Graduada de la Facultad de Ingeniería diseñó galletitas para emergencias alimentarias

Que la cantidad de alimentos que se producen en el mundo alcanzan para alimentar a toda la población, que la mitad de ellos termina en desecho, que no hay que producir más, sino mejor, son proposiciones que van ganando terreno cuando se habla de producción alimentaria. Organizaciones humanitarias, voluntarios e incluso jornadas de alimentación como las que se realizan en la Facultad de Ingeniería, buscan que el tema se instale permanentemente no sólo en las redes sociales y los medios de comunicación, sino también como interés de la sociedad, para exigir respuestas frente a la desnutrición, la malnutrición y el hambre.

¿Pero qué pasa cuándo se debe alimentar a poblaciones que quedan devastadas y aisladas por situaciones límites como catástrofes naturales o guerras? Si bien hay regiones preparadas para este tipo de situaciones a través de redes comunitarias y almacenamiento subterráneo de alimentos, en zonas empobrecidas de países no desarrollados, los recursos escasean. En su tesis para recibirse de la carrera de Licenciatura en Tecnología de los Alimentos de la FIO, Alejandra Paola Flores, hizo un trabajo de investigación donde expone cómo se llega a diseñar un alimento con los nutrientes necesarios, fácil de trasladar y consumir.

"Las organizaciones de ayuda humanitaria son quienes asisten a las poblaciones afectadas, con la distribución de alimentos, atención médica y la instalación de campamentos para refugiarlos", detalló Flores. "En los primeros días posteriores a una catástrofe, por lo general se necesita de alimentos listos para su consumo, almacenados en envases de fácil apertura y que cuenten con los nutrientes necesarios en caso de tratarse del único alimento que ingerirán en el día. A medida que se instalan y equipan los campamentos, los alimentos pueden ser preparados en el lugar y suelen estar conformados por harinas, aceites y legumbres, bajo la forma de papillas o sopas", explicó la profesional, que centró su trabajo en un servicio brindado a un cliente del Centro de Cereales y Oleaginosas del INTI, donde trabaja como profesional en Investigación y Desarrollo.

Una carrera hacia la calidad alimentaria

Alejandra Flores comenzó sus estudios en el Instituto Superior Experimental de Tecnología Alimentaria (ISETA) de la ciudad de 9 de Julio, donde reside actualmente. Gracias a un convenio la Facultad de Ingeniería de la UNICEN sostiene el instituto, luego de obtener el título de técnica en Tecnología de los Alimentos, la joven continuó su carrera en la FIO y se recibió de licenciada universitaria. Se desempeña como analista de alimentos, asesora de empresas alimentarias, dicta cursos a distancia para Latinoamérica y también realiza ensayos de evaluación sensorial para testear alimentos en función a las necesidades de las empresas que contratan el servicio.

Esto último le sirvió para realizar su tesis denominada "Formulación de un alimento destinado a programas de emergencia alimentaria", donde expone aquellos prototipos de alimentos que no fueron transferidos al cliente, pero que formaron parte del trabajo de investigación hasta obtener los alimentos que cubrieron sus expectativas. "En la elaboración del alimento se tuvieron en cuenta varios criterios, entre ellos, cómo intervienen distintas organizaciones de ayuda humanitaria tales como Médicos sin Fronteras, ONU, y otras ONG luego del desastre, cuáles fueron las regiones más afectadas por catástrofes en los últimos 20 años, qué características presentan las poblaciones en cuanto a rango de edad y género, grado de desnutrición previa al siniestro, presencia o no de agua potable en el lugar afectado y cómo se distribuye, y cuáles son las enfermedades más frecuentes debido al hacinamiento en los centros de ayuda o de refugiados", detalló la especialista.

Además de responder a demandas nutricionales en situaciones de emergencia, había otra especificación requerida para que el desarrollo fuera rentable. En este sentido, se debía elaborar un alimento que, en caso de no ser requerido en ayudas humanitarias pudiera ser distribuido en el país dentro de los programas sociales-nutricionales que impulsan los estados nacionales y provinciales. "Esto significó tener en cuenta también el requerimiento nutricional de cada sector de la población para lograr satisfacer la demanda energética y nutritiva de niños, adultos, ancianos e inmunocomprometidos", sostuvo Flores.

Superalimento

El desarrollo y análisis para llegar al producto deseado tiene variadas exigencias que se debieron tener en cuenta. Alejandra Flores explicó que tenía que poder consumirse fácilmente, sin necesidad de utilizar platos o cubiertos, por lo que se diseñó una galletita. Esta tenía que ser hipercalórica, o sea, aportar muchas calorías por porción, y sin necesidad de preparación o cocción. También se trabajó el hecho de que resistan el transporte ya que, cual escena de película, en muchas situaciones se utilizan aviones para la entrega de los alimentos mediante el uso de paracaídas.

La composición del alimento es, obviamente, un factor central y para esto se analizaron productos similares de Estados Unidos o Alemania que fueron adquiridos a través de Internet. "Fueron testeados por un panel de evaluadores sensoriales y se analizó su composición de ingredientes leyendo la etiqueta de los envases. Así se detectó que todos contenían harina de trigo y varios presentaban maní. Entonces se decidió considerar también en nuestro desarrollo nacional, que el producto sea apto para celíacos o intolerantes al gluten y que no contenga maní ya que hay un elevado porcentaje de la población que es intolerante al maní", explicó la especialista.

El trabajo de investigación significó así, una cruzada de variables sociopolíticas y económicas, atado a escenarios desoladores cada vez más corrientes. El recorrido, que aborda la elaboración de un alimento, invita también a reflexionar la necesidad de un desarrollo científico y tecnológico con objetivos humanitarios.

Fuente: Prensa Facultad de ingeniería

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