El desafío de alimentar al mundo sin destruir el planeta

Se realizó la 5ª Jornada de Alimentación en la Facultad de Ingeniería, con la presencia de especialistas en gestión alimentaria, nutrición, productores, investigadores, profesionales de la salud, y otros expertos que aportaron una visión global del tema.

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Morir de hambre donde hay abundancia de alimentos es un escándalo. Un crimen. En un mundo más cercano, moderno, inclusivo, todavía no hay lugar para los hambrientos. La ética debe estar a dieta con estas urgencias, porque hace mucho que no se resuelve y el panorama no es alentador.

Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en la actualidad hay unos 805 millones de desnutridos en el mundo. Unas 25 mil personas mueren cada día a causa del hambre. La organización culpa a la pobreza, los conflictos y los desplazamientos forzados, y también a los rápidos niveles de crecimiento poblacional. Aun así, cómo se distribuye lo que hay sigue siendo una inmensa deuda.

Sobre estos temas y acciones para enfrentar el problema se debatió días pasados durante la 5ª Jornada de Alimentación realizada en la Facultad de Ingeniería de la UNICEN, con la presencia de especialistas en gestión alimentaria, nutrición, productores, investigadores, profesionales de la salud, y otros expertos que aportaron una visión global del tema.

Fue en coincidencia con el Día Mundial de la Alimentación, que cada 16 de octubre la FAO impulsa en todo el mundo. Este año el lema fue “Alimentar al mundo, cuidar el planeta”, con el eje puesto en la promoción de la agricultura familiar y los pequeños agricultores para la erradicación del hambre y la pobreza.

En la apertura, el decano de Ingeniería Marcelo Spina señaló que “el planeta se sostiene en los desequilibrios del consumo, de la alimentación, y básicamente del uso de la energía. Si se siguen incorporando consumidores con los estándares de los países desarrollados seguramente este planeta no va a poder ser sostenible, entonces hay que buscar acuerdos para que lo sea”, subrayó. En el ámbito de la alimentación, “es fundamental el rol de la Universidad, desde la investigación, la innovación, la transferencia, y la generación de conocimiento, así como la formación de recursos humanos capacitados”, agregó.



A su turno, la directora del Departamento de Ingeniería Química y organizadora de la Jornada, Isabel Riccobene, admitió que “si bien el problema es muy amplio para resolver en el corto plazo, queremos generar conciencia, debatir, y aportar cambios de conductas, en los hábitos de vida, que seamos parte de la solución”.

Agricultura familiar

La primera conferencia estuvo centrada en el tema oficial, acerca del “Rescate de la agricultura familiar como fuente genuina de alimentos sanos y como alternativa para el cuidado del ambiente”, a cargo de la doctora ingeniera Graciela Bilello, de la Facultad de Agronomía de la UNICEN.

Bilello rescató la innovación en la agricultura familiar como clave para la seguridad alimentaria mundial. Este tipo de explotación produce alrededor del 80 por ciento de los alimentos del planeta, por eso es vital para la erradicación del hambre.

Y repasó el choque de modelos entre la producción industrial y la familiar. La explotación industrial produce grandes volúmenes de mercancías que básicamente se exportan y generan muchas divisas. Sin embargo tiene consecuencias sociales como la producción concentrada, la expulsión de productores, el despoblamiento rural, el monocultivo. Y también secuelas ambientales, por el uso de agroquímicos, la contaminación de los suelos, la pérdida de biodiversidad.

Por eso la doctora hizo hincapié en la necesidad de desarrollar la agricultura familiar, como perspectiva de lucha contra la pobreza, la búsqueda de la seguridad y soberanía alimentarias, en un medio rural vivo, basado en el respeto al medio ambiente. Este modelo tiene un bajo consumo de energías no renovables, métodos de cultivo más orgánicos, el uso de semillas más naturales, con policultivos y diversidad de especies. “La agricultura familiar tiene mayor valor agregado por superficie”, indicó.

En este sentido, “todos tenemos un rol”, sostuvo Bilello. “No necesariamente tenemos que ser todos productores, pero sí somos todos consumidores. Y como tales debemos saber de dónde viene los alimentos, su grado de inocuidad, involucrarnos en la calidad de lo que consumimos”, puntualizó.

En términos generales, este modelo requiere políticas que tengan en cuenta la diversidad de la agricultura familiar en términos de tamaño, tecnologías usadas e integración de los mercados, con apoyo a la innovación como sistema integral de explotación. La doctora destacó que recientemente desde el estado se le otorgó rango de secretaría a la agricultura familiar, es más visible su influencia e impactos, y que ya hay varias iniciativas concretas en la zona como una feria franca aprobada por el municipio de Azul.

Con todo, la especialista insistió en “volver a las fuentes”, “rescatar la agricultura familiar” como una forma de acercar el productor al consumidor, tener una economía social y solidaria, un modelo productivo agroecológico, demandando calidad de los productos.

Mejores alimentos

Estudiantes y graduados de la Licenciatura en Tecnología de los Alimentos expusieron luego una serie de investigaciones sobre mejores procesos y nuevos productos. Mariana Laborde expuso su trabajo sobre obtención de pasa de uva de bajo contenido calórico, Estefanía Lamique una evaluación sobre aceites esenciales de orégano como aditivo alimentario, y Gisele Portela una investigación sobre el alpiste como grano para el consumo humano.

Luego, el tema fue el rol del consumidor en la elección de los alimentos, a cargo de la doctora Mercedes López Osornio, integrante de Departamento de Evaluación Sensorial de Alimentos (DESA) del Instituto Superior Experimental de Tecnología Alimentaria (ISETA) de la ciudad de 9 de Julio. López abordó asuntos de estrategias de publicidad y marketing en torno a la aceptabilidad sensorial de los productos, y cómo influyen en la compra y las preferencias. Este escenario plantea nuevos desafíos a la agricultura familiar para orientar esfuerzos que logren mayor aceptabilidad del consumidor.

Otro de los temas destacados abordó la calidad del agua de consumo en Olavarría, Azul y Tandil, con perspectivas y advertencias para el aprovechamiento sustentable del recurso. Fue una mesa de debate integrada por el licenciado Oscar Díaz, de la Facultad de Ingeniería; la médica Cristina Villalobo de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNICEN; la doctora Natalia Othax, del Instituto de Hidrología de Llanuras (IHLLA), de Azul.

A continuación, María Inés Palacio presentó un trabajo sobre la actividad prebiótica de galactooligosacáridos de semillas de lupino, ganador de una publicación en la revista institucional “3.14”, de la Facultad de Ingeniería.

También expusieron sus investigaciones Leonardo Ferro, sobre aceite de la semilla de cardo como fuente dietaria del ácido graso linoleico; Yamila Belén Zuasnabar, con un análisis de aguas envasadas en la ciudad de Tandil; y Ramiro Julián Sánchez, sobre . mozzarella de búfala.

Antes del final, el ingeniero Carlos Blanco Fernández, docente de la Facultad olavarriense, compartió sus experiencias como navegante solitario, a partir de la planificación del emprendimiento que le permitió realizar varias aventuras en un velero a través del Atlántico. “Soltando amarras” es una enseñanza sobre los aspectos fundamentales de la planificación y ejecución operacional de negocios, que puede trasladarse a cualquier emprendimiento.

Con todo, según planteó Isabel Riccobene, la Jornada sirvió como un ámbito de debate que busca fortalecer el modelo agroalimentario y el agroindustrial, con recursos humanos que tengan una visión más amplia de la situación, para encontrar mejores mercados, con innovación y desarrollo, con nuevos productos, siempre en un entorno sustentable.


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