“Yo entregué el cadáver de Jorge Oscar Fernández”

Lo dijo el ex represor Walter José “Vikingo” Grosse, quien sorpresivamente pidió declarar sin aceptar preguntas en la tercera jornada del juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en Monte Peloni. Señaló que lo hizo cumpliendo órdenes de un superior, quien le pidió traer el cuerpo desde Gran Buenos Aires hasta Olavarría para ser entregado a su familia. Las declaraciones continuarán el próximo lunes.

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En la tarde de este miércoles y de forma inesperada, Walter José “Vikingo” Grosse pidió ampliar su indagatoria y declaró sin aceptar preguntas en la tercera jornada del juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en Monte Peloni. “Yo entregué el cadáver de Jorge Oscar Fernández”, dijo el imputado y agregó que lo hizo cumpliendo órdenes.

La declaración de Grosse ocurrió luego del testimonio de María del Carmen Fernández, hermana de Jorge y Osvaldo, quien en su relato lo menciona como una de las personas que ingresa en el domicilio de su madre cuando en la primavera del 77 secuestran libros y revistas del jardín de los Fernández.

Luego del cuarto intermedio, la ronda de testigos de la tercera jornada continuó con las declaraciones de la familia Fernández. Primero lo hizo Leticia Graciela, quien detalló cómo fue el secuestro de su hermano Jorge, “Oscarcito” como lo llamó ella en todo su relato. Dijo que en la madrugada del 16 de septiembre de 1977 “un montón de gente” ingresó en el domicilio, los hicieron tirar al suelo y “todo el tiempo nos preguntaban como nos llamábamos”. Señaló además que el 2 de noviembre escucharon por la radio la noticia de la muerte de Jorge y la detención de “Cacho”. Contó que días después se reunió con Verdura en el domicilio particular del Coronel y que éste le dijo que “tenía que comprar un cajón para mi hermano”.



Gerardo Vivas, esposo de Leticia, testimonió después y también se refirió a la noche del secuestro, ya que él vivía por ese entonces en la casa de familia de los Fernández. Agregó que escuchó “los gritos de dolor de mi cuñado, calculo que le estarían pegando”, y además señaló que “los soldados le decían Coronel a uno de ellos, que se notaba que era el jefe”.

Indicó que al mediodía del domingo posterior a la detención de Jorge, nuevamente ingresaron en la vivienda un grupo de “soldados con palas y armas para revolver el patio, porque supuestamente había armas escondidas, pero se llevaron libros”.

Seguidamente fue el turno de Marisa Belingeri de Bosolasco, que por entonces era novia de Osvaldo “Cacho” Fernández y se encontraba en casa de sus abuelos junto con él cuando lo secuestraron. Detalló el ingreso de “tipos encapuchados” con linternas y con armas “nos apuntaron a mi abuela, mi hermano y a mi y se lo llevaron a Cacho”. Manifestó que su abuelo dormía en una habitación “de adelante” y que por las hendijas de la persiana “pudo ver un camión del Ejército Argentino”. Después dijo que tuvo novedades de “Cacho” en enero de 1978 cuando “apareció en la Unidad 9 de La Plata”.

María del Carmen Fernández testimonió por casi una hora. Entre angustia y lágrimas detalló y amplió todas las situaciones que habían mencionado los testigos anteriores, pero aportó otros datos e incluyó en su relato a Walter José “Vikingo” Grosse y Omar Antonio “Pájaro” Ferreyra.

Señaló que luego del secuestro de sus hermanos comenzaron a vincularse con los familiares de otros chicos que pasaron por la misma situación, “preguntamos por todos lados y no había ninguna respuesta”.



Indicó que en el allanamiento en el patio de su casa del domingo primaveral de septiembre, reconoció a un fotógrafo del regimiento y a Grosse y los recordó con “camisa manga corta y vaqueros, con armas intimidatorias”.

Luego contó que cuando toda la familia esperaba por el cuerpo de Jorge en el Cementerio Municipal, ella reconoció a Ferreyra que “subió las escaleras con anteojos oscuros y se metió en una oficina” y luego indicó que “el chico del cementerio me mostró el certificado de defunción que tenía la firma del Dr. Seambelar”.

Para finalizar su declaración, la querella le pide que realice una descripción detallada y concreta de las personas que mencionó (Ferreyra y Grosse) y si los puede reconocer y señalar que son los imputados del juicio. La mujer afirma que son ellos, los describe y agrega que su hermano Hugo estaba con Jorge en la misma habitación cuando lo secuestraron y que él indica que el secuestrador fue Ferreyra; y además señaló que en el allanamiento del domingo 21 de septiembre en la casa de su madre estaba Grosse.

Sorpresivamente, Walter Grosse pidió ampliar su indagatoria sin recibir preguntas. Dijo “yo entregué el cadáver de Jorge Oscar Fernández” y que lo hizo porque cumplió una orden de un superior que le indicó que pase a retirar el cuerpo por la morgue de Banfield y lo entregue en Olavarría.

En seguida declaró Mario Fernández, quien no estaba en el hogar en el momento del secuestro, pero recordó las horas posteriores y su breve encuentro con Verdura en el Regimiento el día que se enteraron de la muerte de Jorge por la radio.

Con los testimonio de la familia Fernández finalizado, fue el turno de Juan Pablo Villeres, quien relató con precisión el momento del secuestro de sus padres aún desaparecidos, y vivenció la crianza sin sus padres y con sus abuelos en la búsqueda.

La última testigo de la jornada fue Pura Leopolda Puente de Villeres, quien se ubicó en el estrado con el pañuelo de Madres de Plaza de Mayo. El abogado defensor pidió que se lo quite, pero el Tribunal no dio lugar al pedido, y reconoció que el pañuelo no es un símbolo partidario, sino de lucha.

Con 11 declaraciones culmino la tercera jornada del juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en Monte Peloni, y se retomará el próximo lunes.



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