La siembra del trigo: en picada

La caída de área implantada es consecuencia de las bajas expectativas y de la nula rentabilidad para los productores.

Diez años atrás, la cosecha nacional de trigo fue de 16,9 millones de toneladas y la producción mundial, de 626,7 millones. En el último ciclo, la Argentina produjo 12,5 millones de toneladas (26% menos), mientras que el mundo alcanzó los 726,4 millones (16% más). Para la siembra de este año, en nuestro país, se pronostican caídas adicionales importantes.

Esta reducción de la producción que se registra, con altibajos, en los últimos años en nuestro país es consecuencia de la respuesta de los productores a las malas condiciones de rentabilidad y a medidas restrictivas del comercio del cereal, que determinaron que en la actualidad cerca del 35% de la última cosecha continúe sin venderse por no encontrar compradores.

Muchos productores han optado por no sembrar trigo en 2015, lo que perjudica la vida económica de las comunidades pampeanas y disminuye el ingreso de divisas para el país.

Escenarios posibles

La campaña de trigo en marcha encierra muchas incertidumbres para los productores y para el país. Hay gran reticencia a sembrar trigo por los problemas sufridos. Sin embargo, habría una posibilidad de cambio en el tratamiento que recibiría el cereal.

Se desarrollaron dos escenarios macroeconómicos para los meses venideros. El primero, con una tasa de inflación por encima de la evolución del tipo de cambio, similar a la situación actual; el segundo, con una evolución del tipo de cambio por encima de la inflación. Se mantuvieron las retenciones y las restricciones a las exportaciones.

En el primer escenario, un campo promedio del sudoeste bonaerense debería producir 3500 kilos de trigo por hectárea para cubrir los costos, incluido el alquiler. Este rendimiento se encuentra 22 por ciento por encima de lo que se produce en esa zona.

En el segundo escenario, se deben producir 3100 kilos por hectárea para cubrir los costos, 9 por ciento más que lo que el cultivo rinde normalmente.

En síntesis: las distintas situaciones que se plantean para la producción de trigo no generan resultados alentadores para los agricultores, lo que explica la importante reducción esperada de la siembra en 2015. Esto también repercute negativamente sobre quienes han hecho fuertes inversiones en el NOA, tendientes a satisfacer las demandas de harina y fideos de la región, y exportar a países vecinos.

Para recuperar la competitividad de la actividad triguera, se requieren cambios que exceden a las variables macroeconómicas, siendo imprescindibles medidas puntuales sobre la actividad, como la eliminación de los derechos de exportación y los permisos de embarque.

Si se modifican sustancialmente esas variables que condicionan el negocio triguero, se generaría la posibilidad de recuperar la posición histórica que nuestro país ocupó durante muchas décadas entre los principales países productores del cereal.

Fuente: Prensa CREA

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