolver los problemas con decisión y sobre todo con orgullo.


Las jóvenes reconocen que estudiar en el extranjero es una experiencia muy valiosa, sobre todo en términos laborales. "En mi país si tú estudiaste en el extranjero tienes trabajo ya que te han buscado porque estudiaste afuera y eso es más valorado en una empresa. Llegas al país con otros conocimientos, y por eso, con más oportunidades de empleo" expresó Lisbeth. "Ojalá todas las personas puedan vivir la experiencia" sintetizó su compañera.

Así, con el apoyo de sus familias y con muchos sueños por cumplir, las futuras ingenieras hoy dan los primeros pasos en la Facultad de Ingeniería, muy seguras de sí mismas y de la elección de su carrera. Lisbeth luego de finalizar el curso de ingreso continuará con Ingeniería Industrial, "me gusta porque abarca todo y a mí me gusta generalizar, que todo sea grande y nuevo, cuanto más grande mejor" explicó la joven dominicana. A diferencia de ella, Alejandra optará por Ingeniería Civil, "mi tía es ingeniera civil y siempre me dijo que es la madre de todas las ingenierías. Cuando era chica ya me hablaba de la carrera y supe qué quise hacer. Acá (en Argentina) yo entendí que iba a aprender a diferenciar las ingenierías e iba a saber cuál escoger. En la introducción a las carreras nos dijeron que el ingeniero civil innova el mundo, sin ellos el mundo estaría de cabeza. Eso espero hacer en el futuro, resolver los problemas con decisión y sobre todo con orgullo", sostuvo convencida. Será un largo camino para recorrer, y lo harán respaldadas por una comunidad académica y social que incentiva el descubrimiento de nuevos horizontes.


Nota: Prensa FIO

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