Monte Peloni: la historia de una familia antes del horror

El predio es testigo de algunas historias. La más conocida narra el horror del Centro Clandestino de Detención que próximamente tendrá su juicio. La otra es más antigua y contiene anécdotas alegres, familiares y cimentadas por Pedro Peloni, quien construyó un vivero y cimentó su empresa familiar. La reconstrucción se encuentra en las memorias escritas por su nieta Edith Peloni y las vivencias de su tataranieta Eugenia Iturralde.

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La familia Peloni comparte la tristeza. El sentir es provocado por saber que su apellido quedó asociado a un Centro Clandestino de Detención (CCD). “Se vincula a la familia con prácticas que son propias del terrorismo de Estado, en las cuales los Peloni no tuvieron que ver. Es doloroso vincular el lugar donde fuiste feliz, donde tuviste tu infancia, con esa historia trágica”, explica Eugenia Iturralde como tataranieta de Pedro Peloni, y licenciada en Comunicación Social y profesora en Ciencias Políticas.

Edith Peloni es la nieta de Pedro Peloni, el primer inmigrante suizo llegado al país. Su preocupación por perpetuar en el tiempo la historia familiar la motivó a volcar en papel el árbol genealógico que conserva Eugenia Iturralde, la tataranieta de Pedro. Las raíces de la familia Peloni se remontan a 1891 durante la presidencia de Nicolás Avellaneda. Su gestión dio un gran impulso a la inmigración europea, mediante la aprobación de la Ley de Inmigración y Colonización N° 817, cuyo objetivo prioritario fue poblar y aprovechar las grandes extensiones de tierra que poseía nuestro país. Pedro Peloni y sus hijos Homero, Ángela y José eran oriundos del distrito de Locarno Cantón Ticino, en Suiza. Fueron parte de los inmigrantes que llegaron al país con la esperanza de trabajar la tierra y encontrar un mejor porvenir.

Luego de desembarcar, la familia Peloni se alojó en el Hotel de Inmigrantes. En su estadía tomaron conocimiento de que en el partido de Olavarría, había tierras muy fértiles concedidas por el Estado Nacional. Sin más que mucha voluntad de trabajo decidieron trasladarse a esa zona rocosa, localizada al pie del Cerro Largo y a unos 20 kilómetros de la ciudad de Olavarría. Edith Peloni, nieta de Pedro Peloni, tiene registro sobre lo acontecido a pocos meses de su llegada. Circulaba el rumor de que las tierras por las que se habían movilizado desde Buenos Aires eran fiscales. De todas maneras, deciden afincarse y arrendarlas hasta que tuvieran posesión de tierras propias. Homero y Pedro Peloni viajan a la ciudad de La Plata y logran alquilar el campo de 400 hectáreas. “Le ceden ese lugar pero no dejan de ser tierras fiscales. No sabemos si es real o no pero supuestamente en el Cerro hay dolomita y no se puede vender”, agrega Iturralde.




Eugenia Iturralde reconstruye su historia familiar con recuerdos y fotos de sus antepasados.


El campo ubicado al pie del Cerro Largo se encontraba lleno de pajonales, su tierra era rocosa y no tenía reserva de agua natural. Lograron limpiar el lugar y construir una casa. La vivienda familiar de estilo suizo fue finalizada en 1900. Ésta alojó a Pedro Peloni hasta su último día. En ese entonces, se dedicaban a la huerta y para suplir la falta de agua fabricaron un carro aguatero, con el que transportaban agua desde Colonia San Miguel. El placer por la huerta creció y decidieron montar un vivero. Así es que José y Homero Peloni viajan a Buenos Aires, a la zona de Haedo, para especializarse en arboricultura. Reciben el título de Maestros Arboricultores. Con conocimiento y mucho trabajo de desmalezamiento, apartado de piedras y sistema de riego por acequia, construyeron el primer vivero. “Por eso la casa construida en el terreno fiscal y usada en septiembre de 1977 como un Centro Clandestino de Detención tiene un pozo derruido, es donde se supone que almacenaban el agua”, explica Eugenia Iturralde. El emprendimiento creció y fue reconocido por sus variedades exóticas, árboles frutales, cipreses y plantas florales. Tiempo después forman la sociedad comercial “Pedro Peloni e Hijos”.

La familia Peloni era consciente de que vivían y trabajaban en tierras fiscales. “Ellos, sabiendo que podían pedírselas en cualquier momento, compraron las tierras aledañas. Alrededor de 1914, Homero y José se enteran que se vende un campo lindero. Deciden comprarlo y comienzan a construir un nuevo vivero y casa”, argumenta Iturralde. Esa tierra aledaña comprada no contiene tanta piedra y tienen agua natural extraída por un molino de viento. En ese momento Pedro Peloni decide dedicarse a la ganadería en los terrenos fiscales y los hijos a continuar con el vivero en el terreno comprado. Así forman una nueva sociedad comercial “Peloni Hnos.”.

Para 1924, la única hija de Pedro Peloni, Ángela, se traslada a la localidad de Sierras Bayas junto a su esposo Cesar Roviani. Los hermanos José y Homero construyen una segunda casa en las tierras compradas. La vivienda tiene una cocina, comedor grande y dos habitaciones rodeada de un corredor con techo y al frente una escalinata con baranda. Esta propiedad sigue en pie y su dueña es Dora Peloni, abuela de Eugenia Iturralde. José Peloni, el bisabuelo de Eugenia, conoce a Filomena Carelli, una joven de la ciudad de Azul que visitó el vivero. Luego de unos meses deciden casarse. Tras el viaje de bodas en Capital Federal, se instalan en el campo para formar una familia. Del matrimonio nacen tres hijas: Edith, Dora y Teresa. Edith Peloni, nieta de Pedro, describe que en el nuevo vivero se hacían hasta 10.000 plantas por año. José Peloni con su sobrino Benjamín, que era hijo de Ángela, cultivaban cipreses, cedros y pinos. Se levantaban a las 4 de la mañana para trasplantar las especies a una bolsa rotulada. La etiqueta decía el nombre de la planta y “libre de plagas”, luego del control de los inspectores.

En 1934 muere Homero, el hijo mayor de Pedro Peloni. Tres años más tarde murió Pedro, el tatarabuelo de Eugenia Iturralde, que siempre se alojó en la vivienda familiar construida en la tierra fiscal. En 1946 muere José Peloni, el hijo menor de Pedro. Un día de 1947, Filomena Carelli recibió una nota del Ejército Argentino donde se le comunicaba que el campo fiscal pasaría a poder de la Dirección General de Ingenieros.

Antes de 1947, Dora Peloni se casa con Osvaldo Iturralde, abuelo de Eugenia. Osvaldo trabaja en el vivero hasta vender todas las plantas. Poco tiempo después lo cierra y comienza con la actividad agrícola-ganadera y tambera. Al año de nacer el papá de Eugenia, el vivero ya no existía más. “En el transcurso de la dictadura mis abuelos vivieron ahí y la entrada y salida de soldados y camiones era tan habitual que por ejemplo yo tengo una foto de mi papá cuando era bebé con un soldado de la mano, cuando recién empezaba a caminar”, relata Eugenia Iturralde.
casapeloni

En 1954 el antiguo predio que alquiló la familia Peloni pasó del Estado provincial al Estado nacional, como donación, mediante la Ley Provincial Nº5.386. Durante el gobierno militar de la “Revolución Libertadora” el espacio fue usado para actividades militares. Desde entonces, la tierra que dio prosperidad a la familia Peloni comenzó a ser utilizada por el Regimiento de Caballería de Tanques II “Lanceros General Paz” de Olavarría para la instrucción militar. La última dictadura cívico-militar usó la reserva fiscal “Monte Peloni” como “Lugar de Reunión de Detenidos” (LRD) en el período comprendido entre 1977 y 1978.

Dora y Osvaldo Iturralde vivieron en el terreno comprado por el trabajo de los hermanos Peloni. La casa vio nacer a cuatro hijos: Osvaldo (papá de Eugenia), Juan, Graciela y María Inés. “Mis abuelos vivieron hasta la década del 80 en la casa, era un paseo habitual subir al Cerro y pasar al otro lado en Sierras Bayas. Tal vez por eso a mi familia le ocasiona cierta molestia cuando se nombra a monte Peloni como el lugar donde ocurrió todo esto. Como el monte del horror “, cuenta Eugenia.

Iturralde tiene muchos recuerdos de su infancia en la casa de sus abuelos Dora y Osvaldo. Recuerda especialmente “la carneada” debido a que se organizaba un sistema de colaboración familiar, tendiéndose lazos de solidaridad en donde una familia ayudaba a la otra. También eran habituales las mesas enormes, llena de amigos y familiares. “Cuando murió mi abuelo hace mas de 10 años, ´las carneadas´ no se hicieron más”. Desde hace tiempo la familia Peloni necesita contar su historia y despegar su apellido del horror que se vivió en la casa que construyeron Pedro, Homero, José y Ángela Peloni. Contradictoriamente, el CCD se fundó sobre anécdotas de trabajo y tomó el nombre de la familia que lo habitó. Las plantas y suelo del predio localizado al pie del Cerro Largo son testigos de esos momentos. Mientras, Olavarría y la región serán testigos de la búsqueda por resarcir el dolor cometido durante la última dictadura cívico-militar en el ex CCD.

Fuente y foto interior: Agencia Comunica de la Facultad de Ciencias Sociales / Unicen.



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