Cacho Campagnale, el guardián de los tres palos

Ramón "Cacho" Campagnale, es uno de los emblemas deportivos e institucionales del Club Atlético Estudiantes. Fue arquero del equipo de primera división de fútbol durante décadas, fundó junto a un grupo de padres el hockey albinegro y hoy, con 71 años, juega al tenis, nada y va al gimnasio de pesas. En lo particular se desempeña como odontólogo.


Es azuleño pero está radicado en Olavarría. Mientras estudiaba la carrera de odontología en La Plata debutó como arquero en el Club Gimnasia y Esgrima, fue suplente del "loco" Gatti y también estuvo dos años en Tigre hasta que en 1971 comenzó a defender los tres palos en el Parque Carlos Guerrero.


Cuando jugaba en Sexta División, el Lobo compró su pase, jugó más de 7 años en el Bosque. Tardó solo un año en dar el salto y pasar de Sexta a Reserva y de Reserva a Primera. En el '70 tuvo su primera visita a nuestra ciudad, con Gimnasia vino a jugar un partido amistoso frente a la Selección de Olavarría en la cancha de Estudiantes, entró al campo los 45' complementarios por el destacado guardametas Hugo Gatti y le atajo un penal al conocido Luis María Más.



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Ese partido marcó un antes y después en su vida. "Luego del juego hubo un lunch, se acercaron tres personas y tuvimos un diálogo ameno, quedamos que el próximo año nos reuniríamos para hablar de algo concreto. En el '71, el primer día de entrenamiento en Estancia Chica, aparecieron estos personajes bataraces, yo no sabía de qué se trataba, hasta que me dijeron que venían de Estudiantes de Olavarría".


Durante dos años, Cacho entrenaba con el Lobo y los domingos jugaba para el Bata, hasta que el Dr. Carlos V. Portarrieu, presidente de Estudiantes en ese momento, lo convenció para que se instalara en Olavarría. "Desde ese momento el Club es mi casa, yo soy bataraz al igual que toda mi familia".


O estoy en el consultorio o estoy en mi casa o estoy en el club, es sencillo. Son mis tres lugares en este mundo.


En esa época, el arquero se dedicaba a atajar, pocos eran los habilidosos que se animaban a hacer jueguitos y sacar con los pies, "los jugadores me gastaban y me decían que tenía una zurda mágica", afirmó. Fue capitán por muchos años y también jugó en Sierra Chica, San Martín, Loma Negra y la Selección de Olavarría.


En 1988, junto a su mujer y otras personas, comenzó a incursionar, desde el lado administrativo, en el hockey. Con mucho esfuerzo y trabajo colocaron la primera cancha de la zona y desde allí Estudiantes está inmerso en el mundo de esta disciplina. A Cacho le tocó ser el representante en Comisión Directiva y Federación.


"Uno de los veranos acompañé a los varones a un Seven; eran pocos, los justos para un partido, cuando se estaban vistiendo se dieron cuenta que no tenían arquero. Yo no sabía que hacer, me quería esconder. Pero terminé atajando, sin saber siquiera el reglamento, yo soy arquero de fútbol. Me cobraron varios penales y no entendía por qué, hasta que el DT se acercó al árbitro y le contó la situación. Perdimos como por 10 goles", cuenta el número uno entre risas.


Luego de abandonar el fútbol comenzó a jugar al tenis, tiene varios torneos en su haber, de dobles y singles. Es uno de sus pasatiempos, también concurre a la pileta cubierta tres veces por semana y va al gimnasio de pesas. "O estoy en el consultorio o estoy en mi casa o estoy en el club, es sencillo. Son mis tres lugares en este mundo", relató.


Tiene tres hijos, Romina, Ramiro y Rodrigo integrante de la Comisión Directiva actual y varios nietos, los varones son todos jugadores de fútbol en Estudiantes, Guido es arquero en Novena, Roco delantero en Décima, Tomás es jugador de la Escuelita y Bautista de dos años futuro futbolista; también están Pilar, Mora, Lola y Lisa.


"El Club Estudiantes es mi Club, es donde yo me encontré, me siento protegido y querido. A pesar de haber jugado en varias instituciones yo me siento bataraz, yo soy bataraz sin dudas. Es mi vida, la de mis hijos y la de mis nietos", cerró Cacho, uno de los mejores arqueros de nuestra ciudad que lleva consigo los colores blanco y negro.



Nota: Manuela Fernández, prensa CAE.



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